El runrún de hastío que ahora impulsa a la líder de Aliança Catalana puede jugar menos a su favor con un examen mal preparado en las municipales de 2027
Ingenuidad. Bonhomía. Error de cálculo. La respuesta de cuántas fuentes socialistas consultadas insiste en la teoría que los dos concejales del PSC en Ripoll, Enric Pérez y Anna Belén Avilés, tomaron en solitario la decisión de abstenerse en la votación de los presupuestos, votos que permitieron a Sílvia Orriols aprobar las cuentas y allanar el camino hasta 2027. No aparece una versión alternativa que cristalice tres semanas después, aunque el desconocimiento jerárquico también debería ser motivo de preocupación en el partido. La voluntad de evitar otro episodio de victimización de la alcaldesa de Aliança Catalana derivó en una crisis doméstica del PSC, torpemente gestionada, que deja un socavón en plena cuenta atrás hacia las elecciones municipales. En Ripoll, zona cero del combate democrático a la extrema derecha, el PSC no tiene un proyecto con categoría de alternativa pragmática a Orriols.
Ni cotizaba que la alcaldesa ultra se jactaría en el Parlament del desaguisado socialista en su ciudad, donde gobierna por incomparecencia rival -siete de los once concejales de la oposición han dejado el acta-, a pesar de no haber hilvanado ninguna solución a los problemas de sus conciudadanos. Orriols celebró en el hemiciclo el resbalón del partido de Salvador Illa, una manera de magnificar la ayuda involuntaria que le llega en el momento de más dudas de los últimos meses. No tiembla en Ripoll -feudo donde se encadenan patinazos de los adversarios-, pero sufre en el camino para cumplir las expectativas electorales en la trinchera local.






