La disyuntiva para Bruselas es entre gestionar estrat�gicamente las consecuencias del G2 o permitir que se acumulen por inacci�n.En Bruselas existe la tentaci�n de recibir la cumbre Trump-Xi con un suspiro de alivio. No hubo una escalada dram�tica. No se impusieron nuevas rondas de controles de exportaci�n de tierras raras como represalia. No hubo beligerancia china que amenazara con convertir las cadenas de suministro en armas contra Washington y, como v�ctima colateral, contra Europa.Eso, en s� mismo, no estaba garantizado. Un escenario alternativo podr�a haber visto a Trump intensificar la presi�n sobre China, lo que habr�a llevado a Pek�n a tomar represalias interrumpiendo las exportaciones de tierras raras y endureciendo su postura en todos los �mbitos. Esto habr�a sido verdaderamente catastr�fico.Pero la ayuda humanitaria no es una estrategia. Y si se analiza detenidamente lo que las dos superpotencias acordaron realmente, el panorama para Europa es preocupante.La creaci�n de una junta bilateral de comercio constituye, en la pr�ctica, un marco de comercio gestionado, descendiente directo del acuerdo de la Fase Uno del primer mandato de Trump, ahora con un enfoque m�s ambicioso. Si China se compromete a comprar m�s productos estadounidenses, ya sean agr�colas, energ�ticos o manufacturados, el desplazamiento de los exportadores europeos ser� real.China ya es un mercado clave para la maquinaria alemana, los art�culos de lujo franceses y una amplia gama de exportaciones industriales europeas. Cualquier plan que redirija sistem�ticamente la demanda de importaciones chinas hacia Estados Unidos se realiza a expensas de Europa. Este tipo de desviaci�n comercial no suele acaparar titulares, pero erosiona silenciosamente la competitividad europea en uno de los mercados m�s grandes del mundo.El segundo golpe proviene del lado de la inversi�n. Es probable que el acuerdo de inversi�n incluya disposiciones que otorguen a las empresas estadounidenses acceso preferencial a sectores del mercado chino que permanecen en gran medida cerrados a la competencia extranjera. Los servicios financieros casi con seguridad estar�n sobre la mesa -Wall Street ha anhelado durante mucho tiempo un mayor acceso a los mercados de capitales chinos- y es probable que los biofarmac�uticos, dada su importancia para ambas econom�as, sigan el mismo camino.Desventaja estructuralLos bancos y gestores de activos europeos, que ya tienen dificultades para afianzarse en China, estar�n en una situaci�n de desventaja estructural si Goldman Sachs y JPMorgan reciben un trato preferencial que BNP Paribas y Deutsche Bank no obtienen. Esto no es una hip�tesis. Una vez concedido, el acceso a la inversi�n gestionada es muy dif�cil de revocar o extender a terceros.En sentido contrario, Trump parece dispuesto a abrir el mercado estadounidense a la inversi�n china en lo que �l denomina sectores "no estrat�gicos". La definici�n de este t�rmino ser� objeto de un intenso debate, pero un resultado parece muy probable: la inversi�n china en infraestructura de energ�as renovables en Estados Unidos.La raz�n es sencilla. Las grandes empresas tecnol�gicas -Microsoft, Google, Amazon, Meta- est�n desesperadas por reducir el coste energ�tico de la computaci�n para IA. La energ�a verde es su v�a m�s r�pida, y las empresas chinas cuentan con la escala de producci�n y la estructura de costes necesarias para suministrarla. Si Washington aprueba la inversi�n china en energ�a solar y bater�as en nombre de la competitividad en IA, estar� cambiando una dependencia por otra. Para Europa, esto significa otro sector m�s en el que Estados Unidos avanzar� m�s r�pido y a menor coste.Luego est� la dimensi�n geopol�tica, donde el panorama es m�s complejo, pero no por ello menos preocupante. Trump parece haber conseguido que Xi se comprometiera a no suministrar armas a Ir�n, a cambio de que Estados Unidos restringiera las transferencias de armas a Taiw�n. A primera vista, esto podr�a parecer una modesta victoria para los intereses europeos. Un debilitamiento del apoyo chino a Teher�n podr�a, en teor�a, reducir la presi�n en el estrecho de Ormuz y aliviar las inquietudes europeas en el transporte mar�timo de energ�a. Pero esta l�gica no resiste un an�lisis riguroso. China es uno de los grandes beneficiarios del control iran� del estrecho.El petr�leo iran�, a precios reducidos, llega a Pek�n, y un Teher�n complaciente mantiene la presi�n sobre Washington y sus aliados. La idea de que Pek�n vaya a renunciar a esa influencia a cambio de una vaga promesa de armas resulta poco cre�ble.M�s importante a�n, el debilitamiento impl�cito del compromiso estadounidense con la defensa de Taiw�n deber�a alarmar a las capitales europeas. La arquitectura de semiconductores que sustenta la ambici�n industrial europea -desde veh�culos el�ctricos hasta electr�nica de defensa- se basa en gran medida en chips taiwaneses, sobre todo en los producidos por TSMC. Estados Unidos ha invertido miles de millones para garantizar que TSMC fabrique chips avanzados en suelo estadounidense, lo que le proporciona a Washington una protecci�n en caso de que se deteriore el statu quo en el estrecho de Taiw�n.Europa no lo ha hecho. Un cambio en el equilibrio de poder entre ambos lados del estrecho dejar�a a la industria europea terriblemente expuesta, sin producci�n nacional de chips avanzados a la que recurrir y sin un acuerdo bilateral con TSMC comparable al que Washington ha conseguido.La cumbre refleja la l�gica de un mundo donde las dos superpotencias negocian su rivalidad bilateralmente, compartiendo los beneficios entre ellas y repartiendo los costes entre los dem�s. Europa no participa en las negociaciones ni figura en el men�, pero sufrir� las consecuencias de lo acordado.El comercio desviado de los mercados chinos, el acceso a la inversi�n reservado para las empresas estadounidenses y los acuerdos geopol�ticos concluidos a espaldas de los europeos: esta es la arquitectura emergente del bilateralismo del G2, y no est� dise�ada teniendo en cuenta los intereses europeos.La disyuntiva a la que se enfrenta Bruselas no es entre un buen resultado y uno malo, sino entre gestionar estrat�gicamente estas consecuencias o permitir que se acumulen por inacci�n. Tal como est�n las cosas, Europa est� optando por lo segundo.Alicia Garc�a Herrero. Economista jefe para Asia-Pacifico de Natixis e investigadora senior en Bruegel
La cumbre Trump-Xi trae m�s problemas que soluciones para Europa
En Bruselas existe la tentaci�n de recibir la cumbre Trump-Xi con un suspiro de alivio. No hubo una escalada dram�tica. No se impusieron nuevas rondas de controles de...










