La asistente de Ábalos reconoce que expidió salvoconductos sin control para eludir las restricciones de movilidad en pandemia

Están pero no se las suele percibir. Abren la puerta, reciben y despiden sin mayor intervención, arrancando poco más que un “hola” y un “adiós”. Ya sea en la administración pública o en la empresa privada, son personas llamadas al anonimato, al servicio discreto. Sin embargo, en el caso Koldo las secretarias han ejercido de auténticos testigos del tráfico ―de individuos, contactos y paquetes― que generaban

arget="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/2026-04-05/la-trama-de-las-mascarillas-se-sienta-en-el-banquillo-abalos-ante-su-primer-juicio.html" data-link-track-dtm="">las presuntas corruptelas para captar contratos mediante mordidas.

“No soy funcionaria”, ha dicho Ana María Aranda. Ni falta que hace. Empezó en el grupo parlamentario del PSOE y acabó como secretaria personal de José Luis Ábalos en el Ministerio de Transportes. Custodiaba la ya famosa “zona noble” de la tercera planta, la destinada exclusivamente al ministro y a su gabinete. Ese asiento en primera fila le permitió ver a Víctor de Aldama las muchas veces que acudió al Ministerio. No sabía quién se lo autorizaba, si avisaba con antelación o para qué iba. El hecho es que el presunto conseguidor de la trama andaba por allí “como gato por su casa”, que diría la abogada del exasesor ministerial. Hubo muchas visitas oficiosas y al menos tres “oficiales”, ha recordado. Una con un gobernador mexicano y dos con el CEO de Globalia, Javier Hidalgo. Otro nombre que planea constantemente sobre la causa ―sin terminar de aterrizar― por el rescate a Air Europa. El propio Hidalgo ha reconocido este martes que era un asunto de la máxima importancia y que Aldama formó parte del amplio equipo que se dedicó en cuerpo y alma a que saliera adelante. No obstante, ha rebajado su papel. Era un enlace “institucional” y la información que les suministraba eran “verdades”, “medias verdades” o directamente fruto del “optimismo”. Además, ha sido tajante al afirmar que todo fue legal, sin soborno alguno. Si esos dos encuentros formales en Transportes tuvieron ese objeto, Aranda no lo sabe. Una secretaria llega hasta donde llega. Hasta la puerta del despacho.