El año pasado perdieron la vida 735 personas trabajando. Es decir, dos personas cada día sufrieron un accidente laboral mortal. Por no hablar de los numerosos casos que terminan en daños irreparables con secuelas para toda una vida. Son cifras que, pese a todos los avances en medidas de seguridad, siguen siendo terribles y no parecen tener una clara mejora. Desde hace unos años, tras dejar atrás las grandes cifras de paro, se ha entrado en una fase meseta, con unos números similares cada año y no se habla mucho de ello. Es algo que se asume que puede pasar, son estadísticas, son muertes aceptadas por el sistema, silenciadas. Personas que mueren en el anonimato haciendo, mayoritariamente, trabajos precarios. De repente, esta semana, a causa de las elecciones andaluzas, el término accidente laboral ha cobrado importancia. Pero no por una buena causa, sino para poner de relieve que no todas las muertes trabajando valen igual.PublicidadTodo viene a raíz de la muerte de dos guardias civiles mientras perseguían narcolanchas en Huelva. El Partido Popular, como siempre, ha querido sacar rédito de las víctimas y ha aprovechado un supuesto patinazo de la candidata del PSOE a la presidencia andaluza, quien habló de accidente laboral y no de muerte en acto de servicio. Realmente fue el candidato de Por Andalucía, Antonio Maíllo, quien lo dijo y la socialista recogió el guante, pero no es lo importante. La clave es la indignación de la derecha y de los guardias civiles por llamarlo accidente laboral, como si fuera un mero jornalero o un trabajador de la construcción que fallece. Como si no merecieran honores y titulares a página entera. La realidad es que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) no solo tienen el monopolio de la violencia y la ejercen a su antojo, sino que tienen el derecho a fallecer con mayor relevancia, indemnización y heroicidad que el resto de los ciudadanos mientras desarrollan su jornada laboral.Para tener una mayor calidad democrática y más igualitaria, se deberían quitar ciertos privilegios que tienen algunos servidores públicos. No solo les hacen unas oposiciones mucho más sencillas, sino que no tienen reparo en mejorar sus condiciones laborales siempre que lo piden. Mientras, esta semana hay huelgas educativas en el País Valencià y en Catalunya por el deterioro de un sector que parece que no merece honores ni un trato favorable pese a llevar a cabo una función tan importante. También la sanidad pública adolece. Porque cuando desde las derechas se habla de funcionariado y de lo bien que viven e intentan desmantelarlo, nunca es hacia las FCSE, quienes parece que trabajan en el sector privado o que se merecen todo lo bueno por su labor, supuestamente, fundamental.Imagino que si fallecen mientras ejecutan un desahucio también merecen honores. Mientras golpean a personas que protestan pacíficamente. Puede que también merezcan una retribución o un homenaje cuando se infiltran en movimientos sociales o en asambleas de profesores. O cuando hacen redadas racistas o ejercen su monopolio de la violencia de manera desmesurada sin demasiada oposición. Sí, también hacen muchas más labores, pero ¿si un policía muere atropellado en un control de tráfico merece mayor reconocimiento y apoyo público que un trabajador que cae de un tejado que estaba reparando? Según la Ley, sí. ¿Es justo? Déjame, al menos, dudarlo.Mientras se criminaliza a algunos trabajadores públicos a otros se les siguen hinchando a privilegios porque hay una derecha política y mediática que sigue utilizándolos a su antojo. Que dejen los militares de tener una justicia propia o que se derogue la Ley mordaza serían valiosos avances hacia una sociedad más igualitaria y justa. Pero también que la muerte de una temporera valga lo mismo que la de una policía nacional. Pero si desde el Supremo se limitan las inspecciones de trabajo, a quién le va a importar la muerte de un trabajador si nadie controla sus medidas de seguridad. Nadie pondrá una bandera en su ataúd, nadie trasladará su cuerpo al hombro, nadie defenderá su dignidad, nadie le pondrá nombre. No existe. En las 24 horas que durará este artículo en portada fallecerán dos trabajadoras más. Pero recordad que o tienen tricornio o solo son estadísticas. Nada que altere la jornada de reflexión.