Cristóbal Najarro ingresó en un pisquiátrico de Barcelona en 2008 por asegurar que era amigo de los jugadores del Barça, pero era verdad. El día de su muerte, después de ver ganar al Barça contra el Madrid, todo el equipo le rindió homenaje

El juicio al que había acudido, recuerdan algunos, no debió terminar bien. Se encaró con el juez. O el juez con él, quién sabe. Soy amigo de los jugadores del Barça, le soltó al magistrado. Pero nada. O más bien, peor. Su señoría decretó su ingreso involuntario en un psiquiátrico por un supuesto cuadro psicótico. “A Sant Boi”, proclamaron en la sala, refiriéndose a la legendaria institución para acoger, fundamentalmente, a la mitad de locos de Catalunya. Pero ni Cristóbal estaba loco, ni el juez se había enterado de nada. ...

El paciente no presentaba signos de ninguna patología particular, estaba tranquilo, decretó Paloma Fernández Corcuera, la psiquiatra que realizó la primera visita. Quizá algunas copas, mucha calle, pocos dientes y una voz rota en mil pedazos que sonaba como un autobús con la transmisión averiada en medio de la Gran Vía de les Corts Catalanes. Y una dignidad y serenidad alucinantes defendiendo la verdad de lo que había contado.