"Me siento como una exyonki, sigo siendo rumana, pero llevo un año limpia", bromea sobre el escenario la actriz y humorista de origen rumano, Bianca Kovacs (Sighișoara, 1983) y el público ríe a carcajadas. "A veces me dan recaídas, entonces, dejo vuestros trenes sin cables", remata. Dice que si la gente se ríe, "es porque en algún momento lo habrán pensado, que todos robamos". Su cara les sonará porque Kovaks lleva actuando en series españolas desde 2010: Los hombres de Paco, Cuéntame cómo pasó, Amar es para siempre, Aída, Lo que se avecina, Acacias 38 o Reina Roja. Ahora, se sirve del sarcasmo a modo de denuncia, en su podcast "Odio a la gente", junto a Carmen Romero –nominado a los Ondas Globales del Podcast— y tiene su espectáculo de monólogos, con el que volverá al Palacio de la Prensa de Madrid, en septiembre. Kovacs entra y sale de la redacción del Confidencial –donde tiene lugar esta entrevista— haciendo bromas, puede que por deformación profesional: "Lo de ponerme al lado de las cajas, ¿es para recordar cuando dormía en la calle? ¿No?", suelta en la sesión de fotos. "La rumana y la frontera", se despide, al cerrarse el torno. "Prefiero tomarme las cosas a risa, es terapia", afirma. Dice que tiene amigas que lo están pasando muy mal con la perimenopausia, y "a mí me está dando un material que no veas". Nacida en Rumanía –"en Sighişoara, la ciudad de Drácula", puntualiza— y asentada en España desde hace 24 años, dice estar "encantada con esa mezcla rara" de ser rumana, pero sentirse "bastante española". Se crio bajo el control de un padre "bastante estricto", al que en uno de sus monólogos compara con Franco, "porque es bajito y cabrón", ironiza. En 2002, con apenas 18 años y ansias de libertad, se marchó a España, con su novio –hoy su marido—, con la idea de trabajar el verano. La madre de un amigo vivía en Seseña, "pero se le olvidó decirnos que su madre no nos quería aquí". Kovaks llegó a España en un momento en el que la inmigración procedente de Rumania registraba "el crecimiento más rápido de los últimos años", detallaba un estudio de 2006. Si en 1992, había 662 rumanos en España, en 2003, eran más de 54.000 y en 2006, más de 200.000. La cifra alcanzó casi las 900.000 personas en 2012, y se ha reducido a 620.000 personas, en los últimos años. Rumanía es uno de los principales países de emigración dentro de la UE. A los niños que crecieron sin sus padres porque se marcharon lejos a trabajar se les conoce como ‘huérfanos del euro’."Las primeras olas de emigración rumana –hasta alrededor del 2010–, se dirigieron a países más desarrollados que Rumanía en los que se hablan lenguas de origen latino –por la similitud con el rumano–", explica Dumitru Sandu, profesor de la Facultad de Sociología de la Universidad de Bucarest. "Por eso vemos principalmente emigración hacia Italia, España o Francia", puntualiza. Más tarde, "comenzó a producirse un desplazamiento desde el sur hacia el norte más desarrollado de Europa, donde los salarios son más altos", continúa Sandu. Y, en la actualidad, la mayoría (95%) de los rumanos que viven dentro de la Unión Europea se encuentran en solo siete países: Italia, Alemania, España, Francia, Bélgica, Austria y los Países Bajos. En España, residen más de medio millón de rumanos afincados. La emigración es un proceso de aprendizaje: además del dinero enviado a casa, los migrantes aprenden cómo funcionan las cosas allí", continúa Sandu. En las redes, algunos cosechan miles de seguidores con bromas, trucos y anécdotas culturales, como Bianca Kovaks; Valeriu Valentin ("Truco Rumano") o Alex Rosu. La influencia de la diáspora "Antes los rumanos molábamos mucho, éramos como la novedad, como cuando te compraste el iPhone 6; ahora el iPhone 17 son los magrebíes", bromea Kovak, en su show. Admite que los prejuicios, al principio, le molestaban, pero luego saca bromas de ello. Dice que, de hecho, antes empezaba su show, saliendo con el bolso, y decía: "Por si hay rumanos en la sala". Kovaks llegó a España con menos de un euro en el bolsillo y los primeros días, durmió en la calle. "No me avergüenza, he ido subiendo peldaño tras peldaño", señala. Trabajó en el campo, recogiendo naranjas –"me pareció durísimo"—; también de asistenta y en un restaurante de Sotogrande, como limpiadora, camarera y, finalmente, encargada. Luego, en una inmobiliaria. Entonces, enfermó de tiroides, paró de trabajar por primera vez, y decidió formarse como actriz. 'Mentiría si te dijera que vine con ese sueño [el de ser artista]', admite Bianca Kovaks. (Sergio Beleña) "Mentiría si te dijera que vine con ese sueño", admite. "Supongo que, como para los inmigrantes, en general, para mí, lo primero era conseguir trabajo, luego los papeles y ya era un puntazo ahorrar dinero". "Era consciente de que tenía que seguir haciendo de extra en series, mientras trabajaba de camarera". Pero continuó actuando y entonces, una cosa llevó a la otra: porque yo hablaba en serio y la gente se reía". Y le dijeron: ‘Te tienes que dedicar a la comedia". Uno de sus chistes favoritos se basa en su experiencia al llegar a España: "La gente me decía: Ay, ¿eres rumana? Pues la chica que tengo en casa es rumana", y acabó haciendo un chiste. "Digo: pues la mía es española. A mi exjefa le iba mal, la metí en mi casa de limpiadora y para devolverle el favor, la tengo sin dar de alta". Dice que ha dejado de preocuparse por si alguien se ofende. Recuerda que alguien se molestó cuando dijo que como en Rumanía no hay personas LGTBQ en la tele, "los osos andan por la calle; es el karma". "Pero es uno entre miles". "Le doy mucha vuelta a un chiste para que se entienda". "No me meto gratuitamente con nadie", asevera. Tampoco le molesta que la presenten como "inmigrante rumana", aunque lleve más de dos décadas en España. "De hecho, creo que le he sacado un filón importante; me distingo". Y nunca quiso perder el acento. Al final, dice, "soy una inmigrante, pero es que para mí es un orgullo y también puede inspirar". Incluso hace chistes sobre ello cuando le escriben otros rumanos diciendo que pueden ser como ella, "y les digo: o no". La historia detrás del "Truco Rumano" "Truco rumano, chavales, si te compras una casa, que tu vecino sea español, ¿vale?; a él le va a bajar el valor de su casa y a ti te va a aumentar: cuando se entere de que tiene un vecino extranjero, la va a querer vender", ironiza en Instagram, el rumano con más seguidores en redes sociales de España, Valentín Olariu –conocido como "Truco Rumano"--. Sus posts comiendo bocadillos de mortadela al salir de la obra y enseñando chapucillas para reparar un picaporte, un aire acondicionado o un módem, los siguen un millón de personas en Instagram –"dos millones, en todas las redes", puntualiza—. También intercala chistes con estereotipos sobre rumanos. En 2004, con 16 años, Valentín Olariu ("Truco Rumano") llegó a Almería en autobús. Es de un pueblo de agricultores, de unos 300 habitantes, Dorneşti, en Bucovina, del norte de Rumanía, a unos 10 kilómetros de la frontera con Ucrania. Su madre les había criado sola, a él y a sus tres hermanos, trabajando en el campo; "el único trabajo que había era ese". "Todos los amigos del pueblo se iban: a Italia, Alemania, España… para trabajar". "Mi madre lloró mucho, pero entendía que, para mejorar, había que salir de ahí". Un millón de personas siguen a Valentín Olariu ('Truco Rumano') en Instagram, donde aparece comiendo bocadillos de mortadela al salir de la obra, enseñando a hacer chapuzas y con un collar de cobre. (Cedida) Olariu viajó solo y se bajó en la última parada del autocar: "Roquetas de Mar". Llevaba una libreta, con un número de teléfono –el de su hermano, que vivía en España—. Y pidió al conductor que le llamara desde su móvil. "Mi hermano creo que pensó: ‘y ahora qué hago con este". Le ayudó a encontrar trabajo con unos feriantes, "montando y desmontando atracciones, por 600 euros". En los 22 años que lleva en España, ha trabajado de feriante, de pintor, de escayolista, tuvo un bar y ahora, trabaja en carpintería metálica. Además, en sus ratos libres, es influencer. Humor y prejuicios Olariu cuenta que sus vídeos sobre el "Truco Rumano" empezaron en 2022, con una broma sobre la gasolina. Acababa de estallar la guerra de Ucrania, el gasoil estaba por las nubes, y los compañeros del trabajo le hacían bromas con que, si había robado una garrafa de gasoil a los camioneros por la noche, en el polígono. Así que un día, se grabó echando gasoil, "y jugando un poquito con lo que la gente me decía por ser rumano". "Se hizo viralísimo". "Lo subí a las 10 de la mañana, y a la hora de comer, tenía 800.000 reproducciones". Se lo habían tomado en serio. Algunos le insultaban. Primero le dio miedo, pero "te queda el gusanito" y pensó: ¿y si lo hago otra vez? Y empezó a subir vídeos, "quitando hierro a los estereotipos". Esa cuenta hoy tiene un millón de seguidores. En uno de sus vídeos más virales, con 60 millones de reproducciones, sale un amigo haciendo de estatua con un maletín. Alguien le da cinco euros y un trozo de cable de cobre, "le pongo el dinero a él y me llevo el cable y salgo corriendo". Admite que le molesta que se generalice, "si yo no he robado en mi vida y me están tachando de ladrón, porque otros han venido a hacer el mal", pero "con el tiempo, me lo he tomado un poquito con humor". "Los mismos que roban en España, roban en Rumanía". Lo de "truco rumano", le salió solo, montando un techo: "Había que soldar una viga y dije, venga que os hago un truco rumano" y "desde ahí, me decían: venga, hazte un truco rumano". A su madre no le hace tanta gracia, que en sus vídeos se muestre en la obra, sentado en un cubo, haciéndose un bocadillo. "Me dice: ¿qué va a decir la gente?" "Pero en la construcción, comemos así, ¿por qué voy a enseñar una vida que no tengo?" Al contrario, entre sus seguidores, dice que le llegan muchos mensajes con gente "harta de postureo que agradece ver a un tío normal". El ‘rumaño’ que explica "cosas típicas" Cuando empezó a crecer el número de seguidores de Alex Rosu, de 31 años –un informático que, en sus ratos libres, sube videos sobre peculiaridades de la cultura rumana en Instagram y Tik Tok– lo que más le sorprendió es "la cantidad de españoles que están con parejas rumanas o que tienen un cuñado rumano o compañeros de trabajo". Se define como "rumaño", en referencia a su media identidad rumana y la otra, maña; llegó a Zaragoza desde Rumanía, con 5 años. "Primero se vino mi padre y, al año, nos trajo a mi madre y a mí, con una carta de invitación, como se hacía antes de que Rumanía estuviese en la UE", matiza. En su casa seguían las tradiciones rumanas y "de puertas para fuera, las españolas". Así que un día se le ocurrió crear un vídeo "de cosas típicas" que hacen los rumanos. "Empezaba como: soy rumano y, por supuesto que hago esto y esto…". Lo colgó en Internet, se fue a dormir, y al día siguiente siguiente, tenía unas 200.000 visualizaciones. Y se dio cuenta de que había un interés y "tiró un poco de la exageración". Uno de sus vídeos más virales es sobre las diferencias entre el sistema estudiantil rumano y el español. También los de humor, como cuando dijo que "en Rumanía la gente conduce fatal" y, "todo el mundo en los comentarios ponía: porque no has ido a Portugal". "Creo que al ser un país que lo ha pasado peor, o se lo ha tenido que currar más, ha desarrollado un humor más negro; al final, te tienes que acabar riendo de tus desgracias".