Las movilizaciones de docentes tienen en el incremento poblacional de los últimos veinte años el denominador común: 1,2 millones en Catalunya (+16%), 830.000 (+18%) en el País Valencià. Un crecimiento sin apenas previsión administrativa para aumentar servicios, sanidad, infraestructuras, vivienda, educación, y con el agravante de la crisis financiera (2007-2012) que frustró los pocos proyectos planificados para centrarse en lo inmediato.En Catalunya, el incremento de 400 euros mensuales para los docentes que piden algunos sindicatos les hará más llevadera su labor (un tiempo), pero no mejorará la educación de nuestros hijos. Es el sistema el que precisa toda la inversión económica posible, además de clarificación curricular y de funciones, para que los maestros puedan llevar mejor las problemáticas en las aulas y ejercer su función: enseñar.Conectando mejor el país sería más fácil acomodar a los nuevos catalanesDurante el procés , el sector educativo estuvo, en general, comprometido con los objetivos independentistas. Aunque las competencias en educación son de la Generalitat, el horizonte de un país “de nuevo cuño”, con control sobre su hacienda y política lingüística, jugó un papel aglutinador importante para el colectivo. La frustración postprocés ha legado, también para los docentes, una perspectiva cruda: un sistema de financiación autonómico agotado y sin perspectiva de mejora que no puede hacer frente a la población que les desborda (las famosas ratios).Así las cosas, Catalunya hoy no puede más que remendar su vestido porque no tiene para uno nuevo. La Generalitat, sin embargo, debe evitar errores pasados y anticiparse al futuro. Los nuevos presupuestos (PSC, ERC, Comuns) permitirán ahora un desahogo. No son el vestido nuevo que no podemos tener, pero otean el horizonte planificando, por ejemplo, la línea de tren orbital, que lleva una demora de veinte años. Prever la mejora de las comunicaciones repercutirá también en los futuros docentes.El tren de Rodalies avanza entre los campos en flor de Osona en primavera.Carme Molist VidalIncidir en la redistribución de la población de las coronas metropolitanas hacia el interior aliviaría zonas en que la escuela está muy tensionada. Una red ferroviaria interconectada que permitiera desplazarse al trabajo o crear empleo donde no lo hay y reflotar comarcas (sobre todo las que siguen el eje transversal) que son granero de la ultraderecha cohesionaría mejor a la sociedad catalana.Un siglo atrás, el intelectual Gabriel Alomar planteó la idea de la Catalunya-ciudad, que tiene una doble lectura. Para el catalanista republicano, ciudad significa ciudadanía. Su apuesta no pasaba tan solo por la descentralización del país, sino que vinculaba igualdad, poder y territorio con derechos y servicios. Lo explica muy bien el historiador Roc Solà en El moment Alomar i el procés nacionalitzador (1901-1931) (Afers, 2026). Alomar defendía que no se debía integrar a los recién llegados a un catalanismo ya definido, sino construir una nueva realidad compartida por todos. Conectando mejor el país sería más fácil acomodar a los nuevos catalanes y relajar la función docente.