Contó esta semana 'el gran Wyoming' en el nuevo programa de Aimar Bretos en LaSexta que hace no mucho le metieron un guantazo. Iba por la calle cuando tres tipos le increparon, se encaró y le soltaron un directo a la cara. “Fue por rojo”, sostiene el presentador, que ni denunció ni dijo nada a nadie. “Lo oculté. Dije que pasó mientras jugaba al baloncesto”, confesó.

Tengo claro que España vive su particular procés desde hace un tiempo. ¿Cuándo empezó todo esto? Yo diría que el día en que el presidente del Gobierno envió su 'carta a la ciudadanía' y dibujó una línea imaginaria que separaba a quienes vierten fango de quienes lo sufren, aunque puede que usted piense en otro momento y en otra circunstancia. Siempre hay un punto de partida y otro de no retorno, aunque generalmente las partes no suelen ponerse de acuerdo sobre cuál es cual.

Lo único cierto es que con la polarización siempre sucede una cosa: nadie reconoce su responsabilidad sobre ella. La culpa es de los otros. "Yo nunca he militado en ningún partido. España se ha fascistizado. Es ella la que se ha movido y yo me he quedado aquí", aseguró Wyoming en la citada entrevista y costaba quitarle la razón: lleva muchos años ahí, en la izquierda y en ese terreno de humor gubernamental que permite celebrar el 20 aniversario de tu programa con la asistencia de varios ministros, al igual que sucedió con Polònia (Toni Soler) y la plana mayor del independentismo. Cada uno se ríe en su programa de quien quiere.