Este sábado, el centro de Londres se ha convertido en el reflejo de la profunda polarización social e inestabilidad política que atraviesa el Reino Unido. Más de 50.000 personas se congregaban en la capital británica convocadas por el ultraderechista Tommy Robinson mientras se celebraba, en paralelo, otra marcha multitudinaria para conmemorar el 78º aniversario de la Nakba, el éxodo del pueblo palestino producido en 1948. Para garantizar la seguridad, y en plena crisis de gobierno de Keir Starmer, se han desplegado en las calles 4.000 policías para evitar choques entre ambas convocatorias. El premier, foco de las críticas en ambas manifestaciones, se enfrenta ahora al desafío abierto de su hasta ayer ministro de Sanidad, Wes Streeting, quien ha oficializado su intención de disputarle el liderazgo del Partido Laborista. La ultraderecha clama contra la inmigración Bajo el lema "Unite the Kingdom" (Unir al Reino), decenas de miles de personas respondieron a la convocatoria del activista antimisulmán Tommy Robinson en una jornada considerada de máximo riesgo por Scotland Yard. El Gobierno británico había intentado contener la tensión prohibiendo la entrada al país el viernes a once activistas de la ultraderecha internacional (procedentes de España, EE. UU., Polonia y Países Bajos) por temor a que expandieran discursos de odio. Los asistentes, en su mayoría hombres llegados de toda Inglaterra y hasta de Escocia y Gales, corearon insultos directos contra Starmer ("es un idiota") y portaron pancartas con mensajes como "Deportad a los millones de invasores" o "Acabad con las pateras". Como publicaba El Confidencial, el salto de las convocatorias de Tommy Robinson —que han pasado de ser citas marginales, broncas y de nicho a movilizaciones masivas— responde a un profundo cambio de narrativa. El activista ha logrado trascender la mera agitación callejera de hooligans para capitalizar un sentimiento de agravio compartido que ahora atrae a familias enteras de todo el país. La clave de este éxito masivo radica en fusionar el descontento ciudadano (vivienda, inflación, inmigración) con el nacionalismo y la liturgia cristiana, aglutinando a miles de ciudadanos que ya no se sienten representados por las instituciones. Robinson, que acaba de regresar de giras por Israel y Estados Unidos tras su salida de prisión, pronunció un discurso con la mirada puesta en las urnas: "¿Estáis listos para la batalla? En 2029 tenemos elecciones y va a ser el momento más importante de nuestra generación". El activista instó a sus seguidores a afiliarse a formaciones de derecha para evitar "perder el país para siempre". Para evitar incidentes, Scotland Yard desplegó a 4.000 agentes con el objetivo de encapsular esta marcha y mantenerla completamente alejada del otro gran bloque de manifestantes. La izquierda pro-palestina también apunta a Starmer A escasos kilómetros, en una ruta designada por la policía desde Exhibition Road hasta Waterloo Place, decenas de miles de personas conmemoraron el Día de la Nakba, marcando el 78 aniversario de la expulsión de los palestinos tras la creación del Estado de Israel. En un ambiente pacífico y con la presencia de representantes de la izquierda, se ha exigido el cese del envío de armas a Israel y la liberación del Líbano y Gaza. Los manifestantes no solo cargaron contra figuras como Donald Trump o el líder derechista británico Nigel Farage, sino también contra el propio Keir Starmer, al que acusaron de "complicidad en el genocidio". Uno de los elementos más destacados de la jornada fue el considerable bloque de judíos antisionistas, que mostraron pancartas condenando las atrocidades en Irán, Líbano y Gaza. "Estoy en contra del Estado de Israel en su forma actual porque es un estado de apartheid", declaró Charlotte Cohen, miembro de la Coalición Internacional contra las Demoliciones de Viviendas, abogando por un único estado con igualdad de derechos para israelíes y palestinos. El único momento de fricción ocurrió ante la presencia de un grupo de provocadores con banderas israelíes, que fue rápidamente neutralizado por el cordón policial y el servicio de orden de la marcha. Doble protesta en el momento más delicado El rechazo al Gobierno en las calles coincide con una de las peores crisis internas del Partido Laborista. El exministro de Sanidad, Wes Streeting, ha confirmado en la cadena Sky News lo que parecía apuntar su dimisión hace 48 horas: se presentará como candidato para sustituir a Keir Starmer. "Necesitamos una contienda justa con los mejores candidatos, y voy a presentarme", ha sentenciado Streeting. Starmer se encuentra en su momento de mayor debilidad, arrinconado por la reciente y sonada debacle de su partido en las elecciones municipales y por el desgaste del escándalo que envuelve a Peter Mandelson, exembajador británico. Aunque el primer ministro se niega a abrir una carrera sucesoria, la presión es máxima tras conocerse que otra figura de peso, el alcalde del Gran Mánchester, Andy Burnham, ha recibido permiso para intentar regresar al Parlamento y entrar también en la disputa por el liderazgo. Streeting ha exigido a Starmer que establezca "un calendario adecuado" y libere a sus ministros para que apoyen a quien deseen. Streeting ha lanzado su principal promesa política: revertir el "error catastrófico" del Brexit y buscar la reincorporación a la Unión Europea. "En 2026, el pueblo británico percibe que, en un mundo peligroso, debemos unir fuerzas frente a las amenazas de la agresión rusa y la política de 'Estados Unidos primero'", concluyó, marcando el inicio de lo que promete ser una cruenta batalla por el poder en Downing Street. Este sábado, el centro de Londres se ha convertido en el reflejo de la profunda polarización social e inestabilidad política que atraviesa el Reino Unido. Más de 50.000 personas se congregaban en la capital británica convocadas por el ultraderechista Tommy Robinson mientras se celebraba, en paralelo, otra marcha multitudinaria para conmemorar el 78º aniversario de la Nakba, el éxodo del pueblo palestino producido en 1948. Para garantizar la seguridad, y en plena crisis de gobierno de Keir Starmer, se han desplegado en las calles 4.000 policías para evitar choques entre ambas convocatorias.
La ultraderecha británica exhibe unidad en Londres en plena crisis del gobierno de Starmer
La capital británica se ha blindado este sábado con 4.000 policías para evitar choques entre una manifestación de ultraderecha y una masiva marcha propalestina. Ambas han sumado 80.000 asistentes










