Fue por poco tiempo. Casi por horas. Pero no pudo ser. El board del “Gran Hermano” no pudo ocuparse en tiempo y forma del caso de su participante más importante; en consecuencia, lo que este necesitaba recibir quedará para más adelante. Quizá para la primera quincena de mayo. No falta tanto, pero el “Gran Hermano”, de alguna manera, le provocó a su cliente favorito un problema de cierre de caja. El caso argentino ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) iba a ser tratado por el directorio del organismo que maneja Kristalina Georgieva el pasado miércoles 30 de abril. Para ese día estaba programada la última reunión del máximo tribunal del gran prestamista y auditor mundial, donde se iba a tratar un problema extremo: la guerra en Medio Oriente. Esta vez se eligió la sinceridad. Se sabe que son dos mundos que no se agradan ni se respetan. Y, lo más importante, se asumió que a esta altura pertenecen a propuestas casi antagónicas. Algo curioso si se tiene en cuenta que de un lado se encuentra el presidente más libertario en términos económicos, más reductor del peso del Estado sobre la propiedad privada y más proempresas grandes de la historia argentina; y, del otro, los empresarios y CEOs más fuertes del país.