Entre el 80 y el 90% de los usuarios de gas natural del Perú viven en Lima Metropolitana. El resto del país espera una conexión domiciliaria que fue prometida hace más de veinte años y que, al ritmo actual, tardará otros veinte en llegar. No es una proyección. Es la consecuencia directa de una decisión del Congreso que especialistas del sector calificaron este lunes como un error que puede costarle al Perú la masificación del gas hacia el mercado interno. Únete a nuestro canal de política y economía El dato fue expuesto por Pedro Gamio, exviceministro de Hidrocarburos y exdirector de Petroperú, durante el primer foro del ciclo Perú: Futuro Energético organizado por el Grupo La República. "En lugar de hacer una masificación agresiva que en cinco años casi podría duplicar los clientes que tiene Lima con el resto del Perú, hemos ido por el camino largo de un estimado de 20 años, porque le damos el precio promocional solo a los pequeños consumidores", afirmó. "Un tremendo error del Congreso que nos puede costar la masificación del gas hacia el mercado interno." TE RECOMENDAMOSROBERTO SÁNCHEZ ALISTA SU EQUIPO TÉCNICO Y DEBATE FINAL | SIN GUION CON ROSA MARÍA PALACIOS La mecánica del problema es concreta. La tarifa promocional —la que hace rentable conectarse a la red de gas en lugar de seguir comprando balones— se aplica únicamente a usuarios pequeños. Los medianos consumidores, como comercios, pequeñas industrias y empresas de transporte regional, quedan fuera. Sin esa tarifa, el negocio de expandir la red fuera de Lima no cierra para ningún distribuidor privado. Y sin inversión privada, la red no crece. El gas es del Cusco pero sus beneficios son de Lima Víctor Murillo, presidente del directorio de EGESUR, puso en perspectiva la deuda que eso representa para las regiones productoras. "El sur del Perú sigue esperando el gas. ¿Y qué de los ahorros que podrían darse en Cusco, en Arequipa, en Huancavelica, en Ayacucho?", preguntó durante el foro. El gas de Camisea es extraído del Cusco, transportado a Lima y desde allí enviado en parte a la exportación. Las regiones que están encima del yacimiento más grande del país son las que menos se benefician de él. El resultado es la fotografía actual: Trujillo tiene poco más de 25 mil conexiones de gas natural. Arequipa, apenas 12 mil. "Deberíamos estar hablando de millones de conexiones fuera de Lima, no de miles", dijo Gamio. Carlos Herrera Descalzi, exministro de Energía y Minas, aportó el contraste que mejor dimensiona el costo de esa inequidad. Cuando la rotura del ducto de Camisea en Megantoni paralizó el suministro durante trece días en marzo pasado, las pérdidas económicas fueron de entre tres mil y cinco mil millones de dólares. Eso con solo Lima afectada. Eso con solo dos semanas de desabastecimiento. "En cualquier momento se acaban los recursos de Camisea como recurso adicional para generación eléctrica y tenemos que usar petróleo", advirtió. La masificación fuera de Lima no depende únicamente de encontrar nuevas reservas ni de construir infraestructura nueva de inmediato. Hay alternativas en marcha que demuestran que es posible avanzar. En Huancavelica se está construyendo una planta de gas. El distribuidor de Lima tiene sobre la mesa un proyecto para extender la red hacia siete regiones de la sierra andina, incluyendo Huancayo, Ayacucho y Puno. "Esa sería una fórmula que ayudaría a acelerar la masificación generando oportunidades en los ciudadanos de esas ciudades", señaló Gamio. Lo que falta, según los tres especialistas, es una decisión política que ningún gobierno ha tomado con seriedad: extender la tarifa promocional a todos los consumidores, no solo a los más pequeños, para que la expansión de la red sea económicamente viable fuera de Lima. En plena campaña de segunda vuelta, ninguno de los dos candidatos ha presentado una propuesta concreta sobre masificación regional del gas. El próximo foro del ciclo Perú: Futuro Energético abordará el futuro de Petroperú.
El 90% de los usuarios de gas natural viven en Lima. El resto del país lleva más de 20 años esperando
Un error del Congreso condenó la masificación a dos décadas en lugar de cinco. Mientras tanto, millones de familias fuera de la capital siguen pagando el balón de gas a precio de mercado.















