El mensaje desde las capitales europeas es claro: quieren que la UE esté mejor preparada —y no solo con una armadura legal, también con mayor soberanía tecnológica— ante los potenciales riesgos que suponen los nuevos modelos de inteligencia artificial (IA) como Mythos de la compañía Anthropic, procedente de un Estados Unidos que no hace más que presionar a Europa para que relaje o incluso elimine las normas con las que intenta poner coto y orden a las grandes plataformas, la mayoría norteamericanas. Pese a las voces de alarma que se han elevado hasta ahora, el nivel de respuesta europea de momento se queda corto para la magnitud del desafío de un modelo que detecta con precisión los puntos flacos de los sistemas de la defensa o las infraestructuras.La sensación de urgencia para que la Unión esté mejor parapetada ante los crecientes embates de estas empresas, apoyadas por Washington, no para de crecer: solo dos semanas después de que el Banco Central Europeo (BCE) desatara las alarmas al pedir a la banca planes de contingencia ante una tecnología como la de Mythos, capaz de detectar múltiples vulnerabilidades de sus sistemas más sensibles, ahora les urge a que se preparen también para potenciales “graves perturbaciones” provocadas con la ayuda del programa estadounidense o sistemas similares a punto de salir, como dijo este miércoles el vicepresidente del Consejo de Supervisión del BCE, Frank Elderson.“Es una situación urgente (…) A nivel estructural, debemos estar preparados para hacer frente a futuros modelos cada vez más avanzados que podrían salir al mercado en un intervalo de tiempo relativamente corto”, insiste Elderson en la última newsletter del BCE, publicada este miércoles. “No podemos normalizar” este tipo de amenazas, coincidía la víspera la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera, en un foro celebrado en el Parlamento Europeo sobre soberanía tecnológica. “Necesitamos desarrollar nuestras propias capacidades. No podemos permitir que alguien intente influir sobre nuestras propias decisiones, sobre cómo funciona nuestra economía y servicios”, subrayó. Pero aunque la demanda y la urgencia son claras, la respuesta hasta ahora no parece estar a la altura: para empezar, Anthropic, al contrario que OpenAI con su nuevo modelo de ChatGPT 5.5, sigue negándose a darle acceso a Bruselas a Mythos, pese a la casi media docena de reuniones y “buenos contactos” mantenidos, reconocía esta semana un portavoz comunitario. Mientras que OpenAI ha anunciado que también dará acceso a sus últimos modelos, incluido el ChatGPT 5.5 Cyber, a empresas europeas como Deutsche Telekom, BBVA, Telefónica o la británica Sophos, por el momento, Anthropic solo ha accedido a abrir Mythos a algunas compañías estadounidenses como Apple, Amazon, Google, Microsoft, Nvidia o JP Morgan, para permitirles desarrollar soluciones de seguridad para taponar las brechas detectadas por el modelo. Y eso envía una señal muy grave, advierte la eurodiputada holandesa Kim Van Sparrentak: “Es muy preocupante que Anthropic diga que solo trabaja con socios de confianza. Para ellos, Google es un socio de confianza, pero al parecer la Comisión Europea no lo es. Anthropic siempre ha dejado muy claro que su ética se aplica únicamente a Estados Unidos”, critica la legisladora verde, una de las negociadoras de la ley de Inteligencia Artificial el pasado mandato. Las dificultades que está poniendo Mythos “demuestran una vez más que la UE hizo lo correcto al aprobar las leyes que tenemos, como la ley de Inteligencia Artificial o la Ley de Ciberresiliencia”, celebraba esta semana un portavoz comunitario.Sin embargo, esta afirmación suscita una risa nerviosa entre quienes ven con preocupación los pasos que da esa misma Comisión que saca pecho legislativo. Porque los embates a las salvaguardias europeas ante los desafíos de la IA no vienen solo desde fuera: la revolución y preocupación que supone Mythos —y los programas similares que se espera empiecen a conocerse en los próximos meses— llegan en plena ola de “simplificación” de normas que ha emprendido el Ejecutivo europeo —a instancias de los propios Estados— y que también han afectado a la pionera ley de IA. La paradoja no se le escapa a los expertos: en la misma semana en que los ministros de Economía y Finanzas lanzaban el debate sobre los riesgos de los nuevos modelos de inteligencia artificial como Mythos para su seguridad económica, los Estados miembros y el Parlamento Europeo cerraban un acuerdo para retrasar significativamente la aplicación de la prohibición de los sistemas de IA de alto riesgo, para los que las obligaciones previstas empezarán a regir solo a partir del 2 de diciembre de 2027, año y medio más tarde de lo inicialmente acordado. “Que es exactamente lo que la Administración Trump pidió en una carta a la Comisión Europea”, recuerda Van Sparrentak.“Por un lado nos felicitamos y por otro estamos como con miedo de aplicar nuestra propia normativa”, ironiza por teléfono el exeurodiputado socialista y hoy director para asuntos internacionales de la consultora Lasker Ibán García del Blanco, otro de los ponentes de la ley de IA y para quien, con la supuesta “simplificación” de la normativa ahora aprobada, Europa “se está pegando un tiro”. Además, coinciden tanto García del Blanco como Van Sparrentak y expertos como Cori Crider, directora ejecutiva del laboratorio de ideas Future of Technology Institute (FOTI), estos intentos de “apaciguamiento” de Trump no van a funcionar, como tampoco lo ha hecho, visiblemente, el acuerdo comercial de la UE con Estados Unidos que buscaba frenar la escalada arancelaria del presidente estadounidense. “El apaciguamiento no sirve como estrategia”, zanja Crider, cuyo laboratorio de ideas publicó recientemente un informe en el que alerta de que “los sistemas de defensa y seguridad de Europa dependen peligrosamente de la infraestructura en la nube de EE UU, lo que deja expuestas capacidades de seguridad críticas a la amenaza de sanciones y a un ‘interruptor de emergencia’ estadounidense”, un apagado remoto o una interrupción de los sistemas ordenados por Washington. “Hemos visto una y otra vez con esta Administración que Trump interpreta la política de apaciguamiento como una invitación a intensificar la intimidación y a aumentar las exigencias”, recordó Crider en conversación con este diario tras participar en el foro de soberanía tecnológica en Bruselas. “Lo único que te protege de verdad de estos ataques es resiliencia”, insiste la experta, quien todavía no se explica “cómo hemos permitido que un puñado de empresas dicten el rumbo del desarrollo casi sin control”. Europa, sostiene, debería haber empezado a actuar hace tiempo, pero no es aún demasiado tarde: “Tenemos que gastar el dinero público de otra manera. Debemos fijarnos como objetivo que nuestra soberanía se base en la autodeterminación. Se trata de resiliencia, no de ser una isla. Se trata de acudir a estas negociaciones en pie de igualdad. Y creo que invertir en nuestra propia infraestructura y en nuestras propias empresas, y sí, hacer cumplir la ley y poner fin a esta monopolización para que nuestras propias empresas tengan una oportunidad, es absolutamente clave si queremos volver a estar seguros”, resume. Porque por segundo año consecutivo, en su Estrategia de Seguridad Nacional, Estados Unidos ha dejado claro que su estrategia es crear un cambio de régimen en Europa, recuerda Van Sparrentak. “¿Y qué mejor manera de crear caos que hackear nuestros sistemas de transporte, nuestros bancos? EE UU es el único que tiene estas herramientas en sus manos y si la Comisión Europea no empieza a correr y a asegurarse de que compañías como Anthropic acceden a trabajar con nosotros, tendremos un verdadero problema”, advierte. Porque la alternativa, señalaba otra de las invitadas al foro parlamentario, Vera Franz, directora ejecutiva del Economic Democracy Project de la London School of Economics, no es demasiado alentadora: “Europa puede decidir ser más valiente y aprovechar la influencia y los recursos de que disponemos, o podemos seguir firmando cheques a los oligarcas tecnológicos y ver cómo nuestra democracia se va apagando poco a poco”.