WASHINGTON, DC— Más de 50 años después de la descolonización, Occidente sigue considerando a África como un actor secundario en la economía global: una fuente de materias primas y poco más. Esta visión obsoleta ha obstaculizado el desarrollo de industrias manufactureras de alto valor y de cadenas de suministro integradas en África, frenando el crecimiento económico. Como resultado, las disparidades en los ingresos per cápita entre África y otras regiones han aumentado, y la participación del continente en el comercio mundial ha caído por debajo del 3%, a pesar de que África representa casi una quinta parte de la población mundial. Pero a medida que más países cruzan el umbral del "superenvejecimiento", con más del 20% de la población de 65 años o más, la comunidad internacional debería estar cada vez más motivada para dejar de colocar a África en un papel periférico. La economía mundial necesita nuevos motores de demanda, y África está excepcionalmente dotada para satisfacer esa necesidad. De hecho, el dinamismo demográfico de África, junto con sus enormes necesidades de inversión en infraestructura, significan que debería desempeñar un papel cada vez más central en el comercio y la inversión globales en los próximos años. El impulso demográfico de África no tiene parangón. Se espera que su población se acerque a los 2.500 millones para el año 2050. En ese momento, se proyecta que Nigeria será el tercer país más poblado del mundo, superando a Estados Unidos y situándose solo por debajo de la India y China. Para finales de siglo, se prevé que casi el 40% de la población mundial será africana.
África es la clave para el crecimiento mundial sostenido
El dinamismo demográfico y el potencial industrial de África posicionan al continente como el principal motor de crecimiento frente al envejecimiento de las economías avanzadas.













