Cuando el 26 de junio de 2017 el portaviones Queen Elizabeth sali� al mar por primera vez, llevaba unas 2.000 toneladas de planchas de acero fabricadas en la planta sider�rgica de Scunthorpe. Algo m�s de dos a�os despu�s, su gemelo el Pr�ncipe de Gales hizo lo mismo. Pero sin acero de Scunthorpe. Las 2.000 toneladas hab�an sido importadas de Suecia."Tuvieron que traer el acero de Suecia porque en Scunthorpe hab�an cerrado la planta de fabricaci�n de planchas de acero", explica a EL MUNDO Martin Foster, que entr� a trabajar en la siderurgia de Scunthrope en 1978, cuando ten�a 16 a�os. "Hoy, en todo el Reino Unido, no queda ni una sola planta que fabrique planchas de acero. La �ltima que quedaba, la de Liberty Steel, no trabaja desde hace un a�o, porque est� en suspensi�n de pagos y el Estado se ha tenido que hacer cargo de ella", reflexiona Foster, que es el delegado sindical del sindicato Unite, el segundo m�s grande de la f�brica.Tras �l, en la distancia, est�n en fila india, de Norte a Sur, las siluetas de los cuatro �ltimos altos hornos del Reino Unido. Cada uno tiene nombre de una reina. "Victoria, Anne, Bess [diminutivo cari�oso de Elizabeth], y Mary", recita Foster. En realidad solo funciona Anne. Bess est� en proceso de mantenimiento. Victoria y Mary llevan a�os apagados. Y una vez que se desactiva un alto horno es pr�cticamente imposible volver a hacer que funcione. Sale m�s rentable tirarlo y hacer uno nuevo.A solo 180 kil�metros en l�nea recta del pueblo de Coalbrookdale, donde Abraham Darby levant� en 1709 el primer alto horno moderno, Anne y Bess son, hoy, los dos �ltimos del Reino Unido. Su salvaci�n ha movilizado al propio primer ministro brit�nico, Keir Starmer, que el pasado lunes declar� desde su residencia oficial en Downing Street: "En Scunthorpe hemos estado negociando con el actual due�o [de la empresa]. No ha sido posible encontrar un comprador privado. As� que puedo anunciar que esta semana ser� presentada legislaci�n para dar al Gobierno el poder de tomar pleno control de British Steel". La f�brica de Scunthorpe es la pr�ctica totalidad de los activos de British Steel.Martin Foster, jefe del sindicato Unite en la planta de British Steel en Scunthorpe.PABLO PARDOCONTROL ESTATALEn realidad, la planta ya est� siendo operada por el Estado. En abril del a�o pasado, le estaba costando 700.000 libras (800.000 euros) diarios a su due�a, el grupo chino Jingye, que decidi� s�bitamente dejar de comprar material para mantener a Bess y a Anne en funcionamiento.En Londres cundi� el p�nico. El Parlamento se reuni� un s�bado y acord� intervenir la empresa. La gesti�n es controlada por Londres, que tambi�n carga con los costes operativos por medio de lo que legalmente es un cr�dito, pero en la pr�ctica es, simplemente, hacer que el contribuyente corra con los costes. Por ahora, la factura para el Estado supera los 300 millones de libras (350 millones de euros).Hay tres razones que explican el intervencionismo de Starmer. En primer lugar, el orgullo nacional; si Scunthorpe cierra, el Reino Unido se convertir� en el �nico pa�s del G-7 sin altos hornos. En segundo t�rmino, por la seguridad nacional: comprar las planchas del Prince of Wales a Suecia es una estrategia l�gica desde el punto de vista econ�mico, pero hay consenso en que es necesario mantener cierta capacidad de producci�n de acero dentro del pa�s, especialmente en un mundo en el que la vulnerabilidad de las cadenas de suministro ha quedado expuesta cuando los pa�ses han llegado a pelearse hasta por el suministro de mascarillas durante el Covid-19, o por el cierre del Mar Rojo por los hut�es (o ahora del Estrecho de Ormuz por Ir�n).Y, finalmente, por la pol�tica. Los 4.200 trabajadores de la f�brica son menos del 20% de los que �sta tuvo en su �poca gloriosa de los sesenta y setenta. Pero, aun as�, British Steel es el segundo mayor empleador de Scunthorpe, por detr�s de la Administraci�n local, que ha ido creciendo, precisamente, a medida que la siderurgia se iba achicando. Y los laboristas saben que no pueden perder este territorio, que es una especie de escaparate de la transformaci�n pol�tica del Reino Unido. Y, tambi�n, de Occidente.EL 'BOOM' ECON�MICOEs una regi�n industrial, que vivi� un boom hasta los a�os setenta gracias a la gigantesca siderurgia, que ocupa una extensi�n de unas 850 hect�reas, o sea, el equivalente de la mitad de la Casa de Campo de Madrid. Pero, desde entonces, Scunthorpe se ha convertido, a ojos de muchos brit�nicos, en sin�nimo de crisis econ�mica, abandono, drogadicci�n, marginalidad y colapso social.Es una visi�n posiblemente sesgada, porque los 81.000 habitantes de la ciudad son la cifra m�s alta que �sta nunca ha tenido. Pero es igualmente cierto que es imposible encontrar a ning�n vecino que diga que la econom�a local va bien. Las opiniones oscilan entre un prudente "regular" de Andy, de 54 a�os, que trabaja en el Ayuntamiento de administrativo hasta una sucesi�n de juramentos proferida en el acento del norte de Inglaterra.Pero, aunque el comercio y los servicios siguen creciendo, las calles de la ciudad est�n llenas de baches, y las fachadas de muchas de sus casas necesitan arreglos bastante considerables. Es imposible darse una vuelta por Scunthorpe sin pensar en Appalachia, la zona minera e industrial en colapso total de Estados Unidos en la que Donald Trump tiene algunos de sus bastiones m�s fuertes.En el Reino Unido, el equivalente de Donald Trump se llama Nigel Farage, del partido Reform UK, que, tras su triunfo en las elecciones locales de hace 10 d�as, parece encaminado a convertirse en primer ministro en 2029. En una zona tradicionalmente de izquierdas, todos parecen detestar al actual primer ministro, Keir Starmer. "El a�o pasado dej� de ser afiliado del Partido Laborista. No soporto la arrogancia de Starmer", explica Tom, de 45 a�os, que trabaja en British Steel, en el pub Blue Bell.FIN DE DOMINIO LABORISTAPara muchos, sin embargo, "arrogancia" es un eufemismo. En su opini�n, Starmer es la culminaci�n del proceso de separaci�n de la clase obrera en general y de los sindicatos en particular que comenz� en el Partido Laborista con Tony Blair. El alcalde del Gran M�nchester, Andy Burnham, un representante del ala izquierda del laborismo, es su favorito para suceder al primer ministro, cuyo liderazgo est� tocado tras el fracaso en estas elecciones y en las del a�o pasado. En cuanto al ex ministro de Sanidad Wes Streeting, que est� preparando su asalto al cargo de jefe del Gobierno, su principal problema es que, precisamente, ha sido parte del gabinete de Starmer.Pero el cambio empez� hace m�s de 40 a�os, en la d�cada de los ochenta, cuando Margaret Thatcher empez� a socavar el dominio laborista de la regi�n. Hoy, la alcaldesa de North Lincolnshire, que incluye a Scunthropre, es la conservadora Janet Lee, aunque en el Parlamento todav�a representa a la ciudad el laborista Nic Dakin.Pero no es descartable que las elecciones municipales de 2027 den la alcald�a al partido ultranacionalista Reform UK. Eso es parad�jico, porque fue el Brexit -impulsado por el l�der de Reform, Nigel Farage- una de las causas del colapso de British Steel, ya que la salida del Reino Unido de la Uni�n Europea cerr� al acero de Scunthorpe el acceso al Mercado �nico. En cuanto a los conservadores, est�n siendo borrados del mapa.INFLUENCIA EXTERIORAs� que la palabra que m�s se escucha cuando se plantea la decisi�n de Starmer de nacionalizar la f�brica es "alivio". Pero es un alivio temporal. La f�brica fue nacionalizada en 1951, privatizada en 1953, vuelta a nacionalizar en 1967 cuando el Estado cre� British Steel, que fue privatizada por Thatcher en 1988. En 1999, British Steel se fusion� con la holandesa Koninklijke Hoogovens, para crear el gigante Corus, que en 2007 fue comprado por la india Tata por m�s de 10.000 millones de euros de la �poca.Entonces lleg� la inundaci�n de acero procedente de china, y en 2007, Tata vend�a Scunthorpe y otras plantas al grupo de private equity Greybull por exactamente una libra. En 2020, con British Steel al borde de la quiebra, Jingye lo compraba por 70 millones de libras (80 millones de euros), aunque ahora pide mil millones al Estado por cederlo. La historia de British Steel es una larga decadencia contra la que ni izquierda ni derecha han podido -o querido- hacer m�s que lo justo.Y es una historia que afecta a generaciones. La abuela de Foster empez� a trabajar en la f�brica en la Segunda Guerra Mundial, cuando las mujeres fueron autorizadas a realizar trabajos antes considerados solo para hombres. Su padre tambi�n trabaj� en la sider�rgica. Pero su hija es empleada municipal. Anne y Bess no parecen ser el futuro.