El expresidente niega una “operación política” y rechaza haber destruido pruebas de la caja B del PP, como dijo Bárcenas: “Es absolutamente falso”

Son las 10.11 de este jueves y Mariano Rajoy, expresidente del Gobierno y del PP, lanza una pregunta al aire nada más entrar en la sala del tribunal que enjuicia el caso Kitchen: “¿A dónde voy?”. Tras obtener la respuesta, enfila entonces el camino hasta el micrófono situado frente a los tres magistrados para convertirse así en el testigo número 44 de la vista oral sobre el espionaje al extesorero popular Luis Bárcenas. A partir de ese momento y durante 36 minutos, Rajoy no solo va a negar que conociera la caja b de su partido (probada por la justicia) y la operación urdida contra el antiguo contable de los conservadores. Sino que, lejos de lo que había hecho hasta ahora, va a respaldar sin ambages la actuación de su cúpula del Ministerio del Interior y de la Policía Nacional, que se sienta en el banquillo, con Jorge Fernández Díaz a la cabeza: “Estoy convencido de que esa operación policial se adecuó a la legalidad”, ha zanjado.

Precisamente, el tribunal que se sienta este jueves frente a Rajoy, presidido por la magistrada Teresa Palacios, se encargará de dilucidar ese extremo que el antiguo líder popular tiene ya tan claro. La Fiscalía Anticorrupción y el resto de acusaciones sostienen que Kitchen tenía por objetivo sustraerle a Bárcenas material sensible que aún podía guardar de altos cargos del PP (incluida una supuesta grabación del expresidente con el tesorero, donde hablaban de la caja b), para evitar que llegara a los investigadores del caso Gürtel, que cercaba al partido.