Fernanda Murillo

Ciudad de México / 20.05.2026 19:52:19

Después de que Moody´s bajó la calificación soberana de México de Baa2 a Baa3, el último escalón dentro del grado de inversión, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) señaló que México conserva el grado de inversión con todas las agencias calificadoras que evalúan su deuda. Destacó que pese a lo anterior aún mantiene un acceso amplio y favorable a los mercados financieros globales.Agregó que esta decisión de la calificadora, México mantiene el grado de inversión y la agencia no anticipa cambios adicionales en la calificación del país durante los próximos 18 meses.“Moody’s destacó el historial de conducción prudente de las políticas monetaria y macroeconómica frente a choques externos”, dijo.Asimismo, señaló que México mantiene vulnerabilidades externas acotadas, sin desequilibrios macroeconómicos significativos ni señales de estrés financiero en el sector privado o en la balanza de pagos. En este contexto, la dependencia federal indicó que la calificadora resaltó que el marco de objetivos de inflación y la autonomía del Banco de México (Banxico) continúan siendo elementos clave para mantener ancladas las expectativas de inflación y preservar la estabilidad financiera. Destacó que la agencia prevé que la actividad económica retome gradualmente una trayectoria de crecimiento cercana a su tendencia de mediano plazo, apoyada por acciones gubernamentales orientadas a fortalecer las condiciones para la inversión y por una eventual reducción de la incertidumbre comercial. Asimismo, mencionó que con el continuo desarrollo y profundización del mercado financiero doméstico, respaldado por la reforma al sistema de pensiones de 2020, contribuirá a fortalecer la base de inversionistas locales y a mitigar riesgos de liquidez y refinanciamiento en los próximos años.¿Qué pasaría si México pierde el grado de inversión?La pérdida del grado de inversión tendría consecuencias inmediatas y profundas para México. La primera sería una reducción significativa en el acceso al crédito para el gobierno, las empresas y las personas, de acuerdo con Víctor Manuel Herrera Espinosa, presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos IMEF.“Hace apenas una década, era posible contratar hipotecas a 30 años con tasas fijas menores a 10 por ciento; hoy esas condiciones prácticamente desaparecieron”, afirmó. Señaló que los créditos hipotecarios son ahora de menor plazo de 10, 15 o hasta 20 años y muchos incluyen tasas variables, reflejando un entorno financiero más restrictivo.Agregó que el mismo fenómeno se observa en el financiamiento corporativo y gubernamental. Las empresas ya no pueden emitir bonos a 30 años con tasas fijas como lo hacían anteriormente, y el gobierno también enfrenta plazos más cortos y mayores costos financieros. Aunque aún puede colocar deuda a tasa fija, debe pagar una sobretasa considerablemente más alta, lo que encarece el financiamiento público y privado.“Para entender lo que implicaría perder el grado de inversión, basta observar el caso de Brasil en 2015. Cuando el país perdió esa calificación, numerosos inversionistas institucionales se vieron obligados a vender bonos soberanos brasileños, ya que sus políticas solo les permitían mantener activos con grado de inversión”, dijo.Contó que lo anterior generó una fuerte salida de capitales y una presión inmediata sobre la moneda: el tipo de cambio pasó de 2.2 reales por dólar a cerca de 4 reales, una depreciación cercana a 80 por ciento.“En el caso de México, un escenario similar implicaría un fuerte choque cambiario, con efectos directos sobre la inflación debido a la alta dependencia de productos importados”, destacó. Opinó que ante una depreciación abrupta del peso, el Banco de México (Banxico) probablemente tendría que elevar las tasas de interés para contener la inflación y estabilizar los mercados, provocando una economía más restrictiva y un ajuste estructural que podría tardar varios años en corregirse.Además, señaló que la experiencia brasileña muestra que recuperar la estabilidad fiscal después de perder el grado de inversión no es sencillo. “Años después de la crisis, Brasil continúa enfrentando dificultades para corregir su déficit fiscal y mantiene tasas de interés muy elevadas en relación con su inflación. Esto evidencia cómo un deterioro fiscal sostenido puede llevar a un país a la categoría de “bono basura”, con consecuencias económicas prolongadas y costosas”, concluyóAG