Los cadáveres de dos mujeres que vivían juntas fueron encontrados por una familiar sin que los vecinos supiesen nada durante semanas
Ni siquiera el frío viento que entra por las ventanas del rellano ha conseguido, varios días después, reducir el olor a muerte que emana el tercero A de la calle Hernando de Acuña, número 42, de Valladolid. Detrás de esa puerta precintada por la Policía vivían dos mujeres —madre e hija, de 87 y 63 años― cuyos cadáveres se encontraron el martes por la noche tras semanas sin dar señales de vida, según adelantó El Norte de Castilla y ha confirmado EL PAÍS. Los primeros indicios apuntan a que la hija podría haber convivido con el cuerpo de la madre durante meses sin que nadie se percatara de la ausencia de la anciana. Los vecinos aún se asombran del suceso, avalado por la soledad y el proteccionismo de la hija, con mucho temor a enfermedades o contagios. Nadie sabía ni sospechaba nada hasta que vieron a la Policía.
El buzón del portal, vacío, revela que la madre se llamaba Milagros Ortega Garrido y que tenía tres hijas. No ha trascendido cuál residía con ella ni quién se encontró a principios de esta semana con los dos cuerpos, que no recogían signo alguno de violencia. Fuentes de la subdelegación del Gobierno en Valladolid explican que, a falta de la autopsia, no se sabe cuánto tiempo llevaba fallecida la anciana antes de la defunción de su hija, pero sí apuntan que “sustancialmente más”.






