La primera frase que escuchan muchos aspirantes a superestrella en Corea del Sur cuando entran en una agencia para artistas no tiene nada que ver con la m�sica. �Sois productos�, les espetan sin rodeos. As� lo cuentan Hark Joon Lee, cineasta y productor de televisi�n, y Dal Yong Jin, profesor de Comunicaci�n en la Universidad Simon Fraser, en K-pop idols: c�mo se fabrica un g�nero global (Malpaso Ediciones), un ensayo crud�simo e impactante sobre los entresijos de la mayor maquinaria de fabricaci�n de �dolos del planeta. En sus p�ginas, nos adentramos en una industria herm�tica y multimillonaria que ha convertido Corea en una superpotencia cultural global. Tambi�n en un vertedero de denuncias por explotaci�n y presi�n psicol�gica sobre los j�venes artistas.�En Occidente, cuando se dice que algo est� fabricado, se entiende autom�ticamente como algo falso�, explica Jin en conversaci�n a trav�s de Zoom. �Pero la verdadera pregunta no es si el K-pop est� manufacturado. La cuesti�n es si la creatividad y la emoci�n humanas pueden sobrevivir dentro de un sistema tan organizado. Y creemos que s�. Por eso el K-pop resulta tan fascinante�. M�s que un g�nero musical, el K-pop representa hoy la herramienta de poder blando y diplomacia m�s importante del pa�s asi�tico junto a la producci�n de K-dramas, las populares telenovelas coreanas. Un fen�meno que ha pasado del pelotazo del Gangnam Stylede PSY en 2012 a llevar al grupo BTS a la Asamblea General de la ONU. Su gira mundial de regreso -despu�s de que sus miembros hayan cumplido el servicio militar- promete convertirse en una de las m�s lucrativas de la historia, rivalizando con el Eras Tour de Taylor Swift: 80 conciertos en 34 ciudades, entre las que se cuenta Madrid, con una estimaci�n de ingresos superior a los 1.800 millones de d�lares.Para saber m�sPero detr�s de toda la espectacularidad y la fanfarria, el K-pop fomenta un sistema de entrenamiento feroz que fagocita a decenas de artistas. A diferencia de la imagen rom�ntica del m�sico como creador aut�nomo, el sistema idol coreano se basa en un modelo industrial en el que la celebridad se planifica mucho antes del debut. Los aspirantes a estrellas se convierten en mercanc�as culturales: productos dise�ados, gestionados y comercializados dentro de una l�gica empresarial global. Algo as� como una cadena de montaje fordista aplicada al entretenimiento. �El objetivo nunca ha sido �nicamente formar artistas talentosos, sino crear figuras vendibles capaces de atraer audiencias internacionales�, concuerdan los autores.Lee lo sabe bien. Hace 15 a�os se infiltr� durante meses en el interior de la banda femenina Nine Muses para rodar un documental convertido en obra de referencia para entender el reverso de la industria. Lo que encontr� fue una mezcla de ambici�n, agotamiento y miedo constante al reemplazo. Confiesa que, hasta hace poco, era incapaz de disfrutar de los hits de K-pop que escuchaba en la radio sin evocar �esa experiencia de pesadilla�.�Al principio pens� que era un sistema muy cruel�, recuerda. �Los aspirantes sacrificaban pr�cticamente toda su adolescencia. Entrenaban durante siete u ocho a�os sabiendo que quiz� nunca se subir�an a un gran escenario. Solo un porcentaje m�nimo lo consigue, pero aun as� aceptan ese sacrificio porque entienden perfectamente c�mo funciona la industria y quieren triunfar�."El objetivo nunca ha sido �nicamente formar artistas talentosos, sino crear figuras vendibles capaces de atraer audiencias internacionales"Durante a�os, las grandes agencias surcoreanas perfeccionaron una l�gica de producci�n de estrellas basada en el entrenamiento intensivo. Ni�os y adolescentes eran seleccionados en castings masivos y sometidos despu�s a largos per�odos de formaci�n. Rutinas extenuantes de canto, baile, idiomas, control de imagen y relaciones p�blicas... Sus atiborrad�simas agendas se asemejaban a las de los deportistas de �lite, bajo la incierta promesa de alcanzar el �xito m�s pronto que tarde.La mayor�a jam�s lleg� a debutar.�En Occidente no existe realmente un sistema comparable�, sostiene Jin. �Corea y Jap�n desarrollaron modelos de entrenamiento muy espec�ficos. En Europa o Estados Unidos se buscan artistas ya formados o descubiertos a trav�s de concursos, o de series de televisi�n como es el caso de Disney, pero no existe esta idea de moldear a adolescentes dentro de una estructura empresarial tan r�gida�.Ese sistema, se�alan, ha cambiado parcialmente en los �ltimos tiempos gracias a los realities y programas de talentos. Hoy el proceso de fabricaci�n ya no es clandestino: el p�blico ve a los futuros idols competir, sufrir y derrumbarse antes incluso de debutar. La maquinaria ha derivado en espect�culo. El ejemplo m�s reciente es La academia del pop, serie documental de la plataforma Netflix en la que 20 aspirantes se someten a la exigente metodolog�a del K-pop para formar el grupo femenino KATSEYE. �Los fans no solo conectan con la perfecci�n�, dice Lee. �Tambi�n conectan con las l�grimas, la vulnerabilidad y las imperfecciones. Ah� sigue habiendo humanidad�.El grupo musical BTS, tras actuar en el show de Jimmy Fallon, de la NBC.TODD OWYOUNG / GETTYMientras la industria japonesa trataba de proteger celosamente sus contenidos, Corea entendi� muy pronto que la viralidad en internet pod�a ser mucho m�s rentable que el control. �Corea decidi� liberar r�pidamente sus contenidos en plataformas digitales porque quer�a generar impacto global inmediato. No pod�an esperar a que la gente se lanzase a comprar ced�s y entradas para las giras de conciertos si las canciones no estaban en Spotify�, argumenta Jin. �El K-pop probablemente representa el mejor ejemplo de celebridades completamente nativas digitales�.Y es que los �dolos ya no venden solo canciones, sino acceso permanente a sus vidas. Es la en�sima metamorfosis de la trituradora del K-pop: directos en redes sociales, v�deos dom�sticos, mensajes de chat diarios y una sensaci�n de intimidad sint�tica con millones de fans gracias a la inteligencia artificial. Compa��as como HYBE o plataformas como Bubble o Weverse han transformado esa cercan�a en una sofisticada f�rmula de relaci�n parasocial. �Ya no es solo entretenimiento. Los fans no solo escuchan m�sica. Generan y traducen contenidos, crean v�deos, dise�an coreograf�as, construyen amistades y comunidades enteras alrededor de los grupos�, resume Lee. �Los fandoms tienen su propia est�tica y su jerga para comunicarse, como cualquier tribu urbana. Se ha convertido en una experiencia social sin l�mites�."Muchos empiezan a entrenar siendo muy j�venes y necesitan protecci�n. El futuro del K-pop deber�a ser m�s �tico, m�s sostenible y m�s respetuoso"Pero toda esa maquinaria tiene un coste psicol�gico evidente. Los suicidios de estrellas como Jonghyun, Sulli, Goo Hara o Moonbin son s�mbolos tr�gicos de una industria acusada durante a�os de empujar a los artistas al abismo. �Existe un peligro real de autodestrucci�n emocional�, reconoce Jin. �Muchos empiezan a entrenar siendo muy j�venes y necesitan protecci�n. El futuro del K-pop deber�a ser m�s �tico, m�s sostenible y m�s respetuoso con los artistas�.El cineasta y productor cree que algo est� cambiando, aunque lentamente: �Hace 15 a�os, muchos �dolos aceptaban casi sin cuestionarlo que eran mercanc�as. Ahora muchos son m�s conscientes de s� mismos y de sus derechos. Empiezan a verse no solo como artistas, sino tambi�n como personas�.Ambos mencionan la aparici�n de psic�logos dentro de las agencias y nuevas regulaciones impulsadas por el Gobierno surcoreano tras los diversos esc�ndalos p�blicos. Pero admiten que el n�cleo competitivo del sistema sigue intacto. El K-pop no es sino un reflejo directo de Corea: de su acelerado desarrollo econ�mico, de su obsesi�n por el rendimiento y de una cultura marcada por la competitividad extrema. �Muestra la disciplina, la velocidad y la tecnolog�a de Corea�, dice Lee. �Pero tambi�n refleja la presi�n, la competencia y el deseo constante de �xito�.Jin recuerda que Estados Unidos y Europa tambi�n poseen industrias musicales profundamente industrializadas, aunque menos transparentes en sus mecanismos de fabricaci�n. �Toda la m�sica pop est� conectada con la industria del marketing. Es una realidad incontestable. La diferencia es que en Corea el sistema es mucho m�s monitorizable�, insiste.La frontera entre artista y producto se vuelve todav�a m�s difusa en el caso de los grupos femeninos, cuyas componentes son sometidas a est�ndares f�sicos imposibles. Pero ambos autores creen que la hipersexualizaci�n ya afecta pr�cticamente a todos los artistas. �La industria convierte los cuerpos en mercanc�as independientemente del g�nero�, afirma Jin. �Antes la presi�n reca�a sobre todo en las mujeres, pero ahora tambi�n son muy estrictos con la apariencia de los grupos masculinos�.El futuro del K-pop ya no est�, sin embargo, en las personas. Lo est� en los �dolos virtuales. Lee cuenta que incluso �l se sorprendi� al comprobar hasta qu� punto las nuevas generaciones aceptan con total naturalidad artistas digitales ficticios. Menciona el fen�meno de Las guerreras K-pop, pel�cula de animaci�n galardonada con dos Oscar y cuya canci�n Golden fue la primera del g�nero en ganar un Grammy en toda la historia.�Mi hija tiene 12 a�os y consume idols virtuales con absoluta normalidad�, comenta entre risas. �Le pregunt� si le gustaba EJAE, la cantante real de HUNTR/X, y me respondi�: 'No, prefiero la virtual'. Para su generaci�n, esa diferencia ya no es tan importante�. La cuesti�n, a�ade, �no es si el �dolo es real o virtual. Lo importante es que la emoci�n y la narrativa funcionen�."Cuando los presidentes surcoreanos acuden a cumbres internacionales, quieren llevar consigo a artistas como BTS o G-Dragon"La pregunta inevitable es entonces cu�nto hay de autenticidad y cu�nto de manipulaci�n en todo ese ecosistema. Y la respuesta nunca es simple. Los autores insisten varias veces en que el fandom no puede reducirse �nicamente a explotaci�n comercial. �Muchos fans encuentran esperanza, alivio y compa��a en el K-pop�, asegura el profesor. �Las canciones y las actuaciones les ayudan a escapar moment�neamente de sus propios problemas�.Los autores explican que el K-pop no ha conquistado el mundo solo porque Corea del Sur aprendiera a fabricar estrellas perfectas, sino porque entendi� antes que nadie c�mo convertir las emociones en infraestructura. Y esa capacidad lo ha elevado a pilar fundamental dentro de su estrategia geopol�tica. Los gobiernos lo saben. Las grandes corporaciones, tambi�n. �Cuando los presidentes surcoreanos acuden a cumbres internacionales, quieren llevar consigo a artistas como BTS o G-Dragon�, se�ala Jin. �Entienden que son fundamentales para ganar los corazones de las generaciones j�venes�.Aun as�, ambos rechazan la idea de que Corea vaya a ocupar eternamente el centro cultural global. Lee recuerda una conversaci�n con un famoso compositor coreano que le dej� marcado: �No debemos pecar de ego. Antes el mundo consum�a cultura estadounidense, japonesa o hongkonesa. Ahora es el momento del K-pop. Pero despu�s llegar�n otros�.
Ambici�n, miedo y suicidios en la f�brica de talentos del K-pop: "Existe un peligro real de autodestrucci�n emocional"
La primera frase que escuchan muchos aspirantes a superestrella en Corea del Sur cuando entran en una agencia para artistas no tiene nada que ver con la m�sica. «Sois...








