Hay jugadores que van al extranjero porque los buscan. Y hay jugadores que van porque deciden que si no se mueven, el mundo no va a moverse por ellos. Mateo Chávez tenía claro que si quería jugar el Mundial de 2026, tendría que moverse al Viejo Continente para buscar el sueño de ver su nombre en la lista final de Javier Aguirre.Tenía nueve años cuando llegó a las fuerzas básicas de Chivas. No llegó como hijo del futbol —aunque lo era, con todo lo que eso implica— sino como un niño regiomontano que cruzó el país para probarse en la cantera más exigente de México. Pasó por todas las categorías del Guadalajara, ganó títulos con la Sub-17, la Sub-23 y con el Tapatío. Aprendió a respetar una camiseta que no se hereda: se gana.Debutó en Primera División en el Clausura 2024, en un partido ante Santos Laguna. Tenía 19 años y un carril izquierdo que defender. Se consolidó como titular con tres entrenadores diferentes — Fernando Gago, Óscar García y Gerardo Espinoza — jugó indistintamente como lateral o carrilero. En año y medio, Mateo Chávez demostró que no era una apuesta: era una certeza. Pero él quería más. Y sabía que para llegar adonde quería llegar, tendría que irse.El interés del AZ Alkmaar llegó desde diciembre. Pasaron meses. Un día, el director deportivo Alejandro Manzo lo citó a su oficina. Ahí estaba también Javier Mier, y en una pantalla, Amaury Vergara. La conversación fue corta. La decisión, inevitable. Mateo Chávez firmó por cinco años con el club neerlandés."Creo que tenía que tomar ese tipo de riesgo", confesó el lateral en zona mixta del CAR. "Tomar la oportunidad porque tenía que crecer en otras formas también, fuera de lo deportivo. Me ha hecho madurar mucho, me ha hecho crecer mucho".No exagera. Su primera temporada en la Eredivisie estuvo marcada por algunas lesiones, entre ellas una de hombro que le impidió estar en los amistosos de marzo ante Portugal y Bélgica. Compartió posición con un compañero que lleva tres o cuatro años en el club, que conoce cada rincón del sistema, que tiene la ventaja silenciosa de quien ya pertenece. Mateo llegó a ganarse su lugar desde cero, en un idioma distinto, en un futbol distinto, en un frío que no es el de Guadalajara.Pero cerró con fuerza: en la última jornada de la temporada, anotó su primer gol con el AZ ante NAC Breda, recibió dentro del área y definió cruzado con temple. Un remate pequeño, íntimo, que valía mucho más que los dos puntos que no alcanzaron."Dentro de lo que me tocó participar —que no fueron pocos partidos, creo que fueron alrededor de 30 en el año— me siento en el ritmo suficiente", explicó. "El trabajo en el día a día es fuerte, así que me siento muy bien".Irse a Europa no fue un escape. Fue una estrategia. Y Mateo lo tiene tan claro que lo dice sin rodeos: "Yo fui a Europa para buscarme mi lugar aquí, para que me voltearan a ver, para mostrar mi trabajo y crecer". No para huir de la Liga MX. Para merecer algo más grande que ella.Hay quien podría haber tomado otro camino. Él mismo lo reconoce cuando habla de Armando González, La Hormiga, con quien comparte generación y ambición pero no proceso: "Creo que Armando está en un momento en que ya puede saltarse ese paso. Él ha demostrado que ya está para una gran liga. Yo también daré el siguiente paso, pero mi proceso es diferente". No hay envidia en esas palabras. Hay claridad.El Vasco lo ha visto. Han platicado. "Él sabe cómo trabajo, cuál es mi línea, que me voy a matar por el equipo", explicó Mateo. "Me ha dado su confianza y eso es lo principal. Seguir manteniendo su confianza". Esa seguridad, sin embargo, no le cierra ninguna puerta al que compite a su lado. Jesús Gallardo tiene dos Mundiales en las piernas y la autoridad silenciosa de quien ya estuvo cuando el escenario era enorme. "Lo admiro mucho, lo respeto mucho, trato de aprenderle", reconoció Mateo. Y luego, sin pausa: "Pero los dos queremos jugar. Y yo también quiero ganarme mi lugar".En casa tampoco hay presión extra. Su padre, Paulo César ‘Tilón’ Chávez lo sigue de cerca, pero desde la distancia precisa que solo saben guardar los padres que entienden el futbol de verdad. "Hablamos más de temas de padre e hijo", contó Mateo con una sonrisa. "Él está feliz, me da lo mejor, pero no se mete en cosas futbolísticas. Deja que el cuerpo técnico me guíe".Ahora está en el CAR, con la maleta apenas deshecha y el Mundial a tres semanas. Rodeado de jugadores que ya vivieron lo que él apenas va a conocer. "Hay jugadores que vamos a jugar nuestro primer mundial con muchas ganas… Y otros que ya tienen algunos mundiales y nos guían, conocen el camino. Tenemos una buena combinación de experiencia y juventud". Él está en el primer grupo. Y lejos de pesarle, lo lleva como combustible."Esta generación ya es fuerte", aseguró Mateo. "Y va a ser más fuerte todavía". No lo dice con arrogancia sino con la convicción de quien ha visto el vestidor desde adentro: perfiles distintos, edades distintas, historias distintas que apuntan al mismo lugar. Los que llegan por primera vez con los ojos abiertos de par en par y los que ya saben lo que pesa una eliminación en un Mundial."Esa combinación de experiencia y juventud suma mucho en torneos tan intensos, donde todo es muy rápido", señala con esa inocencia que conlleva la ilusión del primer Mundial "Yo solo vengo a aprender, a llenarme, a sumar", confesó. Luego se completó, como quien no quiere que lo malentiendan: "Pero también quiero ser titular. Quiero pelear un lugar. Y eso me lo ganaré con el día a día".Tiene 22 años. Llegó de nueve a Guadalajara. Cruzó el Atlántico, sobrevivió a las lesiones, peleó un puesto en un idioma ajeno y cerró su temporada europea con un gol. Todo para llegar aquí, a esta zona mixta, a esta concentración, a este Mundial que se juega en casa y que, como bien sabe, no se repite."La selección es una recompensa", dijo al final, buscando las palabras. "No sé bien cómo explicarlo. Pero es eso". No necesita explicarlo mejor. Ya lo simplificó con sus acciones: buscar un equipo formativo en Europa que lo ayudó a crecer para estar de regreso en su país, pero con la camiseta verde de la Selección Nacional.
Mateo Chávez: El riesgo de irse a Europa le abrió la puerta del Mundial
Hay jugadores que van al extranjero porque los buscan. Y hay jugadores que van porque deciden que si no se mueven, el mundo no va a moverse por ellos. Mateo Chá












