Una de las promesas electorales de Pedro Sánchez durante la campaña electoral del año 2023 fue bajar el paro hasta alcanzar el pleno empleo. A falta de un año para terminar la legislatura, el Gobierno es consciente de que no podrá lograrlo. Según los cálculos del propio Ministerio de Economía, la tasa de desempleo de 2026 será del 9,9%, lo que supondrá una ralentización del ritmo de ajuste del desempleo en comparación con los años anteriores. Y eso que la previsión actualizada del Gobierno no tiene en cuenta el impacto de la guerra en Oriente Medio, ni la desaceleración del mercado laboral en el inicio del año. Las previsiones actualizadas de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) apuntan a un frenazo en el ritmo de caída de la tasa de desempleo. La institución prevé que el paro siga por encima del 10% hasta el año 2027 y al final de la década todavía estará por encima del 9,5%. Esto es, tras una década de intenso crecimiento económico y creación de empleo, España seguirá cerca de duplicar la tasa de paro de la Unión Europea, del 5,9% excluyendo a España. Esta previsión de la AIReF se justifica en tres factores que ya están afectando al mercado laboral español: el deterioro de la relación entre crecimiento económico y creación de empleo; la inmigración más intensa de lo esperado y la bolsa de parados que son inempleables. Todos estos factores unidos anticipan que la reducción del paro se va a estancar cerca del 10% y muy lejos del pleno empleo. Entre los años 2013 y 2019, la economía española consiguió mejorar su relación entre crecimiento económico y creación de empleo. En esos años, España conseguía aumentar la ocupación aunque el PIB apenas creciese. Desde el final de la pandemia, esta mejora ha desaparecido y la relación entre empleo y reducción del paro ha vuelto a los niveles históricos. “Se aprecia cierto desplazamiento vertical de dicha relación que volvería a aproximarse a la relación histórica”, señala la AIReF. Por ejemplo, en 2019, con un crecimiento económico similar al actual (del 2,3% anual), la tasa de paro se reducía en más de 2 puntos porcentuales al año. Ahora, por el contrario, la caída del desempleo se limita a 0,5 puntos. Si se confirma que España ha vuelto a la relación histórica entre crecimiento y empleo, la desaceleración del PIB conllevará también una ralentización del empleo, limitando así la caída del paro. La AIReF prevé que el empleo pase de crecer al 3% en 2025 al 2,3% este año y seguirá frenando hasta el 1,5% hacia el final de la década. Este cambio en la relación entre crecimiento y empleo no es una mala noticia, al contrario. Si el PIB crece más que el empleo, significa que está avanzando la productividad. Y la mejora de la productividad es clave para permitir que mejoren los salarios. Entre 2013 y 2019, el crecimiento del empleo se hizo a costa de una caída de la productividad y una intensa devaluación salarial. En los últimos años ha vuelto a crecer la productividad, pero ha sido un avance muy moderado, en línea con la tendencia histórica de España. Es cierto que la productividad por hora trabajada ha aumentado desde la pandemia, pero este avance se ha destinado básicamente a reducir el tiempo de trabajo. La suma de las reducciones de jornada (pactos de negociación colectiva) y absentismo ha provocado que el grueso de las mejoras de productividad por hora trabajada no haya llegado a producir mejoras de la productividad por ocupado. Y, en consecuencia, no han generado una mejora de los salarios. Paro estructural A pesar del boom del empleo que ha vivido España en los últimos años, todavía hay casi un millón de parados que llevan un año o más en desempleo. Esto muestra que existe un amplio grupo de la población con grandes dificultades para encontrar un puesto de trabajo. En paralelo, las empresas españolas están reportando la mayor escasez de mano de obra de la serie histórica. Por primera vez, más del 11% de las empresas están sufriendo este problema. Esto significa que la oferta de trabajo que existe en España no encaja con lo que demandan las empresas. Surge así este fenómeno aparentemente contradictorio del auge de las vacantes cuando el desempleo sigue siendo alto. Para esta bolsa de parados, la creación de empleo no es una esperanza. La AIReF también ha elevado su previsión de llegada de flujos migratorios hasta el final de la década. El motivo es que los datos de 2025 han vuelto a sorprender al alza, mostrando una propensión a la migración de la que esperaba inicialmente. En concreto, la AIReF preveía una llegada neta de 399.000 personas y la cifra final ascendió hasta 584.000 nuevos residentes. Como consecuencia, la AIReF prevé que la inmigración neta sea de unas 600.000 personas al año hasta 2028 y que se vaya moderando hasta las 400.000 personas hacia el final de la década. Esto elevará rápidamente la mano de obra disponible en España y contribuirá a frenar la caída de la tasa de paro. Todo ello dificultará el ajuste del desempleo. En los últimos trimestres ya se ha frenado la reducción de la tasa de paro. Sin embargo, la creación de empleo seguirá siendo el principal motor de la economía española hasta el final de la década, según las previsiones de la AIReF. La institución ha elevado al alza su previsión de PIB potencial para España de cara a lo que resta de década en torno a medio punto. “Esta mejora se explica principalmente por una mayor aportación del factor trabajo, más que por avances en la productividad”, señala la Autoridad Fiscal. La llegada de inmigrantes seguirá alimentando el mercado de trabajo y el crecimiento económico, pero esto alejará el objetivo del pleno empleo. Una de las promesas electorales de Pedro Sánchez durante la campaña electoral del año 2023 fue bajar el paro hasta alcanzar el pleno empleo. A falta de un año para terminar la legislatura, el Gobierno es consciente de que no podrá lograrlo. Según los cálculos del propio Ministerio de Economía, la tasa de desempleo de 2026 será del 9,9%, lo que supondrá una ralentización del ritmo de ajuste del desempleo en comparación con los años anteriores.