Belén Gil y Patricia Crespo |

Madrid (EFE).- Las malas relaciones entre ERC y Junts han alcanzado un umbral crítico esta semana en el Congreso, donde ambos partidos independentistas han evidenciado el clima hostil que arrastran en los últimos tiempos.

La intervención el martes del portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en el debate del decreto que prorrogaba los contratos de alquiler de viviendas encendió la mecha e hizo saltar más que chispas tanto dentro como fuera del hemiciclo, donde quedaron patentes las visiones antagónicas de unos y otros.

Los ánimos llegaban ya caldeados al pleno después de continuas alusiones públicas del republicano a los «intereses particulares» tras los que, según había señalado, estaba el no de los de Carles Puigdemont al decreto.

Este día Rufián llegó con la intención de ser muy duro con ellos en el debate y lo fue: sugirió que algunos diputados de Junts tienen «alguna empresa a su nombre con pisos de alquiler» y leyó el nombre de cada uno de sus siete parlamentarios.