El odio y la violencia se produce y reproduce. Lo que era visto como políticamente incorrecto o inadecuado, pasa a ser visto como posible y correcto
El 10 de mayo de este año, hace pocos días atrás, en un vuelo entre São Paulo y Frankfurt, un pasajero chileno, gerente de una empresa pesquera, fue detenido luego de emitir duros comentarios homofóbicos y racistas contra otro pasajero. Considerando la estricta legislación brasileña en términos de discriminación, este chileno podría afrontar serias consecuencias producto de sus acciones homofóbicas y racistas.
Este grave hecho, que podría parecer aislado dentro de un conjunto de acciones que día tras día se ejercen contra las personas LGBTQ+, constituye uno visible y que se denuncia. Pero, normalmente, muchos de estos actos ni se denuncian, ni se sancionan y quienes los ejercen continúan circulando en la vida social, sin recibir reprimenda o sanción alguna.
Según el último informe del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual, los casos y denuncias de discriminación y violencia contra personas LGBTQ+ en Chile aumentaron un 27,1% durante 2025, alcanzando 3.620 casos, la cifra más alta registrada en 24 años.
¿A qué se debe este incremento? Por un lado, hoy en día han mejorado los sistemas de registro de esta violencia, así como la población receptora de ella es más consciente de este tipo de hechos y está más disponible a denunciarlos. Pero, en ningún caso, ni la mejora en el registro, ni el aumento en la denuncia explican completamente este aumento sostenido.












