Este pasado fin de semana Noruega celebraba su jornada más importante del año, su Día Nacional, dado que la Constitución del país fue firmada en Eidsvoll un 17 de mayo, en 1814, evitando ser parte de Suecia tras las guerras napoleónicas y configurándose como estado independiente. Y algo de ese espíritu es el que han intentado revalidar desde la familia real, si bien las pruebas dejaban patente que todavía no conseguirán del todo el fervor popular hasta que no den una muestra total de unidad.Y eso que el príncipe Haakon y su esposa, Mette-Marit, cumplieron con el protocolo tradicional, apareciendo en primer lugar en su residencia, en Skaugum, y, más tarde, en el balcón del Palacio Real de Oslo, junto a los reyes, Harald V y Sonia de Noruega. Pero la tensión es evidente de puertas para afuera, dado que el pueblo escandinavo no puede evitar traducir sus risas y saludos como un intento de reflejar resiliencia cuando es vox populi que la corona está atravesando una de sus etapas más difíciles, entre enfermedades, polémicas, viajes y un posible miembro entre rejas.En el primer caso, las miradas se dirigían a Mette-Marit. La princesa reaparecía a pesar del evidente empeoramiento de su estado de salud, con mucha más debilidad que antaño y aguantando todo el trajín de la jornada con una cánula nasal que le proporcionaba oxígeno suplementario, un aparato que ya se ha convertido en parte de su día a día debido a la fibrosis pulmonar que le diagnosticada hace años.La heredera hubo de descansar de manera regular, así como vivió varios episodios de tos durante el acto que dejaban entrever la fragilidad e esta nueva etapa de su vida, que está siendo especialmente dura si se tiene en cuenta que el pueblo, aun sintiendo lástima por su situación, no le ha perdonado todavía su relación con el magnate y pederasta Jeffrey Epstein ni los correos que se intercambiaron. A su lado, tanto su esposo Haakon como su hijo menor, el príncipe Sverre Magnus, mantenían la compostura y la ayudaban en lo que podían, pero se notaba que faltaba la gran esperanza de la monarquía para conectar con las nuevas generaciones.Y es que la ausencia de la princesa Ingrid Alexandra ha sido un golpe muy duro, si bien no podía ausentarse de Sídney debido a sus estudios, por lo que ha pasado por primera vez, a sus 22 años, la festividad tan lejos de los suyos, a más de 15.000 kilómetros de ellos, aunque dando ya la imagen real de ser la mejor representante institucional de su apellido incluso lejos de palacio. Ingrid Alexandra está estos días terminando su primer curso en la Universidad de Sídney, donde se ha decantado para formarse en la carrera de Ciencias Sociales.Aunque su ausencia rompiese una tradición importante para los noruegos —la familia real al completo en el balcón—, la princesa ha querido celebrar la fecha con la comunidad noruega en Australia, en un encuentro impulsado en la ciudad que reside por la Cámara de Comercio Noruego-Australiana, la Iglesia de los Marineros y ANSA, la asociación de estudiantes noruegos en el extranjero. Vestida con el bunad, el traje tradicional que las mujeres noruegas reservan para las grandes ocasiones, Ingrid mostró sus dotes como embajadora del país que un día reinará: "Hoy siento una punzada de tristeza. [...] Es maravilloso tener un día en el que todos podemos vestirnos de gala, participar en procesiones y celebrar nuestra Constitución".El caso MariusHabía otra ausencia, igual de notable, aunque no sea un miembro como tal de la familia real: la de Marius Borg Høiby. Aunque en años anteriores sí acudía a los saludos desde Skaugum, lleva desde febrero en prisión preventiva, a la espera de un veredicto final. De hecho, por la tarde, tras los actos institucionales, el príncipe Haakon y el príncipe Sverre Magnus se trasladaron hasta la cárcel de Oslo para hacerle compañía y mantener un encuentro privado con él. Curiosamente, y como es obvio por su estado de salud, la madre del joven, Mette-Marit, no pudo sumarse a este vis a vis con su hijo debido al extremo cansancio que sufría después de todos los esfuerzos de ese día.Aun así, se sabe que tanto ella como su esposo han acudido en repetidas ocasiones, a veces con más tiempo que otras, a ver a Marius durante su encierro, así como su hermano Sverre ha sido uno de sus más fieles apoyos en todo el proceso, si bien ante la prensa toda la familia real sigue afirmando que respetarán la decisión que tome la justicia dada la gravedad de los hechos de los que se acusa al joven, que además de los meses que lleva en aislamiento se enfrenta a la petición fiscal de más de siete años entre rejas. Y, además, acababa de vivir su último varapalo judicial, dado que ya han sido rechazadas por el tribuenal todas las apelaciones del equipo legal de Marius para que esperase el juicio en libertad condicional con una pulsera electrónica.
La nueva realidad de la familia real noruega: separada pero queriendo demostrar unidad
El Día Nacional de Noruega fue un buen termómetro para conocer cómo quieren afrontar su nuevo presente el príncipe Haakon y su familia.










