La marcha convocada por la CGT en la antesala del día del trabajador –difícil que los dirigentes de la cúpula sindical se pierdan un feriado para concretar una actividad– le dio al gobierno un cierre de semana algo menos amargo del que esperaba. Las críticas que distintos sectores productivos comenzaron a alzar contra el modelo libertario, las dificultades del ministro Caputo para seguir bajando la inflación y la escasa o nula actividad económica, tuvieron su remanso el jueves en la alicaída movilización de la principal central obrera a la Plaza de Mayo. El llamado a “profundizar la lucha” contra el modelo tuvo mucha menos convocatoria que en años anteriores. La protesta, que pretendió ser enmarcada en el aniversario por la muerte del Papa Francisco, usó como lema una frase del Santo Padre: “El trabajo es con derechos o es esclavo”. Resultó mucho más auténtica y popular, la convocatoria del padre Guilherme Peixoto -más conocido como el cura DJ- que días atrás hizo explotar la Plaza en un verdadero homenaje al Papa argentino. El vacío de representación real del triunvirato que comanda la CGT es tal, que evitaron fijar fecha para una nueva medida de fuerza que, muy posiblemente, resultaría un fracaso. Es cierto que el sindicalismo no tiene como misión primera presentar alternativas a un modelo que, para muchos no funciona, pero no es un dato menor que no haya sido acompañado por figuras de peso político que sí podrían sustentar algún tipo de alternativa. La presencia de Pablo Moyano, que trató al presidente de HDP, bastó y sobró para espantar a unos cuantos. El staff más o menos estable estuvo representado por militantes de UPCN, la Uocra, Camioneros y Comercio. Algunos Camporistas y grupos del Movimiento Derecho al Futuro, de Axel Kicillof –que se detestan– también estuvieron en el lugar. Nada nuevo bajo el sol. Por el contrario, los principales intendentes peronistas del conurbano eligieron diferenciarse y no enviaron a sus militantes. La marcha fue capitalizada por el mileísmo como una muestra más de la fragmentación del peronismo y la ausencia de una oposición real capaz de disputarle la conducción del país de cara al 2027. Sin embargo, el gobierno debería dejar de regocijarse en la falta de competitividad que asola la vereda de enfrente y cuidarse más de los errores propios no forzados.
CGT débil y alivio oficial
La escasa convocatoria le sacó presión al Gobierno en una semana difícil, pero expuso la fragmentación.






