Donald Trump quiere un partido a su imagen y semejanza. No permite que haya disidencias. El presidente de Estados Unidos impone su ley con puño de hierro para controlar a los republicanos. Ha ido laminando poco a poco a todos los congresistas y senadores rebeldes que no le han hecho caso o se han opuesto a sus deseos. Este martes ha dado otro ejemplo de ello. Ed Gallrein, un anodino granjero de 68 años, exmiembro de los SEAL, el cuerpo de fuerzas especiales de la Marina, que ha hecho una campaña discreta, ha ganado las primarias republicanas por el cuarto distrito de Kentucky al excéntrico Thomas Massie, el popular congresista republicano que había desafiado a Trump.Gallrein, un tipo con poco carisma y sin el don de la oratoria, ha contado con el apoyo explícito del presidente. Solo en los últimos tres días, Trump ha publicado más de una docena de mensajes contra Massie en su red social, Truth, que le sirve de altavoz para difundir sus mensajes entre sus seguidores MAGA (Make America Great Again).El ocupante de la Casa Blanca ha movilizado su maquinaria electoral para dirigir financiación a la campaña de su candidato en Kentucky. Se ha empleado a fondo para acabar con Massie, un popular congresista libertario, que ocupaba un escaño en la Cámara de Representantes desde 2012. El comité electoral impulsado por Trump recaudó más de siete millones de dólares a favor de Gallrein, a los que se suman otros nueve millones procedentes del lobby proisraelí, que quería ver fuera a Massie. En total, el candidato de Trump ha contado con un presupuesto de más de 18 millones si se incluyen otras donaciones privadas. Un dinero que ha servido para ganar las primarias gracias a una intensa campaña de difamación contra su rival y promoción propia. Massie, por su parte, ha recaudado algo más de 13 millones de dólares para la contienda en las primarias de un partido a la Cámara de Representantes más caras de la historia. Tras siete mandatos consecutivos, Massie, un político excéntrico, licenciado en ingeniería por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), vivirá sus últimos meses en el Capitolio. Republicano, que desembarcó en el Capitolio en 2012 gracias al apoyo del Tea Party ahora se ve apartado por la corriente MAGA, en una curiosa paradoja que refleja el signo de los tiempos.Massie se había convertido en una piedra en el zapato de Trump. De tendencia libertaria, es un firme opositor de la deuda, motivo por el que se opuso a la más ambiciosa ley que ha aprobado Trump hasta la fecha, la Ley Grande y Hermosa (BBBA, acrónimo en inglés de Big Beatiful Bill Act), que disparaba el presupuesto de defensa y una miríada de rebajas fiscales para grandes empresas.Además, lideró una iniciativa parlamentaria para desclasificar el archivo de Jeffrey Epstein, pese a que el presidente ordenó en su partido que no se hablara del tema, pero este republicano se sumó a otros compañeros de partido y a los demócratas para sacar adelante la moción que obligó a la Casa Blanca a publicar todos los papeles del depredador sexual, que durante muchos años fue amigo de Trump. Este político, que vive en una granja construida por él mismo en las montañas cerca de los Apalaches ha sido un firme opositor de la guerra contra Irán. Ha tratado de promover iniciativas en el Congreso contra la intervención de Estados Unidos en el exterior y las ayudas a Israel, lo que le ha granjeado la animadversión del lobby proisraelí. Por todo esto, el presidente estadounidense le declaró la guerra política. Trump se ha inmiscuido de lleno en las primarias de su partido para elegir el candidato para el cuarto distrito de Kentucky, de donde saldrá el nombre que compita en las elecciones de mitad de mandato que se celebrarán en noviembre contra los demócratas.Trump ha presionado con todos los resortes a su alcance para forzar la derrota de Massie. Hace unas semanas visitó Kentucky para hacer campaña en su contra. Y la semana pasada, en mitad de la guerra contra Irán, envió al secretario de Defensa, Pete Hegseth, para que apoyara a su Gallrein, su candidato.La victoria de Gallrein hay que apuntársela a Trump, que demuestra una vez más el férreo control que tiene sobre el Partido Republicano, donde prefiere tener a políticos que profesen la fidelidad al líder sobre cualquier otra consideración. El pasado sábado ya logró desembarazarse del senador republicano por Luisiana Bill Cassidy, otro de sus “enemigos” internos. Fue uno de los senadores republicanos que en 2021 que votaron a favor del juicio político para la destitución de Trump (impeachment) por su papel en el escándalo del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. Este sábado perdió las primarias contra la candidata de Trump en Luisiana. El presidente también laminó a los legisladores que le desobedecieron en Indiana cuando ordenó redibujar los distritos electorales para sacar ventaja. Hace dos semanas, en otras primarias al Senado estatal de Indiana, consiguió que la mayoría de sus siete candidatos (al menos cinco de ellos) obtuvieran la victoria en contra de aquellos que desoyeron sus órdenes. Esta avidez por controlar el partido sin fisuras puede perjudicarle de cara a las próximas elecciones. Ha elegido candidatos más maleables y radicales, que le sirven para aglutinar a su base MAGA, pero que pueden generar rechazo en otros sectores y desde luego, movilizarán a los demócratas. Adiós al histórico McConnellOtra de las contiendas electorales interesantes que se han celebrado este martes en Kentucky tiene que ver con las primarias republicanas para sustituir al veterano senador, Mitch McConnell. El vencedor tendrá prácticamente asegurado el escaño en las elecciones de mitad de mandato del próximo noviembre en un estado históricamente muy conservador. En esta carrera también se ha impuesto el candidato de Trump: Andy Barr, miembro de la Cámara de Representantes por los republicanos, que con casi toda probabilidad dejará su escaño en otoño para tomar un asiento en el Senado.McConnell, que fue uno de los republicanos que condenó el papel de Trump durante el asalto al Capitolio, abandona la política tras siete mandatos. Es uno de los políticos más veteranos y con más recorrido del Capitolio, donde ha sido líder de la minoría y de la mayoría en varios periodos legislativos diferentes, siendo el líder de partido del Senado con más años de servicio en la historia de los Estados Unidos. Pero Trump tampoco le perdona la osadía de 2021, cuando dijo que el presidente era “práctica y moralmente responsable” del asalto al Capitolio el 6 de enero. Aunque luego apoyó su candidatura, estuvo a un paso de apoyar el impeachment contra Trump que hubiera cambiado el curso de la historia. Una carrera en GeorgiaBurt Jones, un republicano con ADN Trump, disputará el puesto de gobernador en una segunda vuelta contra el millonario Rick Jackson, que ha gastado más de 30 millones de dólares en anuncios de televisión. Jackson, cuya fortuna procede de su empresa Jackson Healthcare, una de las mayores empresas de contratación de personal sanitario del país, ha puesto contra las cuerdas a Jones, pero el apoyo explícito de Trump ha catapultado al vicegobernador de Georgia al primer puesto del estado. Aun así, las primarias republicanas para gobernador en Georgia se tendrán que decidir en una segunda vuelta porque ningún candidato ha obtenido el 50%, que le hubiera dado la victoria directamente.Queda fuera de la carrera, Brad Raffensperger, exsecretario de Estado en el primer mandato de Trump, uno de los pocos republicanos que se pronunciaron en contra del intento de Trump de anular su derrota de 2020. Su reducido apoyo es una evidencia más de la profunda influencia del inquilino de la Casa Blanca en su partido. La noche en Georgia también ha dejado para una segunda vuelta la elección del candidato republicano para el Senado, que se enfrentará el próximo noviembre al popular demócrata Jon Ossoff, que no ha tenido rival en las primarias de su partido. El representante por Georgia en el Congreso, Mike Collins, declarado un ferviente seguidor de Trump, ha ganado las elecciones del Partido Republicano para la nominación como candidato al Senado. Pero su victoria, por debajo del 50%, ha sido insuficiente, así que tendrá que verse las caras en una segunda vuelta con Derek Dooley, abogado y exentrenador de fútbol americano universitario, quien cuenta con el respaldo del gobernador saliente de Georgia, Brian Kemp, un político de peso en el partido republicano que rechazó postularse como candidato al Senado. Kemp ha mantenido algunas diferencias con el actual ocupante del Despacho Oval.Aunque ambos apoyan sin fisuras a Trump, el presidente no ha respaldado a ninguno de los dos, con lo que la carrera estado más abierta.