Al final Bulgaria, junto a Ruman�a el hijo pr�digo de la 70� edici�n del Festival de Eurovisi�n, nos ha salvado del mayor de los desastres, esto es, la victoria de Israel, aunque, igual que ya sucedi� el a�o pasado, al borde del precipicio nos hemos quedado. Bulgaria se hab�a convertido en los �ltimos d�as en lo que en el argot del concurso se llama el dark horse, el caballo negro, es decir, el tapado, el pa�s que a la chita callando va revel�ndose como una apuesta muy pero que muy fuerte y conquistando al p�blico, hasta hacerse con el triunfo. En este caso, adem�s, Bulgaria ha tenido el apoyo mayoritario tanto de los jurados como del televoto. Un micr�fono de cristal, por tanto, incuestionable y bien merecido para Dara, su representante, con la electrizante interpretaci�n de Bangaranga, el himno de este a�o para olvidar. Sobresaliente el trabajo de la BNT, la televisi�n p�blica b�lgara, que se hab�a retirado de Eurovisi�n en 2022 por problemas financieros, y que sin embargo llevaba a�os tom�ndose muy en serio su participaci�n en el concurso, con mucha hambre de ganar, y que ahora tendr� que organizar la edici�n de 2027 con el objetivo nada f�cil de reconciliar a la familia eurovisiva.De lo ocurrido este s�bado cabe tambi�n subrayar que si Pedro S�nchez confiaba en que a Israel se le acabe excluyendo del certamen, ya puede ir asumiendo que Europa quiere mucho m�s al Estado hebreo que desde luego a Espa�a, a la que poco nos han echado de menos en Viena. Noam Bettan ha estado a punto de llevarse el gato al agua con una gran interpretaci�n de Michelle, un tema sobre un amor t�xico del que tratas de escapar porque sabes que te est� da�ando cantado en ingl�s, franc�s y hebreo. Y si bien esta vez no ha arrasado como ocurri� en 2025 con el televoto, el hecho de que pr�cticamente todos los jurados de los 35 pa�ses participantes le hayan dado muchos puntos confirma que poco tiene que ver la percepci�n que tenemos en Espa�a sobre la imagen israel� con la realidad en el resto del continente. M�s que seguir hablando de boicots a Israel, nos tendremos que preguntar aqu� si queremos autoboicotearnos y quedarnos nosotros cada vez m�s aislados de nuestros supuestos hermanos y socios europeos.El buen trabajo suele recompensarse en Eurovisi�n, por m�s que los cu�ados se empe�en cada a�o en pontificar sobre el tongo de las votaciones -desgraciadamente, los activistas proisrael�es tienen suficientes recursos, tiempo y ganas para tratar de arruinarlo todo, pero esa es otra historia con un dram�tico trasfondo que bien conocemos-. Y es lo que ha pasado con Bulgaria. Tambi�n con Ruman�a, el otro pa�s que ha regresado este a�o y que ha dado otro enorme sorpres�n. Menos suerte han tenido al final Finlandia y Australia, que, aunque han quedado muy arriba en la tabla, se tendr�n que lamer las heridas tan partir como claros favoritos. Linda Lampenius y Pete Parkkonen, los finlandeses, han ofrecido sin duda quiz� el mejor pack del a�o, con una canci�n sobrecogedora y hermosa, Liekinheitin -Lanzallamas-, una gran interpretaci�n del vocalista y qu� decir del virtuosismo de ella como violinista, y una puesta en escena impresionante.Menci�n especial merece tambi�n la representante de Australia, Delta Goodrem, una de las grandes estrellas del pa�s oce�nico, que ha demostrado lo bien que sientan las tablas a cualquier representante que pisa un escenario tan exigente como el de Eurovisi�n. Qu� brutal la actuaci�n de Delta, impecable de voz, con una presencia hipn�tica y una magistral ejecuci�n de Eclipse, canci�n para piano con envolventes arreglos orquestales, que se ha engrandecido con una puesta en escena muy cinematogr�fica.Bulgaria, Finlandia, Francia y Australia han salvado una edici�n que, m�s all� de la atm�sfera de tristeza en la que est� envuelto hoy el Festival por todas las pol�micas que le rodean, ha estado coja de temas destacables y ha confirmado una preocupante tendencia de los �ltimos a�os en el desprecio generalizado por la melod�a en lo musical y por un exceso de performances que ocultan tantas veces que de lo que se trata es de vender bien las canciones y no al rev�s.Naci� Eurovisi�n en 1956 con el objetivo de hermanar a naciones en Europa que acababan de desangrarse en la mayor carnicer�a de la historia de la humanidad. Y ha sobrevivido a carros y carretas en estas siete d�cadas, aunque lo vivido este a�o ha sumido al Festival en su mayor crisis de identidad en tanto tiempo y no es f�cil aventurar si va a ser posible recomponer a corto plazo los trozos rotos del micr�fono de cristal. La 70� edici�n se ha solventado con la participaci�n finalmente de 35 pa�ses, aunque indudablemente ha pesado much�simo la retirada de cinco naciones, Eslovenia, Irlanda, Islandia, Pa�ses Bajos y Espa�a, todos como medida de rechazo a la presencia de Israel por las masacres que est� perpetrando en Gaza, una barbarie inhumana m�s all� de que sea t�cnicamente o no un genocidio lo que sufre su poblaci�n civil.Pero el boicot de TVE, desgraciadamente, no ha ocultado en ning�n momento la utilizaci�n que ha hecho el Gobierno del festival, hasta el punto de que Espa�a no ha dejado de participar en ning�n otro evento cultural, deportivo o de cualquier �ndole en el que tambi�n est� presente Israel. Ello representa una absoluta hipocres�a y es dif�cilmente defendible que a nuestro pa�s le baste para situarse en el lado correcto de la Historia, de lo que volv�a a presumir hablando de Eurovisi�n Pedro S�nchez este mismo viernes, intentar acabar con un certamen que se ha convertido en una de las m�s claras se�as de identidad de este Viejo Continente. "No estaremos en Viena, pero estaremos en el lado correcto de la Historia", afirm� con el presidente del Gobierno en un v�deo que comparti� en las redes sociales la v�spera de la gran final, felicit�ndose por la postura adoptada por RTVE como forma de protesta por la participaci�n israel�. Se piense lo que se piense al respecto, lo que no admite discusi�n es que es verdaderamente triste que una cadena de televisi�n p�blica, que ha de velar por la independencia y la pluralidad m�s exquisita, en todo este asunto haya actuado como mera correa de transmisi�n de los intereses de una Moncloa que ha visto en algo tan medi�tico como Eurovisi�n una herramienta de propaganda partidista.En fin, noche verdaderamente aciaga para cualquier eurofan espa�ol. Con todo, queda regusto del magn�fico espect�culo que ha brindado la ORF, la corporaci�n de radiotelevisi�n p�blica de Austria. La apertura de la gran final ha sido apote�sica y excelente tambi�n el trabajo de los presentadores Victoria Swarovski y Michael Ostrowski, que ya desde las dos semifinales demostraron una gran versatilidad dando a las tres galas eurovisivas de la edici�n toques sat�ricos verdaderamente divertidos. Sin embargo, se esperaba una celebraci�n que destacara mucho m�s los 70 a�os que ha cumplido el concurso musical m�s famoso del mundo, y en ese sentido se han echado en falta m�s figuras sobre el escenario que han hecho grande el Eurofestival estas siete d�cadas.El martes, abri� la edici�n la griega Vicky Leandros, m�tica cantante que represent� dos veces a Luxemburgo, y gan� en la segunda ocasi�n, en 1972, con el memorable tema Apr�s toi, interpretado en franc�s. Y ya en la gran final de este s�bado ha sido emocionante y muy chulo el interval act con eurovisivos tan conocidos como Alexander Rybak, Erika Vikman, Kristian Kostov, Lordi, Max Mutzke, Miriana Conte, Ruslana y Verka Serduchka. Pero todos ellos pertenecen a la hornada m�s reciente del Festival. Esta era la ocasi�n para haber contado con voces de d�cadas pasadas. Se han publicado nombres estos d�as como los de la turca Sertab Erener o el irland�s Johnny Logan -con tres triunfos eurovisivos en su palmar�s- que habr�an rechazado la invitaci�n de la UER, sum�ndose al boicot de tantos artistas que rechazaban que Israel participara como si nada en el concurso. Con todo, hubiera sido un sue�o cumplido haber escuchado de nuevo en el festival de nuestra vida a m�s abanderados que forman parte de nuestra memoria sentimental.TVE debe tomar buena nota de lo sucedido este s�bado y decidir si nos marchamos para siempre de Europa, porque desde luego a Israel, nos duela o no, no lo quieren dejar marchar, al rev�s.