Hubo un tiempo (no hace tanto) que fue hermoso y en el que el cine argentino competía por la Palma de Oro del Festival de Cannes con películas de Lucrecia Martel, Damián Szifron o Pablo Trapero. La crisis de la producción audiovisual en nuestro país y quizá también los cambios en los criterios de selección del equipo liderado por Thierry Frémaux hicieron que los films nacionales llegaran en los últimos años en cuentagotas al principal festival del mundo.
Uno de los que “sobrevivió” a esta progresiva evaporación es Lisandro Alonso, quien este sábado 16 estrenó en la Quincena de Cineastas, la principal sección paralela, “La libertad doble”, una suerte de secuela de su ópera prima estrenada –también en Cannes– hace exactamente un cuarto de siglo. “La libertad” (2001) fue una película clave del denominado Nuevo Cine Argentino y esta continuación, que mantiene no solo al protagonista (el hachero Misael Saavedra) sino también los principales rasgos estéticos y formales del film original, sintoniza a la perfección con el estado de las cosas en el cine y en el país.
“No quiero sonar arrogante, pero mi idea fue, a partir del personaje de Misael, pensar qué le pasó a la gente de nuestro país en los últimos 25 años”, dijo Alonso en el Q&A posterior a la función de estreno en un teatro Croisette que tenía las entradas agotadas para sus dos únicas proyecciones. Y, aunque las películas del director de “Los muertos”, “Liverpool”, “Jauja” y “Eureka” no suelen tener tramas demasiado clásicas, hay una propuesta ficcional en “La libertad doble” que expone la crisis económica, social y sanitaria.











