Un mes después de anunciarse el alto el fuego, las conversaciones siguen estancadas en torno al programa nuclear iraní y el control de Ormuz. Teherán acusa a Trump de dejarse manejar por Israel
El alto el fuego en Oriente Próximo cumplió formalmente el pasado viernes su primer mes: cuatro semanas en las que la tregua —más que frágil— entre Estados Unidos e Irán ha estado a punto de saltar por los aires varias veces: Washington ha lanzado ataques puntuales contra embarcaciones iraníes en el estrecho de Ormuz (aunque no bombardeos en territorio continental iraní) y Teherán disparó sus drones contra un petrolero emiratí.
El alto el fuego es, por tanto, endeble, pero tampoco llega a romperse; quizá porque Trump no tiene cobertura legal para proseguir la guerra sin pedir antes permiso al Congreso estadounidense. Y, así las cosas, la situación se ha estancado en un limbo de negociaciones —indirectas, utilizando como mediador a Pakistán— sin ningún avance.
El domingo, el presidente estadounidense consideró “totalmente inaceptable” la última respuesta de las autoridades de Teherán a su propuesta de paz (de contenido aún desconocido); y este lunes la República Islámica se ha reafirmado en esa réplica, calificándola de “generosa” y “razonable” y acusando a Trump de dejarse llevar por los intereses belicistas de Israel en la región.





