Con la tregua tambaleante y el estrecho de Ormuz convertido en un angosto paso de mar a punto de ebullición, el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, ha viajado este miércoles a China, un aliado próximo, por primera vez desde el ataque de Estados Unidos. Teherán busca una “solución integral y permanente” a la guerra mediante “negociaciones pacíficas”, pero a la vez no dudará en defender “con firmeza la soberanía nacional y la dignidad del pueblo”, ha asegurado Araghchi durante el encuentro con su homólogo chino, Wang Yi.Su visita, fraguada por invitación expresa de Pekín, se produce apenas una semana antes de la esperada cumbre entre el presidente chino, Xi Jinping, y el de Estados Unidos, Donald Trump, también en la capital de la República Popular. El vínculo entre un escenario y otro es inevitable. El encuentro de alto nivel de los mandatarios de las dos mayores economías del mundo ya fue pospuesto por el magnate estadounidense el mes pasado, precisamente por la contienda en Oriente Próximo. La guerra será, con toda probabilidad, un asunto a tratar entre los líderes de las dos superpotencias, a medida que los efectos se despliegan por todo el globo en forma de crisis energética y las negociaciones, al menos de momento, siguen en punto muerto. El resultado de la cumbre Xi-Trump dependerá en buena medida de cómo lleguen a esa cita Pekín y Washington.“La situación regional se encuentra en un nodo crítico entre la guerra y la paz”, ha descrito el panorama en Oriente Próximo el jefe de la diplomacia china, según la lectura oficial facilitada por Pekín. Wang Yi ha pedido el cese urgente y total de las hostilidades y ha asegurado que es “inaceptable” reanudar el conflicto armado. “Mantener las negociaciones reviste una importancia capital”. También ha expresado la “preocupación compartida” de la comunidad internacional por restablecer el “tránsito normal y seguro” a través del estrecho, y ha afirmado que China espera que las partes implicadas respondan “cuanto antes” a ese llamamiento.Araghchi, por su parte, ha agradecido los “esfuerzos incansables” del Gobierno chino por evitar que la crisis se desborde, y ha mostrado confianza en alcanzar una solución al estrangulamiento del paso estratégico: “En el momento actual, la cuestión de la apertura del estrecho de Ormuz podría resolverse a la mayor brevedad posible”. Ni el canciller chino ni el iraní se han pronunciado de forma pública sobre la operación estadounidense de escolta de buques en el estrecho de Ormuz, suspendida el martes. El gigante asiático, principal socio comercial de Irán y destino habitual del 80% de sus exportaciones de crudo (para la República Popular representa un 13,5% de las importaciones por mar), ha reclamado desde el inicio del ataque de Estados Unidos e Israel el “cese inmediato” de las operaciones militares, y ha mostrado su “apoyo” y “amistad” hacia Teherán. El cierre de Ormuz afecta de pleno a la gran locomotora manufacturera: más allá de Irán, China es el principal socio comercial de los países del Golfo y primer comprador de su petróleo. Aunque, de momento, ha logrado evitar un impacto de gravedad gracias a compras anticipadas, el uso de reservas estratégicas y la apuesta por la electrificación.Desde febrero, China ha huido de una implicación directa en el conflicto. Ha lanzado propuestas de paz, y apoyado entre bambalinas las negociaciones diplomáticas lideradas por Pakistán. Sin embargo, varios medios occidentales han informado también de su apoyo indirecto a la maquinaria bélica de Irán mediante la venta de artículos de doble uso civil y militar, y el empleo de satélites chinos.La guerra que Trump pretendía ganar en unos días ha colocado a Pekín en cualquier caso en una posición que le permite erigirse en árbitro fundamental, y ganar puntos diplomáticos de cara al resto del planeta a unos pocos días de la visita del presidente estadounidense a Pekín. Mientras, entre los analistas de la capital china cunde la idea de que la Casa Blanca ha cometido un tremendo error estratégico con su incursión militar.Si Trump ya reconoció el papel clave, pero en la sombra, de China para forjar la tregua que aún sigue renqueante, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, pidió el lunes el apoyo de Pekín para presionar a Irán a reabrir el paso de Ormuz. “A ver si [China] da un paso al frente con algo de diplomacia”, dijo en una entrevista en la cadena Fox News. Scott M. Moore, analista de Brookings, considera que la cuestión energética será determinante en el encuentro de alto nivel de la semana que viene: “Xi estará ansioso por garantizar que estas perturbaciones se reduzcan al mínimo, sobre todo si el conflicto sigue en curso cuando dé comienzo la cumbre”, comentaba en un reciente artículo. En paralelo, la pugna soterrada entre los colosos continúa. China puso en práctica el sábado pasado una herramienta novedosa para enfrentarse a las sanciones estadounidenses vinculadas a la exportación de crudo iraní. El Ministerio de Comercio emitió una orden expresa para que cinco empresas chinas, penalizadas por Washington por su presunta implicación en transacciones petroleras con Irán, no reconozcan ni cumplan con estas amonestaciones. Las medidas, según el Gobierno chino, constituyen una aplicación extraterritorial indebida, contra la que cabe utilizar por primera vez un estatuto de bloqueo aprobado en 2021.