A primera vista, el dólar a nivel global, en el marco de la guerra en Medio Oriente, se está comportando como lo ha hecho históricamente.

La inseguridad geopolítica provoca una reacción instintiva de “huida hacia la calidad” entre los inversionistas, y la moneda estadounidense se aprecia frente a otras.

En efecto, durante el conflicto, el dólar alcanzó una apreciación máxima del 2,2% frente al dólar canadiense, del 3,36% frente al euro y del 4,15% frente al franco suizo.

Sin embargo, si se analiza en profundidad, analistas consultados por LA NACION sostienen que el conflicto podría suponer un riesgo de fondo para la economía estadounidense y acelerar el proceso conocido como “desdolarización”, un movimiento global que supone el debilitamiento del dólar como moneda hegemónica mundial.

Tras el anuncio del “alto el fuego” (pese al que, sin embargo, el estrecho de Ormuz permaneció cerrado en su mayor parte), el repunte que había experimentado el dólar se desvaneció casi por completo.