Varios vecinos denuncian que el regidor intenta mantenerse en el cargo eliminando a los críticos a base de acusarlos de vivir fuera

“Déjalo estar, déjalo estar…”, se obtiene al preguntar a los parroquianos del bar del pequeño y recóndito Padrones de Bureba (Burgos) por qué el censo pasa de repente de 46 a 23 personas. No todos los clientes son del pueblo; nadie se pronuncia más allá de esa frase envuelta en un conflicto que divide al municipio, un pulso entre bandos. Uno lo lidera el alcalde, Miguel Ángel García (PP), y el otro el concejal de la oposición, Dariusz Tomasiak (Vía Burgalesa). El regidor sostiene que hay vecinos empadronados que no viven allí y que han sido eliminados del censo por tal motivo; su rival esgrime que García y sus adeptos denuncian ante el Instituto Nacional de Estadística (INE) a quienes no lo votan o lo critican. El resultado, tensión y reducción de empadronados que los agraviados consideran un ardid del alcalde para seguir gobernando y favoreciendo a los suyos.

Un paseo por Padrones revela la clásica estampa rural. Muchas casas cerradas y hundidas y otras en obras o bien avenidas por quienes quieren seguir allí. El rumor del riachuelo entre el silencio se quiebra al golpear con el aldabón las puertas tras las cuales se intuye vida. No siempre hay respuesta. José Antonio Pérez, de 58 años, se asoma junto a su padre y evita pronunciarse sobre el cisma: “No tengo ni idea”. “No todos viven aquí pero si tienen trabajo en Burgos, no van a venir aquí cada noche”, concede sobre quienes regresan los viernes o en verano o los mayores que se mudan a la ciudad en invierno ante la cruda campiña castellana.