Sugestiva coincidencia: cuando se cerraba el féretro electoral de Manuel Adorni como candidato a jefe de Gobierno porteño para el año próximo, en las redes apareció un video de Patricia Bullrich –una suerte de panegírico visual– que la impulsa para cubrir esa vacancia futura. No es necesario ver bajo el agua el deseo ascendente que ella nunca reprimió, un escalón personal, ajeno inclusive a otras suertes políticas. “Los rumores vuelan, quieren divertirse”, es el epígrafe oral del testimonio, una enigmática propuesta, promoción personal montada por su equipo con obvia intencionalidad proselitista. Es que, le atribuyen, “no quiero jubilarme en el Senado”, ni como legisladora ni como vicepresidenta. Le queda la Municipalidad, si no hay otras alternativas superiores. Apoyada en apariencia por Karina Milei –al menos está incluida en las imágenes–, pertenece a un club fílmico que no registra, en cambio, a Santiago Caputo. Ni una fotografía: se lo olvidaron, el “mago del Kremlin”, una definición interna. Por si no alcanzara este despliegue egocéntrico, partidario, la dama ya venía tratando de evitar, en otro tablero, cualquier fobia presunta de Mauricio Macri en su contra, al que saludó en forma deferente en una última cena libertaria, mientras desde el púlpito sagrado, en el mismo lugar, su jefe Javier Milei lo destripaba al ingeniero por pasados errores de su administración. Lo importante para ella es conciliar al liberalismo en la Capital, llegar por Diagonal Norte o por Avenida de Mayo, aunque la sede de la Municipalidad se encuentre en Barracas. Ni más ni menos que cualquier político.