La decisión de la cadena de supermercados ha despertado las críticas de muchos, que observan cómo un pescado envasado en bandeja, de repente, costará el doble, en precio por kilo, que el mismo pescado entero. Pero esto ha pasado toda la vida
Comprar buen pescado es una actividad del mismo tipo que ser alcanzado por un rayo. Así como uno nunca sabe que va a recibir una descarga eléctrica hasta que ya huele a chamusquina, encontrarse con una cesta de pescado bien comprado en brazos es algo que pasa por sorpresa, y que sobreviene al que se acerca a la pescadería con el ánimo del chiquillo que sale disparado en pijama, la mañana del seis de enero, a ver qué han dejado los Reyes Magos debajo del árbol.
¿Habrá para un guiso de patatas picantonas con pintarroja? ¿Habrá pescadilla para enharinar? Quizás pargos, o brótolas. O arañas, o ratas. ¿Qué secretos esconderá la caja de morralla? El comprador entusiasta de pescado nunca sabe si ese día será el de servir una bandeja de fritura de cintas brillantes y rosadas como tiaras de princesa o una cazuela de caballas escabechadas. De lo que sí está seguro es de que en su vida no habrá un día igual al anterior, ni cena que no se pueda solucionar en cinco minutos con un enharinado rápido y un baño en aceite hirviendo, con género a menos de diez euros el kilo.






