Escenario de vidaMuchas veces, la cortina se abre sin tener a los actores listos.

Hoy en día, la mujer cobra mucho más protagonismo, quizás porque las ideas machistas han quedado obsoletas o se perciben como desgastadas. Es por eso que la inminente sucesión en la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas no es un simple relevo administrativo; ocurre en un momento en que el mundo parece tensarse al límite, con conflictos abiertos y latentes que podrían escalar peligrosamente, como una eventual confrontación con Irán o el cierre del estratégico estrecho de Hormuz. En este contexto, el perfil del próximo líder —o lideresa— adquiere una dimensión histórica y urgente.

El actual secretario general, António Guterres, ha demostrado en múltiples oportunidades que el cargo no es decorativo, sino profundamente político, pero con tinte humano. Su papel ha sido el de un mediador persistente, capaz de abrir espacios de diálogo incluso cuando las posiciones parecen irreconciliables. Aunque la ONU carece de poder coercitivo sobre las grandes potencias, su capacidad de influir y sostener canales de comunicación ha sido clave para evitar escaladas mayores en conflictos como Ucrania u Oriente Medio. No impone la paz, pero la busca desde la diplomacia silenciosa y la legitimidad moral. Me pregunto si en nuestros tiempos sigue siendo algo válido cuando se ha venido demostrando que los líderes de potencias mundiales parecieran hacer lo que se les viene en gana y no escuchan realmente los sabios consejos de sus asesores. Muchas veces, la cortina se abre sin tener a los actores listos.