La industria argentina del biodiésel atraviesa una fuerte crisis exportadora que derivó en la paralización de cinco de las principales plantas del país, todas ubicadas en el complejo portuario de Rosario. En el sector atribuyen el deterioro principalmente al cierre de mercados externos y piden poder participar en el mercado interno, actualmente prohibido por ley.Las exportaciones de biodiésel argentino muestran un fuerte deterioro en los últimos años. Tras alcanzar un récord de 1,757 millones de toneladas en 2011 y mantenerse durante gran parte de la década por encima del millón de toneladas anuales, el sector comenzó una marcada caída desde 2019, cuando las ventas externas fueron de 1,015 millones de toneladas. En 2020 bajaron a 605.000 toneladas y luego repuntaron parcialmente en 2021 y 2022, con volúmenes cercanos a 1,2 millones de toneladas.Sin embargo, el derrumbe se profundizó después: en 2023 las exportaciones cayeron a apenas 284.000 toneladas y en 2024 totalizaron 388.000 toneladas, uno de los niveles más bajos de los últimos 15 años. La tendencia continúa en 2025, cuando las exportaciones sumaron 273.386 toneladas sobre una producción de 972.202 toneladas, mientras que en el primer trimestre de 2026 apenas alcanzaron 30.360 toneladas.Estados Unidos dejó de importar biodiésel argentino años atrás, en 2017, debido a barreras arancelarias que superan el 130% impuestas en la anterior administración de Donald Trump. Y actualmente existe preocupación por posibles restricciones de la Unión Europea vinculadas a exigencias ambientales y trazabilidad de la soja.El presidente de la CIARA-CEC, Gustavo Idígoras, explicó a Clarín Rural que durante buena parte de 2025 Europa dejó de ser un mercado atractivo para el biodiésel argentino. “Tenemos una cuota de 1,2 millones de toneladas al año, pero el valor del biodiésel de soja no podía competir con otros productos”, afirmó.Según detalló, el mercado europeo se vio inundado por combustibles elaborados a partir de residuos oleaginosos y sebo bovino provenientes de China, que ingresaban con precios mucho más competitivos. “Ahora esos productos quedaron afuera porque Europa inició investigaciones por dumping y el mercado volvió a ser interesante”, señaló.Idígoras sostuvo que el reciente aumento global del gasoil volvió más competitivo al biodiésel argentino, pero advirtió que aparecieron nuevas trabas regulatorias. “Europa ya publicó el borrador de norma sobre cambio indirecto del uso de la tierra (ILUC), castigando a todos los productores de soja del mundo. Es una clara medida paraarancelaria”, afirmó.Según indicó, la preocupación es que los importadores europeos eviten comprar biodiésel argentino ante futuras restricciones vinculadas al impacto ambiental de la producción de soja.En ese contexto hoy permanecen paralizadas las plantas de Cargill, Cofco, LDC, T6, (sociedad entre AGD y Bunge), Renova y Vicentin. En conjunto poseen una capacidad de producción anual de 2,2 millones de toneladas.🇦🇷 En el corazón agroindustrial del país, una de las plantas de biodiésel más grandes del mundo está cerrada.El motivo: una ley local que impide comercializar biodiésel argentino de alta calidad a precio competitivo.Argentina necesita importar un gasoil que pueden brindar… pic.twitter.com/BZOCrqsK4S— Cámara de la Industria Aceitera Argentina (CIARA) (@CamaraAceites) May 17, 2026