Un ex alto mando de la OTAN advierte de los efectos negativos de las críticas del Gobierno a Estados Unidos
“¿Qué hará España si Marruecos adquiere el arma atómica?”. Andrew Hill, investigador del Royal United Services Institute (Rusi), un think tank británico especializado en seguridad y defensa, deja en el aire esa pregunta al cierre de la jornada Europa ante las nuevas amenazas, organizada por la Fundación FAES, presidida por el expresidente José María Aznar, y patrocinada por el Ministerio de Asu...
ntos Exteriores. No queda tiempo para responderla. Hay un vino —español— esperando a la salida. La hora y media anterior es, a ratos, tan inquietante como esa pregunta aparentemente retórica, pronunciada el mismo día en el que se ha dado a conocer un correo interno del Pentágono sobre la posible suspensión de España como miembro de la OTAN.
El contexto es conocido. El viejo orden internacional está saltando por los aires, y en un giro del guion inesperado es Estados Unidos, el creador de ese viejo orden, quien lo está dinamitando. La relación transatlántica, Europa-Estados Unidos, vive sus horas más bajas en décadas. Rusia es la amenaza central, pero la falta de cohesión europea es estupefaciente: las preocupaciones por la amenaza de Putin son inversamente proporcionales a la distancia con la frontera rusa; cuanto más lejos, menos se percibe el riesgo. Estados Unidos sigue siendo el hegemón, pero la emergencia de China se hace cada vez más patente. La guerra está mutando: la digitalización, la IA y los drones están transformando las estrategias de seguridad y obligan a Europa a dar un paso adelante. ¿Qué papel juega España en ese tablero? En el Sur Global, el rol de Pedro Sánchez en Gaza y en Irán le ha granjeado apoyos. Su aproximación a China le ha granjeado algunas críticas, pero otros países europeos han hecho exactamente lo mismo. El papel de las potencias medias va en ascenso y la voz de España se escucha en los foros internacionales. Bruselas ha optado por el vasallaje feliz ante Trump frente a las críticas del presidente del Gobierno, pero en asuntos como Gaza la posición española ha ido transformando el consenso a pesar de Alemania y de Ursula von der Leyen. “España dispone de oportunidades para reforzar su papel estratégico, pero enfrenta dificultades derivadas del bajo consenso doméstico y de capacidades insuficientes”, resume Mira Milosevich, investigadora del Elcano.






