El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, mantuvo el miércoles su posición desafiante, impertérrito ante la crisis y las protestas internacionales que han desatado sus imágenes burlándose de los activistas de la Flotilla para Gaza, que aparecían en vídeos arrodillados y esposados de manera denigrante en el puerto de Ashdod. “Quien venga a nuestro territorio para apoyar al terrorismo e identificarse con Hamás, recibirá un duro golpe”, amenazó en redes sociales, después de que varios países occidentales, entre ellos España, Italia, el Reino Unido, Canadá o Alemania, condenaran el trato de Israel hacia los activistas, críticas a las que se han sumado incluso algunos dirigentes israelíes. “No pondremos la otra mejilla”, arremetió Ben Gvir. “Bienvenidos a Israel. Somos los propietarios”, gritaba el ministro entre decenas de detenidos mientras ondeaba la bandera israelí. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, intentó el miércoles distanciarse de Ben Gvir, asegurando que su actuación “no está en línea con los valores y las normas israelíes”. El titular de Exteriores, Gideon Saar, quien comparte formación política con Netanyahu (Likud), tomó el mismo camino y aseguró que Ben Gvir no es “el rostro de Israel”. Pero su conducta ante los activistas internacionales encaja con su talante y actitudes anteriores a 2022, cuando Netanyahu se aseguró continuar en el poder al crear una coalición de gobierno con partidos ultraortodoxos y de ultraderecha que convirtió en ministro a Ben Gvir, un hombre condenado ocho veces por racismo antiárabe y apoyo a organizaciones terroristas judías.Crecido en un asentamiento de colonos israelíes en Cisjordania, el actual titular de Seguridad Nacional tenía 18 años cuando el Ejército rechazó que se alistara por sus visiones extremistas. Con 19, ganó popularidad al salir en televisión con el adorno del capó del coche del entonces primer ministro, Isaac Rabin, en la mano. Rabin impulsaba en ese momento el proceso de paz de los Acuerdos de Oslo con los palestinos. “Si llegamos a este adorno, podemos llegar hasta Rabin”, dijo Ben Gvir ante las cámaras, poco tiempo antes de que un extremista judío asesinara al mandatario.En ese momento, Ben Gvir militaba en Kach, una organización israelí de extrema derecha, fundada en 1971 por el rabino Meir Kahane, que exigía la expulsión de los palestinos de Israel, de Cisjordania y de Gaza antes de que fueran mayoría demográfica. El partido era extraparlamentario y las dos formaciones en que se partió tras el asesinato de su fundador fueron declaradas terroristas en Israel. Sucedió cuando uno de los antiguos miembros del Kach, Baruch Goldstein, entró en 1994 con un arma automática en una mezquita de Hebrón, en Cisjordania, y mató a 29 personas e hirió a otras 150 mientras rezaban durante el Ramadán. Tres décadas más tarde, ya como líder de la formación Poder Judío, vista por muchos como heredera del kahanismo, y tras haber ganado notoriedad como abogado que defiende a los israelíes judíos acusados de violencia contra los palestinos, Ben Gvir concurrió a las elecciones de 2022 con las que saltó a la coalición de gobierno. Netanyahu, pendiente de varias acusaciones de corrupción, necesitaba a los ultras para mantenerse en el poder. Durante la campaña electoral que lo llevó al Gobierno, Ben Gvir prometió que defendería la pena de muerte “para los terroristas”. El Parlamento la ha aprobado en marzo contra los palestinos acusados de atacar a israelíes. Ben Gvir consiguió la cartera de Seguridad Nacional y suele exhibir públicamente un pin de una soga en la solapa de su chaqueta. Atrás quedaron las investigaciones contra él por su apoyo a organizaciones judías supremacistas; el cargo le otorgó la responsabilidad sobre la policía y el sistema penitenciario, en el que están encerrados miles de palestinos ―centenares de ellos, menores de edad―.Para los grupos de derechos humanos en Israel, las imágenes del maltrato a los activistas de la flotilla son un indicio de lo que sucede dentro de las cárceles israelíes. Adalah, la organización que se encarga de defender a los detenidos de la última flotilla, denuncia “abusos físicos y psicológicos generalizados” a los detenidos internacionales. Al menos tres de ellos han sido hospitalizados, según la entidad, y se sospecha que decenas tienen costillas rotas.“Es una muestra del grave deterioro que han sufrido los derechos y el bienestar de los detenidos bajo el liderazgo de Ben Gvir”, ha alertado también Sari Bashi, directora del Comité Público de Israel contra la Tortura, en The Guardian: “Un guardia de prisión que ve al superior de su jefe expresar orgullo por el maltrato a los detenidos extranjeros no tendrá reparos en abusar de los detenidos palestinos y ni siquiera tendrá que temer ser descubierto. Ben Gvir está diciendo que este comportamiento es bienvenido y alentado al más alto nivel”. El ministro respondió a los ataques que la milicia palestina Hamás lanzó sobre Israel en 2023 con un endurecimiento de su política. Desde entonces, ha distribuido armas entre los judíos israelíes de las ciudades mixtas, donde también residen palestinos con nacionalidad israelí. Ha entregado municiones y uniformes militares a grupos judíos que aterrorizan a los palestinos y avanzan en la limpieza étnica en los territorios ocupados, lo que hace que las víctimas desconozcan si los atacantes son soldados o colonos vestidos como tales. También ha permitido empeorar el trato a los palestinos en las cárceles, descritas por B’Tselem, una organización de derechos humanos israelí, como “una red de centros de tortura”.Tras cuatro años en la coalición de gobierno, Poder Judío buscará mantener la influencia durante las elecciones previstas para octubre en un Israel derechizado, donde crece la hostilidad hacia los palestinos israelíes ―una cuarta parte de la población―. Es el motivo que llevó a un tribunal a condenar a Ben Gvir por incitación al racismo y apoyo a organización terrorista en 2007, cuando sostuvo carteles con los mensajes: “Expulsemos al enemigo árabe” o “El rabino Kahane tenía razón, los diputados árabes son la quinta columna”.