La tecnología no es neutral. Aunque las antenas, los cables o las ondas sean inertes y carezcan de conciencia o moralidad, sus propietarios no solo tienen sesgos, sino que los pueden aplicar a discreción. Dos ejemplos: Instagram, propiedad de Meta, dirigida por Mark Zuckerberg, recibe acusaciones de censurar contenidos LGTBIQ+, mientras que X, en manos de Elon Musk, fomenta sin pudor los discursos de odio. Ahora, en Estados Unidos, una compañía de telefonía móvil ha dado un paso más: censurar en origen, “a nivel red”, lo que describen como “contenido dañino” para que nunca puedan llegar al teléfono móvil. Es decir, que la propia operadora controla qué puede aparecer en tu dispositivo. Así, buscan crear un espacio “libre de pornografía, libre de contenido LGTB, libre de trans”, en palabras del impulsor de Radiant Mobile, Paul Fisher, que en su “escudo” pone al mismo nivel la defensa de los derechos LGTBIQ+ con el porno, el satanismo o el terrorismo.[Este texto es una entrega del boletín semanal LGTBIQ+ de EL PAÍS, Queerletter. Para recibir la newsletter, te puedes apuntar aquí.]“Somos el primer operador móvil cristiano, el primero que protege a tu familia a nivel de red, antes de que el contenido dañino llegue a tu dispositivo”, se promocionan. Una narrativa que también aplica Vladímir Putin para controlar o apagar internet, al igual que el régimen de Irán o el de Corea del Norte.Para conseguir sus objetivos de ser “Jesús céntricos”, Radiant opera con la estructura de la alemana T-Mobile, mientras que la empresa israelí de ciberseguridad Allot se encarga del bloqueo del contenido. Algunas categorías están prohibidas por defecto para todos los usuarios, sean o no mayores de edad; otras pueden activarse o desactivarse. En cualquier caso, la compañía lo sabría. Por supuesto, parte de su narrativa dice basarse en una supuesta protección de los menores ante contenido tan dañino como un beso entre dos chicas o una boda entre dos chicos. A la vez que cercena imágenes de tatuajes o piercings, Radiant ofrece “contenido original de carácter cristiano”, bien de influencers del ramo, bien tirando de inteligencia artificial para narrar historias bíblicas, ahondar en la vida de santos, así como mostrar supuestos testimonios de milagros, además de una sección de juegos basados en La Biblia. Todo por 30 dólares al mes (unos 25,9 euros). La compañía afirma que donará parte de sus ganancias a la iglesia y, aunque acaba de estrenarse en EE UU, ya plantea expandirse a países como México y Corea del Sur.“La tecnología que mantiene internet funcionando no es neutral, y la que encontramos o instalamos en nuestros teléfonos móviles tampoco”, avisaba sobre estos peligros la escritora y periodista Marta Peirano en el interesantísimo libro El enemigo conoce el sistema (Debate). “En la última década, todas han evolucionado de una manera premeditada, con un objetivo muy específico: mantenerte pegado a la pantalla durante el mayor tiempo posible”, continuaba. Además, Peirano considera un problema que un puñado de empresas privadas, con intereses propios, controlen este sector.Al convertirse en ubicuas y absolutas, estas tecnologías también adquieren el poder de dar forma a la realidad. La extrema derecha global crece abrazando esta premisa de germinar odio, lgtbifobia, racismo, ira, enfrentamiento. La alianza estratégica del Gobierno de Donald Trump en Estados Unidos con muchas de estas empresas tecnológicas lo evidencia.En EE UU lleva tiempo operando esa censura, que empezó con el veto de libros, con especial énfasis en los que tratan la diversidad. Exacerbada tras el primer mandato de Trump, esos vetos dieron el salto a las plataformas digitales ―que, paradójicamente, se venden como espacios libres, en los que se puede decir lo que uno quiera― y ahora, con este operador, avanza un paso más, hacia lo estructural. “Si no te sometes a Trump, sus tecnológicas te cortan las piernas”, explicaba el pensador Cory Doctorow en una entrevista en EL PAÍS. Este también ha analizado el poder controlador de la tecnología en sus libros, tanto en el terreno de la ficción (Radicalizado) como en el del ensayo (Mierdificación, ambos editados por Capitán Swing en España y muy recomendables también).Doctorow describe ese fenómeno de mierdificación fomentado por las grandes tecnológicas, y en el que incluye el auge del machismo, la conspiranoia, la vigilancia o la manipulación, como una estrategia: “Primero, atraen a los usuarios a sus plataformas. Luego, a las empresas que podrían beneficiarse de este público, y, al final, exprimen a ambos para su propio beneficio”.La finalidad de silenciar la realidad LGTBIQ+ es conseguir un borrado de referentes no solo para las personas del colectivo, que ven intensificada la sensación de soledad y vulnerabilidad, sino para la sociedad en general. Al provocar un vacío de información sobre esta realidad, es más fácil divulgar un rumor que encaje con los sesgos lgtbifóbicos preexistentes. Si a esto se unen las redes sociales y las estructuras tecnológicas contemporáneas, que favorecen la difusión rápida de estos mensajes de odio, se facilita la instauración de una sensación de pánico moral. El siguiente paso es usar esa emoción como argumento para impulsar una acción política discriminatoria.Las personas LGTBIQ+, y especialmente las trans “son un objetivo perfecto de la desinformación”, apunta Félix Martín, fiscal provincial de Barcelona especializado en víctimas vulnerables. La razón es que “reúnen tres condiciones simultáneamente: visibilidad creciente, vulnerabilidad estructural y valor simbólico en algunos debates morales que determinados grupos utilizan como palanca electoral”. Si se cercena la información LGTBIQ+, se allana el terreno de la elucubración, la mentira y la manipulación sobre esa realidad. Ese es el papel que juega Radiant Mobile, a la vez que abre una vía de comunicación directa con sus usuarios para adoctrinarles a través de contenido aparentemente cristiano, ligero y entretenido.En la Queerletter, Pablo León recoge cada martes historias LGTBIQ+ como esta. Si también quieres formar parte de la comunidad,apúntate aquí.
Besos lésbicos, no; vidas de santos, sí: el operador móvil que censura por 25,99 euros al mes
La compañía estadounidense Radiant Mobile veta lo que define como “contenido dañino”, donde incluye la realidad LGTBIQ+, el porno, el terrorismo o el satanismo









