"Proteja a la naci�n de la infiltraci�n", se lee en un cartel premonitorio apenas arranca Hope. La advertencia, que en verdad quiere ser una proclama pol�tica coreana del sur, llega tarde. Los aliens, que no los vecinos comunistas del otro lado, ya han desembarcado. Y lo han hecho con todos los honores tanto en la esperada nueva pel�cula del director coreano Na Hong-jin, que vuelve al cine tras 10 a�os de silencio despu�s de su obra maestra El extra�o, como en la sagrada cuna del cine de autor que es Cannes. Contra todo pron�stico, y en plena secci�n oficial a competici�n, una acelerad�sima pel�cula de monstruos, que tambi�n lo es de alien�genas, que tambi�n lo es (y sobre todo) de acci�n, que tambi�n es comedia y que, por qu� no, tambi�n es disparate perfectamente autoconsciente. Es decir, un sacrilegio como dios manda. Se quiera o no, una pel�cula de culto ratonera y con unos efectos digitales cuanto menos mejorables acaba de llegar para quedarse. En efecto, es ya tarde para protegerse de la invasi�n.Hasta que lleg� Na Hong-jin, los g�neros cinematogr�ficos eran lo que eran y los que eran. Y no eran pocos. Que si acci�n, que si aventura, que si drama, que si terror, que si ciencia-ficci�n, que si fantas�a, que si western... y que si quieres arroz, Catalina. Pero, como el anillo que los gobierna a todos, el cine de este coreano furiosamente inclasificable existe para el desconcierto, el frenes� y, por qu� no, la realidad trans. En una primera aproximaci�n quiz� banal, las clasificaciones por g�nero cumplen el doble prop�sito de orientar al espectador y, de paso, economizar y agilizar la narraci�n. Cada uno de esos espacios estancos dispone de unas reglas compartidas y asumidas por todos que, sin necesidad de indicaci�n o desarrollo alguno, generan expectativas, adelantan emociones y hacen salivar la retina justo antes de la sorpresa. Pero �qu� ocurrir�a si se desmontara el mecanismo y nos diera por cruzar los cables? Y eso es exactamente lo que ha hecho Na Hong-jin.Hope es b�sicamente un febril y feliz experimento convencido del placer del caos, de la virtud de lo imprevisible. Sobre el papel es una pel�cula de monstruos y supervivencia. Sobre la pantalla es a�n m�s sencillo: es una provocaci�n donde los monstruos monstr�an y los dem�s se limitan a hacer lo que pueden mientras corren y disparan. Sin parar un segundo. Toda la pel�cula, de hecho, se estructura en torno a dos secuencias de acci�n infinitas. La primera discurre en una ciudad y dura casi una hora y la segunda sucede en el campo y m�s de 45 minutos los cumple. El total es de dos horas y 40 minutos que equivalen a un simple suspiro. Gozosa sin duda. Se goza, eso s�, con algo de sentimiento de culpa, pero se goza. Y de qu� manera. Con un reparto en el que destacan el polic�a al que encarna Hwang Jung-min (al que ya vimos en El extra�o) y la en�rgica y resuelta justiciera encarnada por Jung Ho-yeon --y por donde aparecen irreconocibles en sus caretas de extraterrestres, atentos, Alicia Vikander y Michael Fassbender--, Hope discurre por la pantalla al galope (y no es met�fora) y siempre en l�nea recta. Digamos que el director deja de lado la exploraci�n barroca e iluminada que llev� a cabo en su celebrada pel�cula anterior, empe�ado en transcender la intriga policial acerc�ndola a enigmas de inspiraci�n sobrenatural habitados por fantasmas, zombis y hasta criaturas demoniacas, para simplemente correr. Y de qu� manera. Lo que s� se mantiene inc�lume es esa insistencia por viajar desde la comedia (memorable el cuento del anciano que fue a hacer de vientre) al western sin renunciar a la tragedia interplanetaria para proponer una aventura descarnada en la que solo importa la liturgia del movimiento, del cine como explosi�n y montaje, del placer sin tiempo. Toda la cinta se experimenta y se ve como una agresi�n al buen gusto, como un espasmo, como un monumento a los efectos CGI de otro tiempo y hasta como una irrenunciable impostura. Nada es predecible en un ejercicio de cine demente y, lo m�s visible, feliz. �Y que hace una pel�cula como �sta en la secci�n oficial de un festival como �ste? Respuesta: un brillante y gozoso cortocircuito. La invasi�n nos ha alcanzado.Adele Exarchopoulos y Sara Giraudeau en la presentaci�n de Garance.OLIVIER CHASSIGNOLEAFPGarance: El drama del alcohol y el de los guiones sin graduaci�n (**)Al cine franc�s le ocurre un poco como a los de una ciudad, dicen, del norte de Espa�a. Que pueden nacer donde les venga en gana. De las 23 pel�culas en la competici�n, seis est�n dirigidas por una francesa o un franc�s. Y sin embargo, el n�mero de pel�culas galas (es decir, con Francia como principal productor) llega hasta 10. No hace falta ser de ciencias para sacar la conclusi�n m�s evidente, adem�s de francesa: si hay que apostar por una nacionalidad para hacerse con la Palma de Oro, yo no lo har�a por Italia (este a�o, ni una). El jueves fue algo as� como el paradigma de lo anterior. Se presentaron dos pel�culas, las dos francesas, una dirigida por el h�ngaro Laszlo Nemes y la otra por Jeanne Herry, que es francesa. Y ya es mala punter�a, pese a lo mucho prometido, ninguna pareci� dar en la diana.La primera de ellas lleg� con todas las esperanzas cosidas a su nombre. Garance (Another Day, seg�n el t�tulo internacional en ingl�s) es como se llama la pel�cula, la protagonista y, lo m�s importante, el personaje inolvidable de Los ni�os del para�so (1945) de Marcel Carn� y al que daba vida Arletty. Jeanne Herry --h�bil, perspicaz y convincente directora siempre atenta a las fracturas de la sociedad y con t�tulos en su haber tan notables como En buenas manos o Las dos caras de la justicia-- propone ahora una historia de superaci�n que tambi�n lo es de redenci�n. La protagonista, a la que da vida Ad�le Exarchopoulos con una convicci�n y energ�a a salvo de dudas, es una joven actriz alcoh�lica a brazo partido contra los laberintos y abismos de su adicci�n.A su favor conviene decir que est� en la intenci�n de la pel�cula darle la vuelta a muchos de los lugares comunes inscritos a fuego en la retina del espectador merced a pel�culas como D�as sin huella (Billy Wilder, 1945), D�as de vino y rosas (Blake Edwards, 1962) o, por qu� no, Leaving Las Vegas (Mike Figgis, 1995). Y ello porque se trata de una mujer y, despu�s, porque la pel�cula no renuncia ni a la comedia ni la romance ni a la comedia rom�ntica pese a hundirse hasta las cejas en el barro de la tragedia. Solo por eso (y por el t�tulo), la propuesta de Herry deber�a mantenerse a salvo. Sin embargo, y para desesperaci�n de todos, en su af�n por llevar la contraria a clich�s y tremendismos, pronto Garance se deja arrastrar por una marea de buenos sentimientos tan libre de control como sencillamente inveros�mil. Y as�, el guion, un dechado de buenas intenciones, alterna lo err�tico con lo arbitrario (sin descuidar el melodrama mal entendido) con una liberalidad completamente in�dita en una filmograf�a, la de la directora, esencialmente rigurosa. Eso s�, Exarchopoulos, una vez m�s, resiste en cada una de sus resacas, que son muchas, muy por encima del h�gado de su personaje. Es as�.Laszlo Nemes, Gilles Lellouchey Alain Goldman en la presentaci�n de Moulin.THIBAUD MORITZAFPMoulin: la Resistencia otra vez y casi como siempre (**)Qui�n sabe si como respuesta avant-la-lettre, que dicen por aqu�, a la pel�cula reci�n estrenada en Francia Les rayons et les ombres, de Xavier Giannoli, es por lo que existe Moulin. La primera, que ya han visto y celebrado m�s de un mill�n de espectadores, se muestra complaciente o comprensiva o simplemente indulgente con el colaboracionista, tr�mite Vichy, con el r�gimen nazi Jean Luchaire. La otra, la reci�n presentada en Cannes, simplemente recupera perfecta la mitolog�a heroica del resistente en su m�s ortodoxa, e interesada incluso, integridad. A un lado confrontaciones, lo cierto es que la propuesta del h�ngaro Laszlo Nemes resulta visualmente apabullante. Y solo por eso --y un poco por lo dem�s, la verdad-- gana. Pero no se trata de eso.Digamos que el director de El hijo de Sa�l (2005) abandona (aunque solo en parte) el libro de estilo que ha presidido y perseguido su obra desde su �pera prima adem�s de obra maestra. Por primera vez, no insiste en el mecanismo claustrof�bico a machamartillo de acosar a sus personajes como hiciera en la confusa Atardecer y en la explosiva Orphan. Ahora todo es m�s pautado, menos enfebrecido, m�s estilizado, hay m�s distancia. La c�mara se vuelve a colocar tan cerca que se dir�a dentro de la tragedia, pero sin ahogarse.Se cuenta la historia de Jean Moulin (Gilles Lellouche), encargado de unificar a los combatientes de la Resistencia bajo el mando �nico de De Gaulle. Y as� hasta que es traicionado y entregado a la Gestapo en Lyon, dirigida por el despiadado Klaus Barbie (Lars Eidinger). Lo que sigue es una pel�cula que no admite ni matices ni circunloquios. Toda ella se encuentra detenida en el perturbador mecanismo de tortura para hacer que el resistente deje de resistir. La puesta en escena, tan brutal como ag�nica, es la carga de la prueba y raz�n de ser de una propuesta que, de otro modo, volver�a a ser la misma historia de siempre. Pero, la verdad, se antoja insuficiente. Desasistido de un libreto solvente, Moulin simplemente repite t�picos, reduce sus personajes a clich�s (del bueno buen�simo al malo mal�simo y al rev�s) y se pliega a los imperativos del cine de prestigio con una docilidad que nadie habr�a siquiera imaginado en un director tan furioso como Nemes, el h�ngaro, que no el franc�s. Es decir, Moulin tampoco. Menos mal que Hamaguchi es de esos franceses que le dio en nacer donde quiso... de Jap�n.Y as� las cosas, atentos a la invasi�n que se avecina con Hope.
Hope: Fiebre y furia en un Cannes feliz con sus cables cruzados (***)
"Proteja a la naci�n de la infiltraci�n", se lee en un cartel premonitorio apenas arranca Hope. La advertencia, que en verdad quiere ser una proclama pol�tica coreana...










