Andalucía ya no vota como antes. La segunda comunidad más extensa de España, que peleó por el máximo nivel de autogobierno en las calles y está reconocida como nacionalidad histórica en su estatuto, ha descrito giros electorales a veces sorprendentes. Pasó de refrendar al PSOE-A por más del 50% de los votos a darle el poder al PP en su peor resultado en 35 años. Cuatro expertos en ciencias políticas y sociología de Andalucía explican con apoyo de los datos las peculiaridades electorales de una tierra con 8,7 millones de habitantes que suele adelantar las tendencias de voto de toda España.Los andaluces estrenaron su autonomía con tres aplastantes mayorías absolutas del PSOE, que llegó incluso a superar el 50% de los sufragios, y se mantuvo en el poder más de tres décadas, aunque algunas legislaturas necesitó de las muletas del ahora extinto Partido Andalucista y de Izquierda Unida. El Partido Socialista llegó a gobernar 10 legislaturas consecutivas, y uno de sus presidentes, Manuel Chaves, estuvo más de 18 años en el poder. Sin embargo, desde hace más de 20 años el PSOE no ha dejado de perder representación elección tras elección, hasta el punto de que el PP incluso le ganó las elecciones en 2012, aunque entonces no pudo investir presidente y gobernar. El vuelco de verdad se produjo en 2018, cuando, sorprendentemente, con el segundo peor resultado de su historia, los populares andaluces sí consiguieron sumar con Ciudadanos y un Vox —que irrumpía por primera vez— para alcanzar la presidencia y conformar con Ciudadanos un Ejecutivo. Hubo que esperar cuatro años después, a 2022, para que el PP estrenase su única mayoría absoluta hasta la fecha y los socialistas se hundieran como nunca antes. ¿Cómo pasó una comunidad tan socialista a ser popular? La brecha generacional entre hijos y padres o abuelos puede explicarlo en gran medida. “Nuestros estudios han comprobado un viraje muy importante en las lealtades partidistas familiares. Había mucha lealtad a los padres y el lugar socioeconómico también era determinante, que explicaba el anclaje de voto al PSOE”, cuenta Ángel Cazorla, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Granada. Sin embargo, “en los últimos años, ese voto, que era de posición social por un lado y familiar por otro, se ha roto. Los jóvenes son un elemento diferencial”, han cruzado “una línea que era infranqueable: venir de un entorno de voto de izquierdas y votar al PP”. “El fenómeno se materializa con la llegada de Juan Manuel Moreno, con el que se identifican más por algo menos ideológico y más sereno, frente al voto ideológico tradicional”, explica Cazorla. El año 2018 fue clave, porque se registró una “abstención punitiva” al PSOE de jóvenes y mayores, pero en los siguientes comicios, muchos de los más jóvenes se sintieron liberados del voto familiar y les fue más fácil “saltar la valla” a la derecha. La abstención evitó, además, que aquellos antiguos votos socialistas se convirtieran en votos a la izquierda del PSOE. En 2022, Ciudadanos, que llegó a cogobernar la Junta, desaparece. “La desintegración electoral de Ciudadanos obligó a ese voto —que había ido al liberalismo moderado— a recolocarse. El PP se comenzó a recuperar con un realineamiento donde la gente del centro liberal, pero también muchos jóvenes ya no alineados, votaron al PP", explica Cazorla. Nietos frente a abuelosAquella ruptura de esquemas parece confirmarse este 2026. “Los tramos de población más jóvenes andaluces ya manifiestan un comportamiento sensiblemente diferenciado de sus abuelos, y especialmente de la población mayor de 50 años”. Lo cuenta Juan Montabes, catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la universidad granadina. Según el CIS del 30 de abril, mientras en voto directo los andaluces declaran que un 8% votaría a Vox, los más jóvenes (hasta 24 años) doblarían ese porcentaje, más del 15%. En cambio, “de 55 a 74 años lo votarían tres veces menos”.En el caso del PP, los más jóvenes son los que menos votarían frente a todos sus mayores, que en algún caso casi los doblarían. El PSOE obtendría sus porcentajes más bajos en los tres tramos de edad más jóvenes (aproximadamente el 15%), mientras que a partir de los 45 años estaría entre el 20% y 32,5%. “En sentido contrario ocurriría en Adelante Andalucía, donde su voto iría descendiendo según se va aumentando la edad, mientras que Por Andalucía muestra una evolución por tramos de edad más parecida a la del PSOE”, aclara el catedrático de Granada.El fin de la ‘paradoja de la satisfacción’El desgaste del PSOE no solo rompió una hegemonía política: rompió una cultura emocional del voto en Andalucía. “Andalucía estaba tan mal al principio de la democracia que todo lo que se consiguió fueron ganancias que se le atribuyeron al PSOE”, explica el profesor Cazorla. Ese agradecimiento colectivo evitaba la crítica sobre los problemas pendientes de resolver. Era la paradoja de la satisfacción que acuñó el sociólogo Manuel Pérez Yruela. “Esa paradoja se rompió porque los andaluces se dieron cuenta de que podrían tener más de lo que han tenido y sus expectativas no se han visto colmadas”. ¿Entonces? “Hemos pasado de esa paradoja a las emociones, una clave muy distintiva de los andaluces”, aclara. “Votaron contra todo pronóstico: primero castigando a su propio partido y luego apoyando a un líder —Moreno— impensable hace 15 años y que no entraba en el esquema clásico progresista, en el que el voto a la derecha era poco más que un ‘que vienen los indios". El candidato a la reelección ha conseguido que votar a la derecha deje de sentirse como una ruptura identitaria en Andalucía. “El voto es en clave emocional: [la figura de Moreno] elimina las emociones de ansiedad y de aversión, no despierta entusiasmo, pero sobre todo no genera rechazo”, explica el profesor de la universidad granadina, que investiga precisamente el peso de las emociones en política. “Él no quiere lío”. Si vota más gente, la noche se complicaSi este 17M se observara un incremento de movilización por encima de los 5 o 10 puntos, “puede ser una noche larga”, advierte José Manuel Trujillo, profesor de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. “A priori, cabría esperar que eso beneficiara los intereses de los partidos de izquierda, pero si con ese incremento el PP llega a mantener o incrementar la mayoría absoluta, eso podría ser sintomático de un trasvase de voto más intenso desde el bloque de izquierda que lo que se ha proyectado hasta el momento”.“Una participación electoral por debajo del 60% no alteraría prácticamente los resultados anteriores, mientras que cuanto más se aproxime a ese 60% se podrían introducir sensibles modificaciones”, completa Montabes, que preside la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración.“Un incremento en Jaén o Sevilla, tradicionalmente graneros del PSOE, no tiene que ser necesariamente por un mejor resultado de ese partido”, pero “una mayor abstención en feudos del PP como Almería o Málaga sí que pueden alejarlo de conseguir la [mayoría] absoluta”, ilustra Trujillo con cautela. Cuidado también con comparar los avances de participación con los de 2022, porque aquellas elecciones se celebraron un 19 de junio, ya en verano. “Seguramente muchos electores y electoras eligieran una hora de votación para ajustarla a una jornada de mucho calor o incluso con su ocio”. Este 2026, pues, habrá que esperar “casi al cierre de los colegios para tener tendencias más nítidas”, advierte el profesor de la universidad sevillana.En general, Andalucía vota algo más en sus autonómicas (de media, un 66,3%) que el conjunto de los españoles en ese tipo de comicios (62,5%). En el resto de elecciones —municipales, generales, europeas—, los andaluces suelen participar algo menos que el conjunto de España. “El voto se activa con las generales en Andalucía. La diferencia es contundente. En las cinco autonómicas celebradas junto a generales la participación nunca bajó del 68% e incluso alcanzó su máximo histórico en el 96, con un 78,40%. Frente a ello, el dato más bajo se produjo en el 90, cuando casi la mitad del electorado se abstuvo”, aclara Montabe.Entre la Junta y La MoncloaNo existe un consenso definitivo sobre si los andaluces votan en clave autonómica o estatal. “Generalmente se mezclan las dos dinámicas y es difícil discernir”, mantiene Trujillo. “Creo que un buen ejemplo de ello es el tema del empleo: cuando hay buenos o malos datos en Andalucía, ¿de quién es la responsabilidad en términos políticos, de quién hace las reformas para todo el país, incluyendo a Andalucía, o de que sea la Junta la que favorezca condiciones para que eso ocurra?”, se pregunta.El profesor Jaime Aja, que dirige el Máster en Dirección y Gobierno de las Administraciones Públicas de la Universidad de Córdoba, cree que “el electorado distingue cada vez más y, además, está más informado”. “Claramente diferencia las competencias de cada administración. En las encuestas, cuando se pregunta por los principales problemas, se identifica perfectamente que la sanidad es una competencia autonómica y que la vivienda también depende en gran medida de las comunidades”.El presidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo (izquierda), y los 11 consejeros del primer Gobierno autónomo andaluz, juran sus cargos en Sevilla el 3 de agosto de 1982.
De la Andalucía roja a la azul: así se comporta en elecciones la comunidad más poblada
Los andaluces han pasado de conceder rotundas mayorías a los socialistas a darle el poder al PP cuando cosechó uno de sus peores resultados










