Sémper es un tipo normal que está libre de cáncer. Quedémonos sólo con eso.

El espectador pudo detectar al menos a tres Borja Sémper durante su visita

-iva-nadie-comprobo-el-dato.html" data-link-track-dtm="">a El hormiguero. Estuvo el que contó su travesía por esa enfermedad llamada cáncer. “Me emociono un poquillo”, dijo tras asegurar que “en estos momentos”, y tras la última revisión, está libre de la enfermedad. Y si se hubiera emocionado un muchillo, habría sido aún mejor.

Contó con serenidad cómo fue la cosa, tras un chequeo al que se sometió animado por su mujer, la actriz Bárbara Goenaga. Fumaba, tosía un poco por las noches, y no se olvida de la cara demudada del médico diciéndole que el pulmón estaba limpio, pero que una mancha le ensuciaba el páncreas. Luego vino la aceptación, interiorizarlo, el miedo y la pena ante la posibilidad de morirse. A veces pensaba que el enfermo era cualquier otro, pero no él.

“La salud es el silencio del cuerpo”, dijo, aunque recordó que la frase la leyó por ahí, durante los meses de quimioterapia. Sémper es un tipo que cae bien, que ha leído muchos más libros que la media, construye frases literarias para hablar de casi cualquier cosa. Llevaba mal el paso del tiempo y ya no tanto. Quizá tampoco sabía, antes del diagnóstico, lo mucho que le quieren los suyos y también los otros.