El 22 de mayo de 1976, un equipo de profesionales de los servicios de pediatría y hematología del hospital de Sant Pau llevó a cabo el primer trasplante de médula ósea de España. Mañana se cumplen 50 años de este hito y el hospital barcelonés ha programado diversos actos conmemorativos.Isabel Badell (Barcelona, 1951), entonces una joven residente, formó parte del equipo liderado por el hematólogo Andreu Domingo y el pediatra Josep Cubells. La paciente, Modesta Álvarez, una niña de 13 años con una leucemia aguda, recibió la médula ósea de su hermana gemela, Teresa.El procedimiento fue un éxito. La paciente se curó, pero recayó al cabo de 5 meses, su madre rechazó un segundo trasplante y falleció después de un año. “Unos años después se supo que los trasplantes de gemelos tenían más posibilidades de recaída”, lamenta Badell. En estos 50 años, Sant Pau se ha convertido en un referente. Allí se han practicado más de 4.000 trasplantes, de los cuales unos 600 pediátricos. En España, 3.619 el año pasado.¿Cómo se decide llevar adelante el trasplante?Se trataba de una niña con una leucemia muy grave, no tenía ninguna posibilidad de curarse si no le cambiábamos la médula. El doctor Cubells, que hacía lo máximo por sus pacientes, habló con el docto Domingo, que era su consultor en hematología, y este propuso el trasplante. Enseguida se puso en marcha. Un equipo realizó la extracción de la médula ósea con el mismo tipo de agujas que utilizaban para los exámenes medulares, pero en lugar de una sola punción se hizo un centenar.¿Usted como lo vivió?Como una experiencia magnífica. Yo era licenciada en Medicina y estaba haciendo mi residencia y esto marcó mi trayectoria. Mi formación primero fue de pediatra, luego en hematología y decidí hacer hepatología pediátrica [fundó y presidió la Sociedad Española de Hematología Pediátrica y de la Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas] diría que a partir de aquel hito.¿Satisface participar en una experiencia pionera?Fue maravilloso. Durante el trasplante la paciente solo tuvo fiebre con la administración de la quimioterapia y no tuvo ninguna infección, con los pocos medios que teníamos. Entonces no teníamos cámaras de aislamiento, pero las medidas de aislamiento y de higiene que instauramos evitaron que la paciente se infectara. El procedimiento fue un éxito.Lee también¿Cómo evolucionó la niña?Estuvo en remisión cinco meses y pudo hacer vida normal. Lamentablemente recayó al cabo de un año. Unos años después se supo que los trasplantes de gemelo tenían más posibilidades de recaída porque las células implantadas no se reconocen como extrañas. Es muy bueno para las enfermedades genéticas, pero para la leucemia o enfermedad neoplásica, no.¿Tuvieron alguna sensación de fracaso?No fue un fracaso. Fracaso hubiera sido que no se hubiera erradicado la leucemia, cosa que se hizo, que no se hubiera implantado, que hubieran ocurrido complicaciones o que la paciente hubiera muerto en el procedimiento o que no hubiera vivido los cinco meses que vivió en perfectas condiciones hasta que recayó.Las gemelas Teresa y Modesta Álvarez H. SANT PAU¿Se plantearon un segundo trasplante?La madre decidió que no quería hacer un segundo trasplante y poner en riesgo a la donante. Tampoco hubiera funcionado, porque como la donante era una hermana gemela univitelina hubiera recaído otra vez. Hoy en día no escogería a un gemelo para una leucemia, y sí que trasplantamos dos veces a un paciente, o primero le hacemos un trasplante y después una inmunoterapia. Pronto veré a un chico que lo he trasplantado dos veces: primero de médula ósea y después de sangre periférica. El primer trasplante duró solo un año y el segundo lleva 19. Tenía una leucemia aguda mieloblástica y está curado.¿Cómo ha evolucionado el trasplante en 50 años?Hemos mejorado muchas cosas. Antes, cuando queríamos hacer una transfusión de plaquetas teníamos que extraer la sangre al donante, se separaban las plaquetas y tenían que infundirse en 24 horas. No podíamos conservarlas, todo se tenía que preparar al momento. Hoy en día siempre tenemos disponibilidad de sangre, plaquetas, plasma... hay un stock de unidades que nos permite hacer el trasplante sin ningún problema. Por otra parte, ha mejorado el aislamiento, el tratamiento de preparación, las medidas para evitar el rechazo y la enfermedad del injerto contra el receptor.¿De esta manera ha mejorado la supervivencia?Depende de la enfermedad de base, del estado previo del paciente, de si es fase inicial o avanzada de la enfermedad neoplásica o de la enfermedad genética que tenga. Globalmente, en nuestro centro [Sant Pau] la supervivencia en los últimos seis años de los trasplantes alogénicos, es decir, de donante, es del 78%, cuando al comienzo era del 40%.¿Se ha convertido en una práctica casi rutinaria?No exactamente. En el caso de los adultos las enfermedades son más monotemáticas, todo son leucemias agudas, crónicas o síndromes linfoproliferativos, pero en el niño también hay muchas patologías genéticas y cada trasplante implica un acondicionamiento diferente, un tratamiento posterior diferente... no son todos iguales.El primer trasplante fue un éxito, pero la paciente, una niña de 13 años, recayó a los cinco meses y acabó falleciendo¿En qué momento el trasplante de médula deja de ser algo experimental y se normaliza?En nuestro centro, y también en el hospital Clínic, que hizo el segundo trasplante y también tuvo una trayectoria continuada, fue a mediados de los ochenta. Han ido cambiando las estrategias de preparación, las medidas de apoyo, el tratamiento antiviral, antifúngico, los antibióticos... es muy superior a lo que teníamos hace 50 años. Ahora ningún paciente que requiera un trasplante se queda sin trasplante.