Bad Bunny lleva tatuados en sus muslos tres símbolos que pueden pasar por una buena definición de su personalidad: el corazón triste de la portada de su disco Un verano sin ti, el contorno geográfico de Puerto Rico y el logotipo del videojuego Pokémon Go. O de otra forma: el desaliento amoroso que tanto trata en sus letras, la reivindicación anticolonial focalizada en su patria y el juego como espacio a no perder aunque se vayan cumpliendo años. Benito Antonio Martínez Ocasio (Bayamón, Puerto Rico, 32 años) ha cambiado la música pop contemporánea y se mantiene en la cima con unas armas inéditas hasta la fecha: expresándose en castellano en una élite comercial donde siempre primó el inglés, desde un género como el hip hop o el trap (aunque ha ido evolucionando) que vivió casi siempre orillado y con una sólida carga política que cada vez resulta más difícil encontrar en un contexto tan miedoso. El puertorriqueño justo llega a España en un momento espectacular, con un reconocimiento que solo se atreve a poner en duda la testadurez de los que se aferran a la involución dentro del arte. Este viernes y mañana actúa en el Estadi Olímpic de Barcelona, y a partir del 30 de mayo ofrece diez noches en el Metropolitano de Madrid. Seiscientas mil entradas despachadas para ver el espectáculo del momento. Dentro de una escena latina reacia al riesgo, introduciendo políticas sociales progresistas, alzándose en defensa de la esencia de los territorios amenazados por la colonización económica, contraviniendo las leyes del marketing cultural y aderezándolo todo con una alegría y un optimismo a la contra de los tiempos oscuros que vivimos, la mejor forma de conocer a este músico es desde la evolución de sus discos, siete si se añade el que grabó al comienzo de su carrera junto al colombiano J Balvin. Así transcurrió su historia... El titubeante inicio que arroja indicios de su estilo: ‘X 100pre’ (2018)En 2018 y con 24 años, Bad Bunny ya pintaba bastante en la música latina: había editado una veintena de sencillos, algunos en colaboración con estrellas más ascendentes que él, como Jennifer López (Te guste), Daddy Yankee (Vuelve) o la hoy trumpista Nicki Minaj (Krippy Kush). Todo comenzó en 2016, con aquella canción que pergeñó en el cuarto de su casa después de trabajar ocho horas empaquetando en un supermercado de Vega Baja, Puerto Rico. Se llamó Diles, la colgó en la plataforma Soundcloud y así empezó su historia. Pero Benito sabía que debía dar el salto del nicho de Soundcloud a la globalidad de YouTube y Spotify. El siguiente paso sería un disco largo, el primero de su carrera, X 100pre (un juego visual que significa Por siempre), un álbum que se publicó el día de Nochebuena de 2018, en una estrategia sorpresiva que el puertorriqueño ha cultivado en casi toda su trayectoria. Con la perspectiva del tiempo, este debut se puede considerar como un titubeante primer paso de la grandeza que conseguiría con futuros lanzamientos. Pero ya existen indicios de su estilo. Aunque aún perviven servidumbres a lo más básico del género urbano (“a 200 millas en un jet ski, eh. / Si tú quieres, te lo meto aquí”, canta sin mucha finura en 200 MPH), X 100pre apunta iniciativas que luego conformarían como marca personal. Una de ellas es la variedad. Predominan los bajos traperos, pero Bunny toca otros palos, como los ritmos jamaicanos, el pop, el reguetón (pero no mucho) e incluso el rock, con una guitarra racarraca en Tenemos que hablar que, dicho sea de paso, no le sabe sacar partido. En La Romana introduce un ritmo de bachata que resiste la base trapera; este será otro de los logros de su firma: recurrir a ritmos tradicionales latinos. La canción estrella es Estamos bien, un tema que dedicó a las víctimas que dejó el huracán María de 2017 en Puerto Rico. “3.000 personas murieron en el huracán María y Donald Trump está en negación”, denunció en el programa de Jimmy Fallon y dio por inaugurada su enemistad con el actual presidente de Estados Unidos.Una sociedad con J Balvin, al que pronto superaría: ‘Oasis’ (2019)Unos meses antes de la pandemia, la música cantada en español amenazaba al imperialismo anglosajón. En 2017 Despacito ya supuso un hito y ahora sería la unión de los dos artistas latinos más potentes la que continuaría la misión. Cuando J Balvin (que le saca nueve años al puertorriqueño) ya era una estrella, Bad Bunny apenas disfrutaba de algún éxito en SoundCloud. En 2017 compartieron el tema Si tu novio te deja sola, en 2018 se unían los dos a la rapera neoyorquina Cardi B para el exitazo I Like It y en junio de 2019 publicaron este Oasis, sin anuncios ni promociones. Un disco breve, de ocho canciones y 31 minutos, donde crean un diálogo musical fluido rompiendo los márgenes del reguetón y el trap. Con letras de exaltación hedonista y unos vídeos donde se contonean con chicas en biquini. Bad Bunny disponía de un plan a la vuelta de la esquina para contrarrestar esta imagen machista: componer el reguetón feminista Yo perreo sola y posar en las alfombras rojas con falda y las uñas pintadas. El mismo mes de la publicación de Oasis, J Balvin actuaba en Primavera Sound 2019. Incluso fue portada de la revista Rockdelux. Parecía que el colombiano estaba destinado a ser la estrella urbana respetada por el público moderno e indie. Pero no: aquella portada de Rockdelux fue la menos vendida de su historia y el bueno de los dos, el que conquistó a todos los públicos, se llamaba Bad Bunny. Un disco voluptuoso para aliviar el encierro por la pandemia: ‘YHLQMDLG’ (2020)En julio de 2019, Bad Bunny, junto a Residente y Ricky Martin, encabezó una manifestación multitudinaria para pedir la dimisión de Ricardo Rosselló, gobernador de Puerto Rico, al que acusaban, entre otras cosas, de la mala gestión de la crisis durante el huracán María. En noviembre de ese mismo año, Bad Bunny se metió en el estudio para grabar su nuevo disco, YHLQMDLG (Yo Hago Lo Que Me Da La Gana). En febrero de 2020, el músico puertorriqueño, entonces 26 años, actuó en uno de los programas más famosos de Estados Unidos, el de Jimmy Fallon; se presentó vestido con una falda y con una camiseta donde se leía: “Mataron a Alexa, no a un hombre con falda”. Denunciaba el asesinato de un transexual en un McDonald’s de Puerto Rico. En el informe policial se describía a la víctima como “un hombre con falda”. Unos días después de su impactante actuación televisiva, el 29 de febrero, salió a la venta YHLQMDLG. Una semana más tarde, un virus clausuró el mundo. La música se vio abajo. Toda, menos la de Bad Bunny, cuyo disco recién lanzado se convirtió en un éxito mundial y no dejó de escucharse durante el encierro por la pandemia de la covid. ¿Suerte? Todos los grandes se alían con ella en algún momento. YHLQMDLG fue un álbum de fiesta, voluptuoso, para los días oscuros de la pandemia, un conjunto de canciones que funciona como celebración del reguetón de los inicios (participa, entre otros muchos, Daddy Yankee), pero con un concepto de contemporaneidad. Estamos ante un reguetón duro, que hace olvidar al suave Despacito e instaura el reinado de Bad Bunny. Es el álbum donde se incluye Yo perreo sola, el primer reguetón feminista grabado por un hombre, y donde se atreve con imágenes bisexuales, nada habituales en el género: “Tiene a todos los nenes locos y a las nenas locas, todos quieren besarle la boca” (La difícil). Las pegas vienen por algunos versos definitivamente torpes (“yo sé que a veces peleamos, pero qué rico cuando chingamos”) y por una duración exagerada (65 minutos), contumaz estrategia que mantendrá durante casi toda su discografía. YHLQMDLG debutó en el puesto número 2 de la lista de ventas de Estados Unidos, convirtiéndose en el álbum en español con la posición más alta de la historia. Un paso atrás: ‘El último tour del mundo’ (2020)La última canción de YHLQMDLG se titula <3 y dice: “Este disco está cabrón, lo hice para vosotros. / Y en nueve meses vuelvo y saco otro para retirarme tranquilo como Miguel Cotto”. Cumplió a medias: a los nueve meses, efectivamente, publicó El último tour del mundo, pero no se retiró. Por cierto, Miguel Cotto es un púgil puertorriqueño, una leyenda en el país, que dijo adiós en 2017 con una derrota, de las pocas de su carrera. Pero estamos en 2020, con la gente recluida en sus casas por la covid y la industria musical en destrucción. Todo malas noticias, menos para la música urbana, que ya venía lanzada, pero que explotó precisamente junto al virus. Existe una razón: mientras las bandas de pop necesitan juntarse, desplazarse hasta locales de ensayo, compartir ideas, a los músicos urbanos les basta con un programa de ordenador (el FL Studio, por ejemplo) para grabar discos. Desde la habitación de sus casas inundaron Spotify y YouTube. Instalado en la cima del mundo, Bad Bunny se lo reboza al mundo en la canción Hoy cobré: “Fui para los Billboard, para los Grammy, y yo no te vi. /Soy leyenda, ninguno ha subido como yo subí. / Un millón por show, diablo”. Todo irrefutable, como que estamos ante seguramente su trabajo más flojo. Benito quiere demostrar eclecticismo, pero lo concretará con más acierto en discos posteriores. Su incursión en ¿el rock? en Maldita pobreza es vulgarota, y el sonido de las guitarras en Yo visto así parece sacado de una de esas de juguete que ponen los Reyes a los niños. Trellas es posiblemente el tema más flojo de su discografía. Mucho mejor cuando se decanta por el trap o el reguetón, terrenos que domina a la perfección. Este es el disco en el que se incluye su colaboración con Rosalía, La noche de anoche, fundamental en la carrera de la española para la conquista del mercado internacional. Hablamos de una Rosalía dos años antes de Motomami. Benito tuvo buen ojo ahí. El disco que lo compensa todo: ‘Un verano sin ti’ (2022)Pasada la pandemia y con las puertas abiertas de par en par, Bad Bunny vive en fiestas, rodeado de coches y de mujeres bellas. ¿Un topicazo de la estrella del pop? Sí, pero la vida del puertorriqueño en 2022 era así. Entre sus logros, citar el hito de colocar el español como el idioma más escuchado en el pop. Antes, las estrellas latinas debían cantar también en inglés (que se lo digan a Shakira), pero ahora los estadounidenses se muestran impacientes por colaborar con él, y se prestan a chapurrear el castellano. Sin embargo, Benito no cede. En Un verano sin ti reclama voces latinas, algunas no excesivamente conocidas en esa época para el público yanki y europeo: Jhayco, Rauw Alejandro, Bomba Estéreo o el dúo Buscabulla. Publicado en mayo, estamos ante una lista de canciones perfecta para el verano, la playa, el cóctel en la mano mientras atardece. Suena mucho reguetón con letras altamente sexuales en un disco larguísimo (una hora y 20 minutos), y también deja hueco para la crítica, como el vibrante El apagón, que denuncia los cortes de luz después de que una empresa privada se hiciese con el contrato de la energía eléctrica en Puerto Rico; y lo hace primero con unas percusiones tribales y luego con un ritmo tecno. Participa la pareja del protagonista, la música Gabriela Berlingeri, que canta con orgullo: “Yo no me quiero ir de aquí, que se vayan ellos”. Los ritmos latinos (merengue, samba…) se filtran por unas composiciones que acogen también sintetizadores, en un mestizaje ya imparable en el artista puertorriqueño. Un gran disco que compensa la decepción de El último tour del mundo.Apasionante trayecto por el lado oscuro: ‘Nadie sabe lo que va a pasar mañana’ (2023)En diciembre de 2022 Benito anunció que se tomaría un descanso en 2023. Volvió a romper su promesa y ese año ejerció de cabeza de cartel de Coachella y entregó otro álbum extenso (81 minutos), Nadie sabe lo que va a pasar mañana. Abrumado por la presión de la fama, ofrece más chicha al iniciar una relación con Kendall Jenner, una de las modelos más famosas del mundo y miembro de la alborotadora familia Kardashian. El nuevo disco viene marcado por la canción inicial, Nadie sabe, 6 minutos y 19 segundos donde Benito se abre en canal, sobre una atmósfera musical dramática alejada del reguetón, para hablar de los estragos de la fama: “Pero nadie sabe, no, lo que se siente, ey. / Sentirse solo con 100.000 personas al frente”. En una letra larguísima habla incluso del incidente con un seguidor al que arrebató el móvil y lo lanzó al agua, molesto porque le estaba grabando: “Tú no eres mi fan real, por eso te tiré el celular”. Un trabajo oscuro y reflexivo sobre estar en el foco digital, sin apenas reguetón, un regreso a sus raíces traperas en lo que supone un nuevo desafío: cuando se esperaba algo ligero en la línea de Un verano sin ti lo que entrega es un álbum nada complaciente, difícil de escuchar, pero al mismo tiempo rico y fascinante. Su cima creativa: ‘Debí tirar más fotos’ (2025)Bad Bunny al rescate de la música urbana, metida en un callejón sin salida de vulgaridad, temática unidireccional y caminos trillados. Lo consigue el puertorriqueño viajando al pasado para dar un paso adelante hacia el futuro. Grabado en Puerto Rico, Debí tirar más fotos respira el sentimiento de la isla en cada canción. Pero Benito no es ingenuo: sabe que hoy el mundo necesita más que nunca sentimientos identitarios y su plegaria en favor de su tierra funciona de forma similar a lo que ocurre en muchas partes del mundo, España incluida: la pérdida de personalidad del territorio, vendido por un puñado de dólares a fondos de inversión para convertir las ciudades en caros escenarios de cartón piedra. El disco también supone un desafío político justo cuando se inicia, en enero de 2025, el segundo mandato de Donald Trump, pulso que vivió su episodio más caliente con la actuación del músico en el descanso de la Super Bowl el pasado febrero. Bunny recorre y actualiza a las músicas de su tierra, la plena, la bomba o el boogaloo creado por aquellos músicos que pasearon sus gorras con la bandera puertorriqueña por las calles del Nueva York de los sesenta y setenta del siglo pasado. Sin renunciar al reguetón de la vieja escuela, el músico consigue llegar a públicos que incluso sienten rechazo por lo urbano. Lo hace por su honesta reivindicación de lo local y por incorporar ritmos universales como la salsa, por ejemplo, en el contagioso Nuevayol, con guiños a pioneros como el recientemente fallecido Willie Colón. En la cumbre de un álbum otra vez largo (una hora) se posiciona la estremecedora Lo que pasó en Hawaii, una advertencia desde la tristeza de lo que está sucediendo en muchos lugares del mundo. Pocas veces un artista en la cima del imperio del pop masivo se atrevió con un disco tan salvajemente honrado a la hora de reclamar atención sobre el pasado y fusionarlo con el presente para determinar el camino que debe seguir toda una generación musical.