Todo poema es un acto de esperanza por parte del poeta y así lo proclamó Margaret Atwood, mucho más que la autora de El cuento de la criada. La escritora canadiense, de 86 años, recibía este miércoles, de manos del Rey, el premio de poesía Joan Margarit, en un acto que se celebró en el Victoria College de la Universidad de Toronto, por cuyo campus se vio pasear a un rey y a una poeta. Dieciocho años después de recibir en Oviedo el premio Príncipe de Asturias de las Letras, Margaret Atwood volvía a encontrase con Felipe de Borbón y ambos recordaron aquel momento, mientras paseaban del brazo , antes de acceder a la sala donde se celebró la entrega del premio de Poesía Joan Margarit. Impulsado por el Instituto Cervantes, la editorial La Cama Sol y la familia del fallecido poeta catalán, en anteriores ediciones fueron premiados la poeta estadounidense Sharon Olds y el asturiano Antonio Gamoneda.Margaret Atwood, frágil de aspecto pero fuerte en sus convicciones, recibió un sonoro y prolongado aplauso después de que el Rey le entregara el galardón en forma de un libro objeto, encerrado en una urna de metacrilato. Fue el momento de desgranar un discurso de agradecimiento que la escritora canadiense tituló Poesía en tiempos duros en el que comenzó denunciando que “cuando los regímenes políticos han cambiado violentamente, los poetas han estado entre los primeros en ser silenciados, porque podían decir lo prohibido, y decirlo de forma convincente, y eso resulta amenazante para los autócratas”. Recordó, emocionada, “el triste destino” de poetas como Federico García Lorca, Pablo Neruda, Víctor Jara u Osip Mandelstam y, al mismo tiempo alertó de que “historias así continúan una y otra vez, remontándose hasta el patrón mítico de los poetas asesinados: Orfeo, el cantor mágico y despedazado de la leyenda griega.”El Rey entrega el premio Margarit a Margaret Atwood en presencia de Luis García Montero y, detrás, Mónica Margarit.JOSÉ JIMÉNEZ/CASA DEL REYNo fue un discurso optimista, aunque Atwood, al igual que hiciera Gabriel Celaya, habló de la poesía como arma cargada de esperanza y libertad. ”Necesitamos la poesía”, dijo la galardonada, “precisamente cuando parece más imposible: en las horas más oscuras, en tiempos de tumulto, incertidumbre y miedo, en tiempos de fe vacilante.”.“Todo poema”, continuó Atwood, ” es un acto de esperanza por parte del poeta, sea cual sea su contenido. Espero poder terminar este poema. Espero que sea bueno. Espero que salga al mundo y llegue a quien lo necesite. Espero que sea recibido como un regalo. Y, en tiempos sombríos, espero que represente aquello que más necesitamos entonces:Atwood se preguntó qué valor tiene la poesía en estos tiempos en los que “tras una larga etapa de relativa estabilidad, volvemos a encontrarnos en el tumulto”. Y continuó diciendo: “El reloj del fin del mundo sigue avanzando y el futuro es incierto, por decirlo suavemente”. ¿Qué llegará después? ¿Fenómenos meteorológicos extremos, terrorismo, plagas, más guerras, colapsos sociales? ¿Inestabilidad causada por la pérdida masiva de empleos debido a la inteligencia artificial? ¿Democracias socavadas y vaciadas por dentro? ¿Estados policiales con brutalidad, violencia, corrupción y nuevas formas intensas de vigilancia? ¿Levantamientos populares? ¿La guerra de todos contra todos?.Margaret Atwood pasea del brazo del Rey por el campus de la universidad de TorontoJOSÉ JIMÉNEZ/CASA DEL REYAtwood, que lamentó no haber conocido en vida a Margarit, de quien dijo sentirse unida por la edad y por haber crecido en tiempos de posguerras, agradeció la presencia en la ceremonia de la hija y el nieto del fallecido poeta catalán; de Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, y especialmente del Rey. “Es muy amable por su parte”, dijo Atwood, “venir a Canadá en este momento, un tiempo en el que los vínculos internacionales y las amistades son cada vez más importantes para quienes aún tenemos la fortuna de vivir en democracias. Al Rey le tocó cerrar la ceremonia con un elogio de la premiada a quien expresó su gratitud por “enseñar a la sociedad a leer mejor, a leer nuestro tiempo, a leer nuestras sociedades y a leernos a nosotros mismos”. Felipe VI calificó a Atwood como “una brillante novelista, intelectual comprometida, amante y profesora de la naturaleza, artista de la repostería, lectora de cartas y manos, astróloga y —por supuesto— poeta… Un alma que refleja la de todo un país. Porque solo Canadá podría haber producido una personalidad tan multifacética”. El Rey se refirió también al lúcido sentido del humor de Margaret Atwood, que ha sido testigo “de lo mejor y lo peor” insinuando “algunos peligros de futuros distópicos”, situaciones que el propio orador confió en que no lleguen a materializase. Felipe VI reconoció que para él, como para muchos lectores españoles, el primer encuentro con este inmenso país que es Canadá llegó a través de la literatura y, en particular, mediante la obra —novelas, poemas, relatos y ensayos— de Margaret Atwood.El Rey también recordó en sus palabras la figura de Joan Margarit, no solo por su condición de “gran poeta”, tanto en catalán como en castellano, galardonado con el Premio Cervantes de Literatura en 2019, sino también arquitecto y profesor. En la ceremonia participaron Mónica Margarit y su nieto Pol Lezcano, hija y nieto del fallecido poeta catalán, que leyeron algunos de sus poemas. El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, recordó la figura de Joan Margarit y explicó cómo la escritora canadiense, con su mirada y su defensa de los derechos humanos, “indaga en la intimidad de la experiencia vital y en la identidad, celebrando el compromiso político, la alegría y el activismo del corazón”.
Margaret Atwood: “Todo poema es un acto de esperanza por parte del poeta”
El Rey entrega en Toronto el premio que lleva el nombre del poeta catalán a la autora de 'El cuento de la criada'









