El escritor italiano Giulano da Empoli dirige el think tank Volta y es autor de libros que describen cómo las compañías tecnológicas se han hecho con poder en nuestra sociedad, como Los ingenieros del caos o La hora de los depredadores . Hace unos días intervino en el I Encuentro Internacional por los Derechos Digitales celebrado en Barcelona y organizado por el Gobierno español y Mobile World Capital.Cambio de etapa“Antes, el caos era el instrumento para llegar al poder, ahora es el sello del poder”¿Cómo ha evolucionado el caos como motor de poder?Cuando escribí el libro en 2009 el caos era, en cierto modo, la herramienta de los insurgentes para hacerse con el poder. Y ahora el caos se ha convertido en el sello del poder. Si nos fijamos en la Casa Blanca, el caos es, básicamente, lo que hay. Está en el poder. Antes, las plataformas impulsaban ideas extremadamente atractivas y esos movimientos y personajes se aprovecharon de ello. Ahora los propietarios de las plataformas apoyan a los políticos y movimientos populistas nacionalistas más radicales y extremistas de todo el mundo porque, en cierto modo, tienen el mismo interés, y quieren acabar con el funcionamiento democrático normal y con cualquier limitación a su poder.¿Existe alguna semilla de una revolución contra este control?Sí, creo que hay dos cosas. Creo que, políticamente, este movimiento de lo implícito a lo explícito hizo que todo el mundo lo viera. Y, por lo tanto, esto podría provocar una reacción. Podría producirla en EE.UU., pero también en Europa, donde vemos que la alianza entre la tecnología y Trump, en realidad, no está teniendo éxito. Esta es una dimensión. La otra, que es más importante, creo, es más personal. Creo que hay una conciencia cada vez mayor, y esto empieza con los niños. Todos los padres pueden ver el efecto que tiene la tecnología sin regular en sus hijos, en términos de ansiedad y distracción y no sentirse bien y no disfrutar de la vida y todo eso. Y si ves esto en los niños, y creo que mucha gente lo está viendo, entonces también tienes que verlo en ti mismo.¿Es posible actuar contra este tipo de negocios por causar problemas de salud público?Habría sido mejor hacerlo cuando eran menos poderosos de lo que son hoy, porque, obviamente, ahora el enfrentamiento es muy duro y es un auténtico choque de poderes. Pero es posible en el sentido de que ni siquiera hay que ser muy creativo al respecto. Solo hay que tomar los derechos básicos que tenemos en el ámbito físico en nuestras democracias y trasladarlos al mundo digital.¿El ciudadano lo entiende así?La percepción está cambiando porque, hasta hace poco, estos actores –los propietarios de las plataformas, los expertos en tecnología y demás– habían convencido a todo el mundo de que no, que eso es algo diferente. Que viene de Dios o de la naturaleza o lo que sea, y que no puedes hacer nada al respecto. Pero ahora la vida de cada uno de nosotros está tan inmersa en esa esfera digital. Creo que tendremos un movimiento democrático de la misma manera que ocurrió en la esfera física.Defensa“Hay que tomar los derechos básicos del mundo físico y trasladarlos al digital”¿Qué aconseja a los políticos?Lo que un político tiene que hacer es elegir un tema que sea importante y enmarcarlo de una manera que le permita ganar las elecciones. No basta con adoptar una postura moral o de justicia. Lo de los niños es algo en lo que todo el mundo puede estar de acuerdo.Quizá el problema sea que los algoritmos nos presentan una realidad distinta a cada uno de nosotros.El gran problema es que si seguimos así tendremos una esfera pública completamente disfuncional, en la que siempre pensamos que es el otro quien está equivocado y en una burbuja. El riesgo es que esto se vuelva tan caótico que no seamos capaces de mantener una conversación más o menos funcional y, por lo tanto, de llegar a decisiones políticas más o menos funcionales. Posiblemente ya estemos en esa etapa en EE.UU. En ese punto, todo está en riesgo porque puede haber alguien como Trump tomando el poder, pero incluso si pierde el poder, sigues teniendo esta esfera tan disfuncional, y entonces la gente querrá algún tipo de respuesta autoritaria.Sin la IA, hace tres años y medio, el mundo era caótico. Pero, ¿cómo ha contribuido la IA a que sea más caótico todavía?Su forma actual es básicamente los medios digitales y las redes sociales a lo grande. Así que es la misma dinámica de control. Todo lo que hacían las redes sociales e internet 2.0, lo estás viendo multiplicado por la IA en su forma actual. Creo que sería una tontería luchar contra la IA. Sería como luchar contra la electricidad. La cuestión es cómo se utiliza, quién está al mando, qué derechos están en juego, qué responsabilidades conlleva violar esos derechos, quién rinde cuentas. Y así, la IA puede separarnos, pero también, de otra forma, puede unirnos. Hay experimentos, si nos fijamos en Taiwán, por ejemplo, donde tienen un problema vital porque están frente a China. Están intentando ser una democracia tecnológica. Son una democracia joven. No eran muy democráticos hasta hace poco, así que es todo un reto. Han ideado formas bastante interesantes de utilizar lo digital y la IA para un consenso en lugar de desagregar las cosas.Además hay modelos de IA directamente peligrosos para la democracia, que pueden amenazar al sistema bancario o infraestructuras críticas.No deberíamos estar en la posición en la que tengamos que esperar que, quizá hagan lo correcto o quizá sean responsables y otros no. Debería ser un asunto público. Pero no tengo muchas esperanzas en el sentido de que creo que, si llegamos a eso, será después de que se haya causado más daño. La etapa en la que dijimos que regularíamos todo esto de forma responsable, esa ya se ha ido. Tuvimos una oportunidad, no la aprovechamos. Ahora estamos en una etapa diferente en la que, de hecho, por desgracia, creo que están pasando cosas malas y pasarán más cosas malas.Y entonces quizá, en ese momento, podamos aprovechar la oportunidad. Si para entonces todavía existe la raza humana, podemos aprovechar la oportunidad para restaurar.Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 1996. Ha cubierto las áreas de Política, Deportes y Comunicación. Especializado en tecnología. Autor del libro 'Bicicletas para la mente' (Península)