Ellos son Boca, pero el Boca que no figura en las estadísticas, el de los que corrieron una larga maratón en inferiores y quedaron congelados antes de la línea de llegada.Son "hijos" de la Candela de San Justo -el complejo del viejo Camino de Cintura en el que se formaron varias generaciones-, e imaginaron su revancha deportiva mientras se ganan la vida en la docencia, las ciencias económicas, la albañilería y otros tantos rubros.Juveniles en la época de la peor crisis xeneize, los ex pichones decidieron torcer el destino y jugar con la azul y oro de piqué cuando ya pintan canas y las rodillas crujen.Van por el país a cambio de un asado, convocados por partidos solidarios que los reciben como lo que no fueron: estrellas boquenses. Con sus camisetas apretadas no tienen edad, ni anonimato, ni se lamentan por ese futuro de gloria que nunca llegó.Ex jugadores de La Candela categoría 63 a 69, se llama el grupo. Empezó tímidamente en redes sociales en 2015 y tomó dimensiones insospechadas. Un seleccionado de la nostalgia de 70 hombres, desde perfectos desconocidos a un par de apellidos que conforman la excepción con fugaces hazañas profesionales en la Bombonera.Desde el Conurbano al nordeste, los "Candela Boys" ya tocaron distintos puntos en cotejos de dos tiempos de 35 minutos. Entre Ríos, Pergamino, San Nicolás, Escobar, Padua, Morón, Canning... Para la convocatoria hay que ubicarlos en las redes sociales y poner en la parrilla un tendal de achuras. No hay dinero de por medio: si el espectáculo requiere la compra de una entrada, la recaudación será donada para beneficencia, según juran.Siete de ese batallón con camiseta vintage, algunos de los que llegaron a entrenar a metros de Maradona y de las locuras de Hugo Gatti, se reúnen a metros de La Bombonera. Gustavo Levine, hoy entrenador de fútbol femenino; Alberto "El Rata" Ortiz, ex colectivero y hoy empleado municipal de Lanús, Néstor Cano, kinesiólogo y acupunturista; Daniel "Hippie" Cosentino, fotógrafo; Miguel Ladaga, productor periodístico, Néstor "El gallego" García, contador; y Gustavo Cáceres, empleado del subte.Sin el aval oficial del club, no funcionan como una "costilla" de Boca, pero ostentan su poder. El padrino de la movida es nada menos que Enrique "El Ruso" Hrabina, ese vikingo que trababa con la cabeza, sinónimo de entrega que jugó con una trombosis a cuesta, con riesgo de muerte. "No hay mejor padrino para nosotros. Los muebles de su casa tenían canilleras por miedo a las planchas del Ruso", se ríe uno del grupo en la terraza del hotel Howard Johnson Undici.La foto grupal no ajusticia al ejército original que pone a disposición sus meniscos en esta cruzada. Faltan Guillermo Araguas, categoría 1965, hoy vendedor de bombas de agua para automóviles; Juan Carlos Andón, ferretero; Gustavo Berón, categoría 1964, técnico de electrodomésticos; Jorge Tesare (primo de José Luis, el marcador central que triunfó en la primera), ahora colectivero...Una de las figuras es "un distinto", un tocado por la varita mágica que triunfó y entró en la historia. Gustavo "Tuta" Torres, el héroe de la épica remontada en la final de la Liguilla 1986, cuando Boca venció 4-1 a Newell's en Rosario. Dedicado a la venta de Seguros, a los 61 sigue animándose a las fintas.¿El más veterano? "El Patito" Jorge Carlos Cecchi, 63 primaveras, portero de edificio. Surgido de la cantera xeneize, no hay artrosis que frene a este centrodelantero que jugaba en la reserva de Boca cuando debutó en la Selección mayor con 17 años. En diciembre de 1980 fue convocado por Menotti para un amistoso contra Unión Soviética y desde entonces repite incansable el relato de aquella hazaña."Boca no es solamente las Copas, los campeonatos, también es la vida de los que entregamos años de nuestra adolescencia por estos colores", grita uno en el caos de la charla. Juntos repasan el día que las camisetas encogieron y usaron algo parecido a una pupera, los años de mishiadura y la falta de agua caliente en La Candela. Todo buey perdido es motivo de evocación, de abrazos y lágrimas disimuladas.Habría, hubiera... la entrevista se llena de condicionales, de pretéritos imperfectos cuando se imagina lo que pudo haber sido. Cosentino, categoría 1967, de Villa Celina, tenía 12 cuando aterrizó en Boca. Era uno de los diamantes convocados para el Mundialito infantil 1981 que se disputó con 24 clubes de cuatro continentes. En sexta división, finalmente, quedó libre, y luego de un paso por Deportivo Español decidió ser tachero. Manejó un taxi durante 20 años, hasta que se volcó a la fotografía de eventos sociales.Cano cuenta que vivía en San Martín cuando le llegó la citación tras una prueba. Se quedó en Boca desde los 13 hasta los 19 años. "Sufría de migrañas y el entrenamiento no me ayudaba. Quedé libre. Estudié Educación física y no volví al club hasta hoy para esta foto".El maestro del récordBoca adquirió el predio de La Candela a fines de 1963: cinco hectáreas con una quinta llamada "La Candela". Explica uno de los historiadores boquenses, Guillermo Schoua, que la idea era "usar ese espacio como escuela integral de vida, tal como la bautizó AlbertoJ. Armando".A cargo de Adolfo Pedernera, director general de fútbol, fue punto de entrenamiento y concentración de la Primera División, y también sirvió de pensión para los juveniles que llegaban del interior.Con comedor, pileta, sala de juegos y gimnasio, servía como lugar de recepción de delegaciones internacionales como la del Santos de Pelé. "En los '80, arrastrado por la grave crisis institucional, el predio sufrió consecuencias. Se cortaron los servicios por falta de pago y no había comida para los chicos de la pensión. Las huelgas de los profesionales hicieron que muchos chicos dieran la cara en la Primera en condiciones adversas. Ese sentido de pertenencia que implicó La Candela explica que se sigan vinculando", dice Schoua.En Laguna Blanca, Formosa, la ciudad anfitriona de la Fiesta Nacional del Pomelo, vive el protagonistas de la historia más entrañable de los "Candeleros". Denny Ramírez es motivo de orgullo en sus pagos por haber sido el futbolista más joven en debutar en la primera división de Boca."Yo viajaba a Buenos Aires para visitar a mi tío, que vivía en Parque Patricios, y un día a fines de 1980 me quise probar en Boca. A principios de 1981 llegó la carta y me mudé a La Candela", repasa conmocionado el maestro de escuela primaria ya jubilado, que hoy es presidente de La Liga de Fútbol de Laguna Blanca.Su abuela, con quien venía a Buenos Aires, una enfermera trabajadora del Impenetrable, le dio el empujón anímico y económico, y pidió un préstamo para enviarlo a la capital. Denny creyó que la aventura sería más fácil, pero muy pronto sufrió la primera desilusión, un error en el telegrama."El papel decía 18 de diciembre, y cuando me vieron me avisaron que la prueba había sido el 8. Me indicaron cómo ir de la Bombonera a La Candela. Le expliqué a Ernesto Grillo, que coordinaba las inferiores, y cuando leyó la carta se apiadó porque había hecho muchos kilómetros", detalla. "Ese día en la práctica hice tres goles".No terminaba de adaptarse a su nueva vida cuando el 8 de abril de 1982 el técnico Vladislao Cap le dijo que concentraría con la Primera. Con apenas 15 años jugó en la delantera con el Mono Perotti frente a Mariano Moreno de Junín. Boca ganó 2 a 0 en La Bombonera y desde entonces el récord es suyo."No puedo decir que tenía susto de debutar. La noche anterior dormí tranquilo porque no tenía dimensión de lo que me estaba pasando", confiesa a 1.000 kilómetros, acostumbrado a los riachos, las lagunas y al imponente Parque Nacional Río Pilcomayo. "A la mañana fui a rezarle al Sagrado Corazón en Camino de Cintura. Me fue bien, jugué en total 17 partidos entre 1982 y 1985. Soy de bajo perfil. Nunca le conté esto a mis alumnos y, de hecho, cuando volví a la Bombonera pagué la entrada para visitar el Museo en el que está mi nombre".Denny, nombre infrecuente, cuenta que su padre quiso cambiar el 'Denis', quitó la ese y agregó una ene. En el Registro Civil no se negaron, y él tuvo que acostumbrarse a que lo interrogaran por las razones de su nombre. "Un día Víctor Hugo Morales me lo preguntó, pero no supe qué responder. Recién entonces le pregunté a mi padre y me contó esta historia", se ríe.Tras un paso por Estudiantes de Buenos Aires, una lesión de ligamentos cruzados lo alejó del fútbol y lo arrimó a los pizarrones y las tizas. Cree que detrás de esa "rotura" hubo "un plan divino", algo más noble por lo que luchar: volvió a su pueblo, terminó la secundaria y decidió convertirse en maestro.Los valientes del fibronazoEs fácil imaginar a un juvenil del Boca Predio actual, con las comodidades y el confort de este fútbol millonario, pero una generación no imagina a aquel Boca de las vacas raquíticas, con cancha clausurada en 1984, 150 juicios con sentencia y 15 pedidos de quiebra.Para entender es necesario recordar que el 29 de noviembre de ese año el club fue intervenido, y días después se habló de un posible remate judicial de la Bombonera. Terminada la presidencia de Domingo Corigliano, el interventor resultó Federico Polak, abogado negociador que logró detener la subasta y conversar con Julio Grondona.Antes de la Navidad de 1984 se reunieron todas las fracciones políticas boquenses y llegaron a un acuerdo para elaborar una lista única encabezada por Antonio Alegre, quien se puso al hombro la presidencia. En ese contexto, estos muchachos de ayer y hombres de hoy soñaban con la Primera de un club cuyos sueldos profesionales pagados con demora podían cubrir poco más que la canasta básica."A nosotros nos agarraba el servicio militar y nos cortaba la carrera", explica Ladaga, categoría 1967, de Alberti, provincia de Buenos Aires, que jugó desde Séptima hasta Cuarta división. Hermano del periodista Pablo Ladaga, este volante por derecha recuerda los viajes desde San Telmo, a donde se mudó para cumplir el sueño, a La Matanza. "Tomaba algo a Once, de ahí a Morón en el tren Sarmiento, y el 365 o 174 a La Candela. El chofer nos veía con el bolsito y ya sabía que éramos jugadores que bajabamos justo en el predio"."Tuve la suerte de que Alfredo Di Stéfano pidiera una división para jugar con la Primera en los entrenamientos, y llegué a pelotear en la Bombonera", infla el pecho. Ante el "no" del fútbol, se empleó en una agencia de publicidad y hoy es productor radial.Levine es el creador y coordinador de esta "maquinita del tiempo" que suele enfrentar a clubes municipales. "Pedimos lo mínimo, el asadito o, si hay distancia que recorrer, una camita en la que dormir hasta volver a la ruta al día siguiente", explica este profesor de la Escuela de Entrenadores Maradona-Menotti."Desde acá intentamos imponer el Día de jugadores de inferiores, en homenaje al nacimiento de nuestro captador, Don Pedro Arancibia", se enorgullece "Levi", categoría 65', criado en Floresta. "Yo jugaba infantiles en Ferro y un primo me dice 'Te anoté para una prueba en Boca'. Me llegó una carta de citación, estuve todo 1978 a prueba, hasta que me tomaron para Novena".Número dos aguerrido y con buena marca personal, jugó en inferiores entre 1979 y 1984, y tuvo la suerte de saber qué se siente convertirle un gol a River en el último minuto. "Agarré un rebote en el área y lo grité desesperado. Yo era capitán, salimos campeones de Quinta en 1983, con Ernesto Grillo y 'Gonzalito'. En 1984 me dejaron libre", lamenta.Uno que se suma de vez en cuando es Pedro Troglio, ahora DT de Banfield. Podría pensarse que se trata de un intruso, un ex River que aterriza inexplicablemente en este escuadrón nostálgico. Pero no. El ex mediocampista que jugó el Mundial 1990 pasó por la novena xeneize a los 12, quedó libre al año y cruzó de vereda.También forman parte hombres de la mítica tarde del fibronazo ante Atlanta en 1984, el punto más bajo de la crisis económica e institucional del club.Como el plantel de Primera estaba de paro por falta de pago, Boca presentó un conjunto alternativo que salió a jugar con camisetas blancas de entrenamiento -la azul y oro titular se confundía con los colores del Bohemio-. Esos números pintados a mano que se desdibujaban con la transpiración quedaron como postal de la crisis. Al servicio de este "seleccionado de La Candela" están Jorge "Pajarito" Latorre, "Pimpinela" Tessone, "El Flaco" Fornés, Fabián Peruchena y los mencionados Denny Ramírez y Tuta Torres."El Gallego" García se encarga de corregir ese capítulo "mal llamado fibronazo". Nacido y criado en La Boca (y hoy vecino), era empleado del club. "Soy categoría 1967, empecé en 1978 cuando no había infantiles y llegué a Séptima. Quedé libre y seguí trabajando en el club hasta 1989. Puedo decir que no fue fibra, los números se escribieron con tinta china Pelikan, la redondita. La fui a buscar al departamento de fútbol y con el mismo tapón trazamos esos números. Me tocó vivirla", dice orgulloso este contador que despunta el vicio como delantero."Antes salían pocos de la cantera. El técnico que llegaba traía a sus jugadores y era difícil que le dijeran a Grillo 'subime a uno', intenta explicar la mala fortuna que lo alejó de las páginas boquenses. "Una confesión, hasta que nacieron mis hijos, Boca era lo más importante de mi vida. Soy socio desde la hora de vida. ¿Sabés dónde están las cenizas de mi viejo? Detrás del arco de La 12".