La franquicia de Nueva York vapulea a la de Filadelfia en las semifinales de conferencia (4-0) y se enfrentará a Detroit Pistons o Cleveland Cavaliers por un puesto en el duelo por el anillo

Hace justo un año, los New York Knicks festejaban por todo lo alto su pase a las finales de conferencia tras superar a los Boston Celtics. Unos días después, los Indiana Pacers les hundían en la miseria. Ahora, aprendida la lección del curso pasado, nos se dan tiempo ni espacio para celebrar mientras esperan la resolución de la

html" data-link-track-dtm="">eliminatoria entre los Detroit Pistons y los Cleveland Cavaliers, de donde saldrá su próximo rival. La franquicia de la Gran Manzana atropelló a los Philadelphia 76ers en las semifinales del Este con un contundente 114-144 a domicilio anoche para rematar la faena y poner el 4-0 definitivo en el casillero, liderados por los 22 puntos y seis asistencias de Jalen Brunson y los siete triples y 25 tantos de Miles McBride en un auténtico festín triplista: 18 aciertos al descanso, 25 en total en 44 intentos al cierre de la contienda.

“No hubo ninguna fiesta, no. Hay que seguir enfocados, estar atentos a cada pequeño detalle. Ahora nos pueden tocar dos equipos muy competitivos, y por eso hay que seguir centrados en nuestro objetivo”, comentó un Brunson precavido. A sus 29 años, el base ya ha experimentado en dos ocasiones lo que es quedarse a las puertas de unas Finales de la NBA, el año pasado con el mismo grupo en Nueva York y hace cuatro con Dallas, cuando todavía ejercía como número dos de Luka Doncic. “Todavía estamos escribiendo nuestra historia, queda mucho trabajo por hacer y no estamos necesariamente mejor preparados que el año pasado. Hay que centrarse aún más, honestamente”, avisó el líder de la franquicia, tres veces All Star desde que vuela libre en Nueva York.