Los abogados de la Comisión de Fiestas atienden en persona a los premiados que no se han registrado virtualmente en la plataforma del reparto de 26,5 millones
Maruja se impacienta. “¡Tardan mucho en salir!”, se queja sentada en una silla de plástico de las escuelas donde su generación estudió y que hoy, yermo de niños Villamanín (León, 800 habitantes), es un coworking. “Cagondiós, Maruja, que les están pagando con billetes de cinco”, bromean sus vecinos, de pie, pacientes en una cola de unas 40 personas que aguardan asistencia jurídica para solucionar flecos del famoso Gordo que cayó en el pueblo pero con un asterisco: había papeletas no compulsadas.
Desafortunados afortunados, se creen, desde que conocieron ese pellizco: tocarían unos 80.000 euros por participación pero han acordado una quita para que a todo el mundo le llegue el mismo dinero (26,5 millones repartidos entre todos). Se quedarán en 59.000 netos, bienvenidos en la montaña leonesa de futuro negro como el carbón que ya no extraen. “Te despertaste el día 22 [de diciembre, fecha de la Lotería] sin nada… y vale más pájaro en mano”, apunta una mujer, con otra paisana en su línea: “Nada teníamos, y si cobramos algo pues mejor”.






