Junko Tadei en la llegada a la cima del Everest
El cronómetro marcó las 12:30. Era el 16 de mayo de 1975. Sobre la Arista Sudeste del Monte Everest, a 8.848 metros de altitud, una figura de apenas 1,50 metros clavó sus crampones en el último hielo y se convirtió en la primera mujer en alcanzar el techo del mundo. Exhausta y golpeada por la montaña, Junko Tabei contempló en silencio el Himalaya bajo sus pies mientras el viento de la cumbre derrumbaba cada una de las ideas arraigadas durante décadas: el alpinismo extremo había dejado de ser territorio exclusivo de los hombres.Doce días antes, una violenta avalancha había sepultado el Campamento II y dejado a Junko inconsciente bajo la nieve. Con fuertes contusiones en las piernas y la cadera, no pudo caminar durante dos días. Aun así, se negó a abandonar la expedición y continuó el ascenso. Iba impulsada por una determinación incontrolable, la misma que la acompañaba desde la infancia, cuando descubrió en las montañas una forma de libertad.PUBLICIDADLlegar allí no había sido fácil. Junko y sus compañeras del Club de Alpinismo para Mujeres de Japón tuvieron que enfrentar el rechazo de patrocinadores que consideraban a las mujeres demasiado “débiles” para una expedición de esa envergadura. Con recursos escasos y un equipo fabricado por ellas mismas, lograron abrir un camino que cambiaría para siempre la historia del alpinismo femenino.Junko en una de las laderas del Everest, camino a la cima






