Maribel Vilaplana (Muro de Alcoi, 1975), licenciada en Ciencias de la Información, es quizás y muy a su pesar, una de las pocas personas que conoce toda la verdad sobre lo que hizo el presidente del Gobierno valenciano, Carlos Mazón, desde que entró al Ventorro el día de la trágica dana que dejó 230 fallecidos.
De forma involuntaria, puesto que nada tuvo que ver con la desastrosa gestión de aquella jornada, se convirtió en un testimonio clave para esclarecer las dudas que persisten sobre los pasos del expresidente, máxime tras los innumerables cambios de versión que ha habido sobre el famoso ágape y sobre su paradero hasta que poco antes de las 19.47 horas se despidieron en el parking de la Glorieta y en torno a las 20.00 horas llegó al Palau de la Generalitat para subirse al coche oficial y dirigirse al Centro de Coordinación Operativa Integrado (Cecopi), cuando ya había decenas de fallecidos.
Un año y medio después de la riada, sigue habiendo dudas avivadas por la ausencia de explicaciones claras del exjefe del Consell, por su negativa, hasta en tres ocasiones, a declarar voluntariamente ante la jueza y a aportar pruebas clave como su listado oficial de llamadas o sus mensajes de WhatsApp. Una negativa que tendrá fecha de caducidad puesto que, a falta de fecha concreta, está citado a declarar en calidad de testigo y por lo tanto con obligación a decir a la verdad.










